Noticia necrológica en memoria de Pablo Morales, aparecida en primera plana del ejemplar de 29 de octubre de 1895 de «El Correo Español». El subrayado es del propio texto.
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D. Pablo Morales
Ayer noche recibimos la infausta noticia de la pérdida de este veterano y lealísimo compañero. El ánimo, apenado por el dolor, resistíase a creer en la desaparición del amigo querido que pocos días antes había departido con nosotros y siempre con el mismo entusiasmo por esta causa santa a que había consagrado su vida entera.
En la mañana de ayer encontraron a D. Pablo Morales en la habitación del hotel de Oriente, donde residía, reclinado en una silla y caída la cabeza sobre el lecho. Estaba muerto. Esa muerte repentina y terrible que él presagiaba muchas veces y para la cual estaba preparado. Ese rayo de la Providencia que nos avisa de lo efímero y miserable de las cosas de este mundo…
Pablo Morales, hijo de un antiguo coronel, ayudante de campo del general conde de España, nació en Épila (Zaragoza) el año 1830, siendo padrino suyo el citado general. Muy joven todavía, estudió en la Universidad de Zaragoza la carrera de Derecho, licenciándose el año 1854 y dándose desde luego a conocer por sus ideas carlistas en las numerosas conferencias literarias que dio y en cuantos discursos académicos tuvo ocasión de pronunciar.
Abogado ya distinguido por su inteligencia, su instrucción y el gran conocimiento que, aunque joven, tenía de las cosas y de las personas, fue elegido en 1857 secretario de aquel célebre Consejo de Regencia que, presidido por el marqués de Serdañola y compuesto del P. Maldonado, de los marqueses de Villadarias y de Vallehermoso, de los condes de Fuentes, de la Patilla y de Orgaz, del vizconde de las Torres y otros varios señores, organizó aquella vasta conspiración que costó la vida al tan heroico cuanto infortunado general Ortega.
Hablando de los sucesos de San Carlos de la Rápita, dice el escritor liberal señor Pirala en su Historia contemporánea: «Morales era ya un elemento de valor para la conspiración. Su juventud, su talento y su decisión le daban la debida importancia; para Ortega era una gran adquisición. Era el general hombre resuelto, de acción, de un valor temerario y de una audacia sin límites, pero no pensador; en él todo era corazón, necesitaba una cabeza, y ésta la halló en Morales». En efecto, podría decirse que este señor fue el alma de aquella conspiración y de aquellas notables conferencias con altos personajes liberales; y tanto y tan acertadamente trabajó el señor Morales, que D. Carlos VI le dio amplias facultades para que organizase Juntas allí donde lo creyera conveniente, constituyéndolas con quienes juzgase más aptos para ello, autorizándole asimismo para disolver todas aquellas que conceptuase innecesarias o inútiles para el Real servicio.
La narración de lo que el Sr. Morales trabajó en la preparación del alzamiento sería la de cuanto de importancia podríamos decir de la larga conspiración a que nos referimos y del movimiento militar a que dio lugar; así que nos concretaremos a recordar que, no habiendo un plan definitivamente aceptado, encargóse de él Morales, así como del programa político, redactando al efecto el Manifiesto que había de dar el Conde de Montemolín, a quien se lo presentó en Mayence [Maguncia] y quien lo aceptó y firmó sin objeción alguna.
Habiéndose designado como punto de desembarque del general Ortega el puerto de Valencia, a él se trasladó el Sr. Morales para preparar el alzamiento de dicha capital, colocando en las obras del ferrocarril y otras a unos 400 carlistas valientes y decididos, a quienes proveyó de armas que sacó del Parque, en donde hizo se empezaran a recomponer las inutilizadas. Fracasado el movimiento de San Carlos de la Rápita, fue preso el Sr. Morales y conducido a Tortosa, en donde se le sometió a un Consejo de guerra, que le condenó a muerte, salvándose gracias a la amnistía que para todos los complicados en aquellos sucesos se dio poco después de fusilado el general D. Jaime Ortega.
Apenas puesto en libertad el Sr. Morales, fue a unirse al Conde de Montemolín, a quien acompañó a Inglaterra, oponiéndose desde el primer momento a los planes de D. Juan de Borbón y a toda transacción con el enemigo. De Inglaterra pasó a París, comisionado para allegar recursos con que organizar una expedición a Nápoles contra Víctor Manuel, la que, no habiéndose podido llevar a efecto, y habiendo muerto entre tanto D. Carlos VI y Don Fernando, volvió Morales a Madrid.
En 1866, y a instancias del marqués de Serdañola, del conde de Fuentes, del hoy general Cavero y de otros caracterizados carlistas, quienes juzgaron conveniente que el Sr. Morales explanara en el Congreso nuestras doctrinas, presentó, apoyado por dichos señores, su candidatura a diputado a Cortes por Zaragoza, perdiendo la elección sólo por 14 votos, y siendo de notar que todos los catedráticos de la Universidad de Zaragoza votaron a su antiguo discípulo D. Pablo Morales.
En 1867 el ilustre político D. Luis Gonzáles Brabo, quien ante la revolución que avanzaba a pasos agigantados quería tener al frente de las provincias hombres de inteligencia y energía tales como las que caracterizaban al Sr. Morales, le ofreció el Gobierno civil de Barcelona, y rehusado, le dio a elegir el que quisiera, no aceptando ninguno el Sr. Morales, porque sus ideas carlistas le impedían servir a ningún Gobierno que no fuese representante de la legitimidad.
Cuando la revolución destronó al fin a Isabel II, el Sr. Morales salió en seguida para el Extranjero, presentándose en París el 9 de Noviembre de 1868 a D. Carlos de Borbón, siendo destinado inmediatamente al Consejo de S. M., en el que figuraban los generales Elío y Tristany, los condes de Isaura y de Fuentes, los Sres. Aparisi y Guijarro, Villoslada y Tejado, y los marqueses de Valde-Espina y de Tamarit.
El Sr. D. Pablo Morales era uno de los hombres que con mayor inteligencia y actividad sirvieron a la Causa en aquellos años de incesantes trabajos que precedieron a la última guerra civil. Él fue quien se entendió con los jefes del partido moderado D. Luis González Brabo y D. Juan Ignacio Bérriz (hermano del general carlista D. Elicio Bérriz), y quien los presentó primero al general Elío y después a Don Carlos de Borbón. Entre los muchos e importantes servicios que en aquella época prestó el Sr. Morales, citaremos sus viajes a Madrid y a la frontera para conferenciar con ciertos generales; su viaje a Portugal para ponerse de acuerdo con los legitimistas de dicho reino; sus numerosas entrevistas con Cabrera, procurando traerle a buen terreno; las comisiones que desempeñó cerca de Mr. Pietri, secretario de Napoleón III, y sobre todo las entrevistas que tuvo con dicho señor en Saint-Cloud poco antes de declararse la guerra franco-prusiana.
La Junta Central Católico-Monárquica presentó al Sr. Morales como candidato a la diputación a Cortes por Orihuela, en donde tuvieron que suspenderse las elecciones por causa de los muertos y heridos que ocasionaron.
En el año 1870 encargó D. Carlos de Borbón a los Sres. Aparisi y Guijarro, Morales, Comín, La Hoz y Vildósola que cada uno escribiese una Memoria relativa a la más acertada organización política y administrativa de España, a fin de que este estudio sirviera en su día de base a los trabajos que hubieran de efectuarse en dicho sentido; escritas dichas Memorias y discutidas delante de D. Carlos por los señores Aparisi y Guijarro, La Hoz y Morales, tuvo este señor la honra de que fuese aprobada la suya, anotada por D. Luis González Brabo.
El Sr. Morales, a quien D. Carlos de Borbón nombró también vocal de la Junta clasificadora de jefes y oficiales, asistió a la célebre Junta de Vevey, y tanto y con tanta actividad trabajaba, que después de ser internado varias veces, fue el primer carlista a quien se expulsó de Francia a petición de Prim, quien, cuando la conspiración de San Carlos de la Rápita, tuvo sobrada ocasión de conocer bastante al señor Morales, de quien decía el ministro del Interior al duque de Choisgent [sic] en carta que tenemos a la vista: «No se le puede permitir que esté en Francia, porque es el carlista más travieso y peligroso».
Llamado por D. Carlos, se presentó Morales en Septiembre de 1873 a dicho augusto Señor, a quien acompañó en el Norte, siendo de los que más contribuyeron a la fundación de El Cuartel Real, dirigido en un principio por su hermano D. Salvador Morales. También D. Pablo Morales contribuyó poderosamente a la organización del Cuerpo administrativo del Ejército, a la de los servicios telegráficos, de correos y de ferrocarriles; a la de los tribunales de justicia y de los establecimientos de enseñanza, y a la adquisición de armas.
En el Consejo de generales que, presidido por D. Carlos de Borbón, se celebró en Valmaseda, expuso el Sr. Morales un plan de operaciones que, apoyado por el duque de la Roca y Dorregaray, dio origen a la organización de la división expedicionaria de Castilla. Al crearse en Abril de 1874 los tres ministerios de la Guerra, de Estado y de Justicia, Gobierno político y Hacienda, quedó el Sr. Morales al lado de D. Carlos con el cargo de asesor general de S. M., hasta que en Junio del mismo año salió para el Extranjero, comisionado para entenderse con los legitimistas de varias naciones, a fin de allegar recursos, armas y municiones. En Enero de 1875 volvió al Norte, de donde partió otra vez con importantes comisiones que le hicieron recorrer Inglaterra, Francia e Italia, en donde estaba el Sr. Morales cuando concluyó la guerra, yendo inmediatamente a París a conferenciar con D. Carlos de Borbón, y volviendo al fin a España, pero sin reconocer a Alfonso XII.
El Sr. D. Pablo Morales, que después de la guerra se ha conducido con la misma lealtad que acreditó siempre, antes y durante ella, ha pasado algunas temporadas al lado de D. Carlos de Borbón, de quien ha recibido inequívocas muestras de lo mucho que apreciaba los valiosos servicios de este hombre que, sin la más ligera solución de continuidad, ha militado toda su vida en nuestras filas; que ya en 1869 manifestó la poca confianza que le inspiraban muchos hombres, que concluyeron por pasarse al enemigo o transigir con él más o menos abiertamente, y que, finalmente, nunca ha promovido ni alentado, sino, por el contrario, combatido todo espíritu de fraccionamiento o disidencia, pues tuvo siempre por norma de su conducta la estricta observancia de la más rigurosa disciplina.
Buena prueba de ello son los servicios que ha continuado prestando a la Causa como presidente de la Junta provincial de Madrid. El señor marqués de Cerralbo tenía para la obra de la organización madrileña un colaborador entusiasta. Su anhelo más ferviente era el de sacar victorioso por Madrid un diputado. Después sus planes iban mucho más allá, y al cabo de ellos veía en lontananza el éxito deseado de toda la vida, tras del cual sólo esperaba morir con la conciencia tranquila.
– Llevo ya –nos decía– una larga vida de sacrificios; he renunciado a los puestos brillantes que con la política liberal habría alcanzado; mas en compensación he hecho la carrera de tener la conciencia tranquila. Y creo que es la mejor…
En estas circunstancias ha sorprendido a D. Pablo Morales la muerte, y es de creer que haya sido a los ojos de Dios acepta después de tanta abnegación y lealtad a la bandera de Dios y del Derecho.
¡Que el Señor le haya acogido en su seno, y acoja también propicio las oraciones que por el alma de D. Pablo Morales elevamos nosotros, y con nosotros todos los carlistas!
R. I. P.
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