El régimen se prepara

Aunque resulte duro pensarlo, no debe descartarse la hipótesis de una eventual preparación para la bancarrota del Estado del Bienestar en un contexto, más o menos forzado, de catástrofe

Acabamos de saber que el gobierno alemán ha aprobado una reducción drástica de las partidas presupuestarias destinadas al pago de pensiones, a fin y efecto de contribuir a la financiación del incremento del gasto militar previsto para los próximos años. El país de Lutero tiene previsto alcanzar la cifra de 460.000 soldados en 2035[1], y recientemente ha aprobado una ley que obliga a los alemanes con edades comprendidas entre los 17 y los 45 años a solicitar permiso al ejército para abandonar el país durante un periodo superior a los tres meses[2].

En este contexto informativo se aprecian dos elementos fundamentales, que podrían formar parte de una macabra estrategia.  Por un lado, el absurdo y recalcitrante empeño en el rearme de Europa, frente a una amenaza extranjera irrefrenable por medios pacíficos, cuya realidad no vamos a juzgar, pero que parece, cuando menos, cuestionable; por otro, los crecientes síntomas de agotamiento del sistema de prestaciones sociales, acuciado por el envejecimiento galopante de la población, y el desplome de las bases de cotización de los trabajadores actuales, que en cambio, deben soportar el coste de unas prestaciones por jubilación generadas con unas bases medias bastante superiores.

Todo el mundo intuye, aunque no se diga, que el llamado «Estado del Bienestar» es insostenible financieramente: las cifras no engañan, y las previsiones no son prometedoras, porque constituyen la natural consecuencia de un sistema descoyuntado y desquiciado por el declive demográfico y por la propia agonía del sistema capitalista tal como lo conocemos hoy. El «Estado del Bienestar» se diseñó en y para un contexto económico cuyas hipótesis de partida eran, por un lado, el crecimiento infinito, y por otro lado, todo un océano de posibilidades de endeudamiento abiertas con el advenimiento del dinero fiduciario.

Todos saben, también, que una guerra equivale a una bancarrota sistémica. Las deudas (al menos, las anteriores) se cancelan por insolvencia. Pero no solo eso. El Estado, además, está legitimado materialmente para declarar la absoluta bancarrota del sistema de prestaciones, gasto e inversión. Es el contexto perfecto (si se me permite la frivolidad de la expresión) para anunciar a la población que, a partir de entonces, dicho en román paladino, «cada palo debe aguantar su vela». Momento a partir del cual se abre un periodo de neo-colonialismo como el que practicaron los Estados Unidos con Europa tras las Segunda Guerra Mundial. Se crean nuevas dependencias, nuevas servidumbres y nuevas ideologías aterrizan sobre el erial posbélico.

Aunque resulte duro pensarlo, no debe descartarse la hipótesis de una eventual preparación para la bancarrota del Estado del Bienestar en un contexto, más o menos forzado, de catástrofe. Porque el hundimiento financiero del sistema acabará llegando igualmente, luego es más rentable, maquiavélicamente hablando, si se instaura un contexto que pueda dotar al desastre de una justificación externa. Sobre todo, porque se sofoca la potencial revuelta en masa de una población a la que se habrá convencido de que los culpables de su desgracia viven allende sus fronteras, y que estará demasiado extenuada y centrada en la supervivencia como para acometer empresas más elevadas.

Porque la realidad es tozuda: los jóvenes se verán privados de cualquier propiedad, empezando por la de la vivienda; además, en elevada medida quedarán excluidos del mercado laboral por la irrupción masiva de la inteligencia artificial y el general decaimiento estructural de la vitalidad macroeconómica. Que se agravará por la extenuación de la capacidad de las finanzas públicas para generar producción en el sistema. Lo que vamos a ver en un espacio de tiempo no muy largo, no se ha repetido demasiadas veces en la historia: es un auténtico cambio de sistema y paradigma económico en nuestro entorno. Y ya se sabe que ciertos cambios profundos resultan traumáticos, y a menudo vienen precedidos o acompañados por circunstancias exógenas no menos terribles. Como ocurre en toda situación de adversidad presente o prevista, el católico tiene en su mano la oración y la confianza en la Providencia. Es difícil prever cómo será, pero los tiempos venideros en el llamado «Occidente» se antojan altamente inquietantes.

Javier de MiguelCírculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta

[1] https://www.libertaddigital.com/defensa/2026-04-23/alemania-presenta-su-plan-para-convertirse-en-la-mayor-potencia-militar-convencional-de-europa-1b-7393321/

[2] https://elpais.com/internacional/2026-04-06/la-nueva-ley-de-la-mili-en-alemania-obliga-a-los-hombres-de-entre-17-y-45-anos-a-pedir-permiso-para-salir-del-pais-mas-de-tres-meses.html

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