Abril de otoño y nostalgia: IV aniversario del fallecimiento de María Jesús Gallardo

Uno de mis grandes deseos era llegar hasta San Genaro y poder presentarme ante ella, charlar, conversar y aprender de su estampa. De toda una vida marcada por el deber cumplido, la lealtad a la familia y a los orígenes, por el sacrificio por un legado 

Hace cuatro años que nos dejó doña María Jesús Gallardo. Yo no la llegué a conocer bien. Me hablaron mucho de ella. Venían noticias, llegaban personas, y narraban hechos, anécdotas, momentos. Instantes donde su huella era muy marcada. Con su sola presencia, sentada junto a la chimenea se notaba la presencia en toda la estancia. Aunque sólo estuviera en silencio, allá sentada. Y desde la cocina atisbabas entre la luz de los ventanales una figura con el pelo blanco.

Uno de mis grandes deseos era llegar hasta San Genaro y poder presentarme ante ella, charlar, conversar y aprender de su estampa. De toda una vida marcada por el deber cumplido, la lealtad a la familia y a los orígenes, por el sacrificio por un legado. 

En su último viaje a España, no pude coincidir con ella. No fue el momento, y hubiera sido un gran regalo. Y es que fue la representante, una de aquellas mujeres forjadas en otro tiempo, heredera de una saga que se remonta a la conquista del Perú y al Virreinato. Que supo hacer frente al desierto, que el desierto no te venza… porque, ¿quién derrotará al desierto?

Con ella se fue, no solo la mujer que alimentaba el fuego del hogar de una cocina cuyas ventanas no sólo miraban al río, sino también a un horizonte donde se juntan el cielo y la tierra. Ella era de las últimas, de esas últimas personas que eran custodias de una llave que abría la puerta a un mundo que termina. Se llevó la llave, se cerró la puerta y somos cada vez más incapaces de poder acceder aquel lugar donde se reserva y se conservaba una vida auténtica, sin imposturas, de sabores y aromas, donde se hacen las cosas despacio y las personas todavía canturreaban en sus tareas.

Que Nuestra Señora, la del Mayor Dolor, la acoja junto a su corazón y que a nosotros nos asista para poder llegar un día hasta allá, donde se junta final de la Pampa con las estrellas.

Covadonga Tapia

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