Es sabido que son breves y escasas las fuentes para construir una historia del carlismo en el Uruguay, pero nos parece de sustancial importancia escarbar los textos para encontrar al menos huellas para un esbozo del tradicionalismo oriental. Melchor Ferrer nos presenta, con la erudición de siempre, una breve crónica de la visita de Don Carlos VII a Montevideo, en el que se resaltan el encuentro con el Obispo Inocencio María Yeregui, y la sesión a la que fue invitado por don Hipólito Gallinal. Por otro lado, no puede sino conmovernos el amor y reverencia con la que fue recibido por los carlistas uruguayos y emigrados en nuestra Patria. Esperemos poder honrar en nuestras acciones a esos fieles carlistas que habitaron la Banda Oriental ¡Viva Don Carlos VII! ¡Viva Fray Domingo Ereño! ¡Viva Cristo Rey!
Luis Vidal.
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«Ya en el Atlántico, el «Sorata» hizo rumbo a Montevideo donde entró el 5 de agosto. El buque tuvo un severo examen sanitario por haberse declarado infectados varios puertos chilenos. Se hizo en la isla de los Flores. Así que fondeó el «Sorata», se acercó el vaporcito «Joven Elena», con españoles y católicos uruguayos. Pero al ponerse al lado del vapor, don Carlos ya había descendido al vaporcito «Nereida». En el muelle había un buen número de carlistas que le aguardaban. Desde el muelle se dirigió a la Catedral, que visitó después de cantarse una «Salve», y de allí fué al Hotel Oriental donde se alojó. El obispo de Montevideo, don Inocencio María Yeregui, fué a saludarle. Visitó después la iglesia de San Francisco, y por la noche asistió a una sesión en su honor en el Club Católico, para la cual había sido invitado por el presidente don Hipólito Gallinal.
El 6, debido al mal tiempo, permaneció en el Hotel, del que salió sólo para cumplimentar al obispo señor Yeregui. Recibió numerosas visitas de uruguayos y carlistas españoles, y entre éstos el famoso actor José Valero (213), quien ante la presencia de don Carlos se puso a llorar y no podía expresarse. Invitó al Rey para que asistiera por la noche a una representación en el teatro, a lo que asintió don Carlos, y admiróse el Duque de Madrid las facultades que permitían al gran actor representar como si estuviera en sus años mozos «La Carcajada», teniendo entonces 80 años. El mal tiempo contrarió la visita de don Carlos, que había aceptado una excursión a Mercedes para visitar la estancia de don Domingo Frías, y decidió partir para Buenos Aires. El día 9, o sea el de su partida, visitó el cuartel de Artillería acompañado de don José María Carrera, siendo recibido por la guardia formada y ejecutando la banda de música la Marcha Real. De allí fué al cuartel de Infantería, donde se alojaba el 3.º de Cazadores; luego a las Escuelas de Artes y Oficios, y Militar, y dió en el coche del millonario señor Buxareu, un paseo por los alrededores de Montevideo, Puente de las Duranas, camino de Artigas y Paseo del Molino. En Montevideo recibió la visita de don Francisco Azpiroz, que había sido capellán real en la campaña del Norte, quien le acompañó a Buenos Aires. Para embarcar en el vapor «Saturno» utilizó el vaporcito del señor Buxareu. En el momento de partir el «Saturno»,boinas y pañuelos se agitaron en el muelle en señal de cordial despedida».
Fuente: Melchor Ferrer, Historia del Tradicionalismo Español, Tomo XVIII, Volumen I, p. 122-123.
Imagen: Retrato de Carlos VII en el Circulo Tradicionalista de Uruguay, Archivo Montevilla, fondo Oller
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