Cruceñismo femenino: cuando el feminismo se disfraza de no feminismo (I)

Parece ser que, quien no es feminista, progresista, indigenista o socialista en Bolivia, no merece ser tomado en cuenta

Ing. Paola Toledo. Foto: La Voz Universal TV

En Bolivia, es muy difícil criticar públicamente ideas lanzadas por personas particulares y sostenidas por instituciones enteras. Con una población aproximada de apenas 12 millones de habitantes, parece que este sigue siendo un pueblo chico e infierno grande. En este país, rápidamente se asocia con hostilidad inaceptable la obra de caridad de corregir al que yerra y, en consecuencia, se procede a estigmatizar al corregidor y reforzar la grandeza del corregido. Esto deja impunes muchas heterodoxias que, bien señaladas y refutadas, harían menos daño al prójimo. En una sociedad así, la ortodoxia se vuelve herejía; la heterodoxia, dogma de fe.

Parece ser que, quien no es feminista, progresista, indigenista o socialista en Bolivia, no merece ser tomado en cuenta. Y quien dice oponerse a esas ideologías, en realidad las acepta a medias, ya que tiene, incluso sin saberlo, mentalidad liberal, historicista y revolucionaria: asume que los tiempos cambian y las ideas también, acepta la separación Iglesia-Estado, idolatra la voluntad popular como fundamento del poder («libertad y democracia») y se entusiasma con la religión civil («lo cívico»). Sin embargo, hace falta señalar al lobo ante las ovejas, lobo que no es el personaje del que hablaremos ni la institución a la que representa; ellos podrían obrar de buena fe. La temible bestia es la ideología que se infiltra en las ideas vertidas del evento a analizar.

Hace poco, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, hubo una charla que resaltó el papel que jugaron las mujeres cruceñas en la política. La conferencia brilló por varios aspectos históricos muy ciertos, pero también por lamentables heterodoxias que empañan la buena intención.

Titulada «Rol de la mujer en las luchas cívicas» y brindada por María Paola Toledo Castro, expresidente del Comité Cívico Femenino de Santa Cruz (2024-2026), la charla se centró en resaltar aspectos históricos de la causa cruceñista. El departamento de Santa Cruz se caracteriza por haber ejercido una histórica resistencia contra el centralismo impuesto desde la ciudad de La Paz, y el punto álgido de este conflicto fue la década de 1950, cuando se fundaron tres importantes instituciones cruceñas, siendo una de ellas el mencionado comité.

La conferencista comenzó enfatizando que existe una «deuda histórica» con la mujer, puesto que todavía esta «no decide». Además, puntualizó: «La historiografía tradicional ha privilegiado los relatos centrados en figuras masculinas». Notemos ese vocabulario: el desprecio por la tradición y los privilegios, y la suposición de que hubo una época oscura de patriarcado, impropia de esta nueva era. ¿No hemos oído ya este discursito antes?

Lo bueno es que la ing. Toledo destacó el rol tradicional femenino muchas veces menospreciado por la modernidad: el trabajo hormiga, el aporte silencioso, ese apoyo servicial en tareas tan aparentemente sencillas pero de alto impacto, como la recolección de firmas para causas justas, o la ayuda social y la capacitación en habilidades domésticas con fines comerciales, obra de valerosas mujeres cruceñas.

No obstante, la disertante enfrentó una importante contradicción: algunas espectadoras le pidieron desesperadamente referencias más protagónicas y políticas de liderazgo femenino. Concretamente, las quejas de una oyente asumían que todo lo descrito en la conferencia resalta un rol de mujer «sometida», que solo hace «cosas de mujer, como bordar» o el «servicio pequeño». La conferencista reaccionó compartiendo la preocupación y expresando deseos de roles más protagónicos. Además, apuntó a que el problema es cultural y que va a tomar tiempo cambiarlo, pero que se va a poder; lo que no dice es que esto requerirá de una perversa ingeniería social.

La conferencia contó con la presencia de una exsenadora cruceña, la feminista Centa Rek, que siendo espectadora de la charla y con el típico discurso calcado del zurdaje, recalcó aspectos seudoprogresistas de «la lucha de las mujeres». Escuchémosla de su propia voz: «Hay que construir, hay que ocuparse más de que el comité cívico, otros colectivos, movimientos sociales, no se hagan cargo solo de dar respuestas a la parte colectiva de la sociedad; hay que trabajar perfiles individuales». El culto al individuo en su máxima expresión. Además, la sra. Rek exige que la mujer tome parte en las esferas de decisión ejerciendo liderazgo, o más apropiadamente, aunque tal vez ella no lo entienda así: premiar a la mujer solo por ser mujer y no por sus méritos, es decir, rechazar su inteligencia e idolatrar su sexo.

La ing. Toledo, además, brindó a las preguntas del público las típicas respuestas que encontramos en manuales feministas o igualitaristas de las instituciones civiles de muchos países. Por ejemplo, ante la consulta de qué deberían hacer los varones para «acompañar» a las mujeres en su «lucha», la respuesta fue: «Evitemos la violencia política, evitemos los espacios de confrontación». Nosotros nos atrevemos a señalar la que debería ser la respuesta correcta: corrijamos al varón, formémoslo en virtudes, santifiquémoslo, para que disminuyan las probabilidades de acoso, violación y de más pecados. Después de todo, la lucha más importante en la vida de una mujer —al igual que en la del varón— es su perfeccionamiento como persona, y eso se logra cultivando en ella y en su par masculino las virtudes naturales, complementándolas con la gracia sobrenatural para vencer al pecado.

Pensémoslo bien: si hay más varones caballerosos, habrá menos violadores y más mujeres seguras. Si hay más esposos cristianos coherentes con su fe, habrá menos esposas maltratadas. Si hay más varones que venzan sus inclinaciones naturales y dominan sus pasiones, habrá menos pornógrafos y acosadores. ¿Tanto cuesta entender una verdad tan sencilla? Los teóricos del feminismo se rajan el lomo buscando soluciones imposibles a un problema que sus principios mismos provocan, pero la solución la tiene el orden natural, y mejor aún, la religión verdadera.

La sesión de preguntas fue más amplia que la disertación, y creemos que esto se debe a que una narrativa tan confusa como la feminista deja más preguntas que respuestas. Casi al final de esa parte, varios de los participantes que preguntaban se mostraron angustiados ante la falta de un norte claro para seguir: ¿qué se debería hacer para luchar más por las mujeres?, ¿por qué la sociedad ha sido tan «injusta» con esta «deuda histórica»? ¿quiénes son los referentes más importantes en esta lucha, además de la cruceñista Elffy Albrecht a quien se honró en una parte de la conferencia?

Ante tal preocupación, algún valiente en el público tomó la palabra para mencionar toda una pléyade de mujeres que ya hicieron mucho por la mujer a lo largo de la historia, y exhortó a rescatarlas, argumentando que no todo en el pasado es malo, sino que más bien debemos dejar la soberbia de creernos mejor que quienes nos precedieron y tener la humildad de fijarnos en qué se hizo bien antes. Algunas de estas referentes mencionadas fueron Isabel la Católica, santa Teresa de Ávila, santa Isabel de Portugal y santa Catalina de Siena.

La conferencista respondió complacida, pero aprovechando esa lista de mujeres para justificar su ideología, asegurando que no se las conoce debido al machismo predominante en toda la historia, y que es ahora cuando toca darlas a conocer. Lo que no tomó en cuenta ella es lo siguiente: si se puede nombrar a esas mujeres, es porque a alguien —o a muchos, como bien sabemos— le interesó documentar su vida y obra, y ese afán de documentación y divulgación sostenido a lo largo de los siglos no puede deberse al «machismo», sino a que muchas injusticias contra la mujer son de época reciente, y que la Cristiandad —demolida por el liberalismo en los últimos siglos— elevó su dignidad a un grado sin precedentes, preocupándose de honrar a las mujeres. CONTINUARÁ.

Lucas Salvatierra, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista

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