En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos amigos, permitidme que me aparte de los textos de este IV domingo de Pascua, para hablaros sobre la necesidad de crecer en la devoción a la Santísima Virgen María, porque no es algo opcional, sino necesario. Así ha sido a lo largo de la Historia. Dios mismo ha considerado a la Virgen Santísima como medio para venir hasta nosotros y Dios la ha puesto ante nosotros para que podamos llegar al Cielo. En estos tiempos en los que Dios nos ha dado la existencia estamos viviendo acontecimientos espantosos, entre los que destaca también el enfriamiento de la devoción a la Santísima Virgen María. Precisamente una causa de estos tiempos espantosos es el debilitamiento de esa devoción; se apaga el fervor y se entra en tibieza. Todos sabemos que a los tibios los vomitará Dios. Un tibio es desagradable para Él porque, en realidad, es un indiferente: no es ni el amor, ni el odio, ni la devoción, ni la generosidad, ni el fervor. Se ha ido enfriando poco a poco. Por eso os hablo para animaros a aumentar en vosotros la devoción y el fervor por la Santísima Virgen María.
La Virgen María es nuestra Madre. ¿Sois hijos de la Pachamama? Yo por lo menos no lo soy… Hijos de la «madre tierra» no, de eso nada. La Santísima Virgen es nuestra Madre del Cielo y vemos con horror cómo hoy muchos cristianos introducen a ese ídolo asqueroso en el corazón de la Cristiandad para reemplazar a la Virgen, para reemplazar a aquella que es irremplazable, porque quieren reemplazar a la Mediadora de todas las gracias, a nuestra Corredentora, y para ello ponen en su lugar a la Pachamama. Es horrible. También pretenden reemplazar la presencia de nuestra Madre con una maternidad grotesca que se disfraza de arzobispo y se introduce en el seno de la Cristiandad para bendecirnos. ¿Qué gracia podemos recibir de alguien que se disfraza? Es una afrenta a la verdadera Corredentora, la cual estuvo unida con su Corazón Inmaculado al Sacrificio del Calvario; mientras que la «arzobispa» ni siquiera es sujeto apto para recibir el sacerdocio, pese a lo cual, se presenta disfrazada con las ropas de un sacerdote ¡Qué blasfemia y qué situación más lamentable!
En nuestras oraciones le decimos a la Virgen Santísima: «Monstra te esse Matrem» (demuestra que eres madre). Ella nos responde: «Demostradme que sois mis hijos»» En este tiempo de oscuridad, ejércitos de fantasmas pueden llenar nuestro corazón de terrores y de miedos. Cuando éramos pequeños, le pedíamos a nuestra madre, si teníamos miedo, que nos hiciera compañía y nos tranquilizaba. Pues ahora, frente a todos esos ejércitos de fantasmas que pueblan la noche de nuestra imaginación, recurramos a la Virgen María: se irán, porque nuestra Madre está con nosotros.
También es cierto que hoy los fantasmas lo son menos, pues son más realidades: los dragones están ahí. El dragón infernal abre su boca feroz y quiere aterrorizarnos. Pero ante él, y en esta noche de terror, pedimos el socorro de nuestra Madre que nos tranquiliza, porque solo ella ha pisado la cabeza de la serpiente con su pie virginal. En esta hora difícil, ella nos dice: «Acercaos a mí, como se acerca un niño a su madre». Es normal, porque para entrar al Cielo hay que ser niños pequeños; si no somos como niños pequeños, no entraremos en el Cielo. Y es en tanto que niños pequeños como tendremos acceso a su Corazón de Madre. Porque el Corazón de María es el Cielo de Dios, es el templo del Espíritu Santo, es el tabernáculo de Jesucristo; y estamos llamados a acercarnos a ella como niños, con gestos reales. ¡Cuántos entre vosotros tienen una biblioteca con libros hermosos y buenos, pero llenos de polvo a veces! El mes de mayo es el mes adecuado para leer el Tratado de la verdadera devoción de San Luis María Grignion de Montfort, Las glorias de María de San Alfonso María de Ligorio y otros más, en los que podemos encontrar razones innumerables para amar a María. Porque hay muchas más razones y sería inagotable acabarlas todas, porque «de Maria nunquam satis». La lectura nutrirá vuestra meditación y soplará esas brasas que tal vez pueden empezar a extinguirse en el fervor, para reavivar la llama de la caridad, de la esperanza, y harán que desaparezcan los fantasmas que pueblan vuestra vida. Todo ello con una buena lectura, sin perder tiempo ni con Facebook, ni TikTok, ni Instagram, ¿podréis leer un capítulo cada día?
En este momento tenéis también la suerte de tener las flores por todas partes. Al menos en el hemisferio norte, en vuestro jardín; y si no las hay en vuestro jardín, las hay en el del vecino. Y si el vecino no os las quiere dar, en el campo están: hermosas amapolas para honrar filialmente a Nuestra Señora en ese gesto que estamos empezando a perder cuando nos consideramos adultos serios: ofrecerle flores a María. Habrá algún momento del día en el que las familias podrán encender alguna vela ante su imagen y recitar juntos, incluso con los abuelos, algunos Avemarías ante la imagen de Nuestra Señora. Porque quien no tiene a María como Madre tendrá como madre a la Pachamama, tendrá como madre a una «arzobispa» simiesca imitadora de María. Recordad que la mona de Dios es el diablo. Están tratando de reemplazar a esa criatura sublime, la Virgen María, que nos ama con corazón de madre, pero que tiene el poder de un ejército dispuesto en orden de batalla. Así que, si estamos en guerra contra el mal, contra el mundo, contra la apostasía, sería muy idiota por parte nuestra no tener devoción a la Virgen María. Pero se dice que el número de idiotas es infinito; Dios nos libre de ser parte de ese número. Ella es con su oración realmente poderosa, es tan poderosa como un ejército, y es a ella a quien Dios va a dar la victoria. En este mes hay fiestas que le están dedicadas: tenemos el 13 de mayo, Nuestra Señora de Fátima; el 24 de mayo, María Auxiliadora; y para concluir el mes, el 31 de mayo, con María Reina. Y además de ellas, en mayo también celebraremos la fiesta de Pentecostés. Ella es la que nos podrá preparar para Pentecostés, porque estaba con los discípulos y los apóstoles en el Cenáculo. Ella, la llena de gracia, fecunda por la acción del Espíritu Santo y Mediadora para toda la Iglesia de todas las gracias. Entonces lo era ya, y hoy todavía, en el Cenáculo de su corazón, estáis invitados a prepararos para recibir esa gracia de la que tanta necesidad tenemos: las gracias del Espíritu, la fortaleza para perseverar en este tiempo de persecución: la encontraremos en el amor de María, en la devoción a la Santísima Virgen.
¡Cuánto la ha amado Dios: la hizo su hija, la hizo su madre y la hizo su esposa! Y se la confió a San Juan, y San Juan se la llevó a su casa. Estáis invitados a llevarla a vuestra casa para que en ella reine el espíritu de Nazaret; para que la armonía, la serenidad, la caridad, la paciencia en las tribulaciones que no falten en nuestros hogares. La presencia de María está ahí para permitirnos no sucumbir y sobrellevar esas olas feroces que, una detrás de otra, tratan de hacer hundir vuestro hogar en el miedo y el desánimo.
Queridos amigos, en este mes de mayo os animo con todo mi corazón a que reavivéis vuestra devoción por la Santísima Virgen María. La historia de los milagros dice a los franceses —aunque podríamos discutirlo, yo también tengo mis argumentos por España e Hispanoamérica, pero no voy a entrar en ese debate en este momento— cuánto ama María a Francia. Y es verdad que la ama mucho; no sé si más que a los españoles, eso no lo sé, pero la Virgen ama mucho a Francia. ¡Cuántas apariciones! ¡Qué grande ha sido su presencia en Francia! Quisiera, queridos amigos, que se pudiera decir cuánto los franceses aman a María, pues eso los salvaría. Por vuestro amor y por vuestra devoción a María, se salvará a Francia; si no, estamos perdidos.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Rvdo. P. D. José Ramón García Gallardo.
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