Bolivia, hija predilecta del carnicero de Pasto, Simón Bolívar, es el país de las maravillas. Esta obra teatral merece un guion hasta la escena actual que vive, y qué mejor manera de relatar esta historia que mediante tres sencillos actos.
Primer acto: Jeanine Áñez asume la presidencia y le achacan muertos
La población boliviana se cansó de un Evo Morales que juega con la ley para repostularse una y otra vez a la presidencia. Líderes cívicos Luis Fernando Camacho en Santa Cruz y Marco Pumari en Potosí convocan a cabildos y dirigen protestas. Se suman manifestaciones indignadas por el fraude electoral a lo largo y ancho del país en octubre y noviembre de 2019, escalando demandas hasta exigir la renuncia de Morales. Este, su vicepresidente, sus ministros y varios otros partidarios renuncian. Ante el vacío de poder, la Asamblea Legislativa elige a Áñez como presidente. Hordas de masistas (simpatizantes y militantes del Movimiento Al Socialismo, MAS) gritan «¡ahora sí, guerra civil!»: agreden gente, queman buses, tumban antenas televisivas y exhiben armas de fuego de alto calibre. Se registran muertos en la zona de Senkata en la ciudad de El Alto y la ciudad de Sacaba en el departamento de Cochabamba. Masistas acusan al Gobierno y al Ejército por la tragedia y mueven los hilos para conseguir el apoyo de los organismos supranacionales de siempre.
Segundo acto: Luis Arce asume la presidencia y se venga de los opositores
Elecciones generales de 2020: gana con un descarado fraude electoral el masista Luis Alberto Arce Catacora, exministro de Economía de Morales. Protestas en 2022 muestran masivo descontento contra la gestión masista; fracasa la movilización, por no contar los líderes con las mismas alianzas de 2019. Comienza la persecución política: cárcel para Áñez, cárcel para Camacho y Pumari, cárcel para varios disidentes del régimen arcista. El dólar eleva su precio por primera vez en largos años: aumentan los precios de la canasta familiar. Quiebra el Banco Fassil, vinculado a numerosas operaciones ilícitas; matan al interventor del banco Carlos Colodro. Se expanden los tentáculos del narcotráfico: auge del capo uruguayo Sebastián Marset. Se reduce enormemente la popularidad del MAS, pero se divide en dos bandos: arcistas y evistas. Inhabilitan a Morales para postularse: evistas mueven cielo y tierra para revertir la decisión; no lo consiguen. Gobierno intenta ridículo autogolpe para distraer a las masas: los bolivianos no le creen.
Tercer acto: Rodrigo Paz asume la presidencia y le generan conflictos
Nuevas elecciones: Paz triunfa sobre Jorge «Tuto» Quiroga en comicios también cuestionados por evidencias de posible fraude. No importa: los bolivianos ya están cansados y no quieren protestar; solo quieren que se vayan los masistas de una vez por todas. Jura Paz, jura Edmand Lara, la televisión transmite un momento histórico que rompe un ciclo desastroso de veinte años. Se conforma el gabinete de ministros: ¿comienza la descontaminación del Estado? Funcionarios públicos puestos por el MAS continúan trabajando. Lara critica a Paz mediante tiktoks absurdos y frecuentes. Gobierno quita la subvención al combustible e intenta reducir la intervención del Estado en la economía; los trogloditas de siempre se lo dificultan. Sus votantes —los masistas del ayer— se sienten ¿traicionados? Expresan un descontento ¿genuino? Movilizan a sus hordas otra vez para apedrear ambulancias, bloquear caminos y exigir la renuncia de Paz. Escasean los alimentos en La Paz y El Alto. El Gobierno no saca al Ejército tan fácilmente: aprendió la lección, tomó apuntes, hizo su tarea. No quiere que le achaquen muertos; no quiere otro Senkata y Sacaba. Teme que después de que lo tumben los masistas —o más concretamente, los evistas—, le hagan los mismos procesos judiciales que a los que conformaron el Gobierno de Áñez. Figuras públicas críticas con los bloqueos acusan de tibio al Gobierno de Paz. Masivas marchas ciudadanas «por la democracia»: insuficientes para detener a los criminales. El pueblo hierve en ganas de salir a desbloquear por su cuenta. ¿Ahora sí, guerra civil?
Epílogo: Rodrigo Paz afronta un enorme desafío. ¿Cómo devolver la paz a los bolivianos dándole su merecido a los zurdos de siempre, sin recibir la condena de organizaciones de «derechos humanos», que lloran cuando el muerto es parte de una «minoría social», pero callan cuando es un ciudadano inocente? Dejamos al espectador de esta obra la tarea de idear el mejor desenlace.
Lucas Salvatierra, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista
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