En los últimos días hemos escuchado declaraciones y calumnias por parte de la «presidenta» mejicana Claudia Sheinbaum respecto a la figura del conquistador de México, Hernán Cortés, a quien se le acusó y se le acusa de ser un genocida y criminal, nada nuevo bajo el sol, pues, incluso en vida se le buscó difamar por sus enemigos políticos. Pero no nos engañemos, porque aunque aparentemente se le busque condenar por una supuesta «memoria» o «justicia» histórica, en realidad lo que se pretende es la fútil des legitimación de la cristiandad que en estas tierras se instalan con la conquista. Y aunque podamos cuestionar los métodos y algunos episodios específicos de la historia, no debemos olvidar que los protagonistas de la conquista y la evangelización eran hombres y mujeres manchados por el pecado original al igual que nosotros, pero no por ello indignos de ser celebrados.
Y dicho todo esto, quiero rescatar una carta de Fray Toribio de Benavente «Motolinía», fechada el 2 de enero de 1555 dirigida a su Sacra Cesárea y Católica Majestad Don Carlos V (I), en donde se crítica a Fray Bartolomé de las Casas y se hace una apología al Marqués del Valle de Oaxaca.
Ahora, sobre los antecedentes prehispánicos en tierras mesoamericanas, el fraile franciscano nos dice lo siguiente[1]:
«3. Sepa V. M. que cuando el Marqués del Valle entró en esta tierra, Dios nuestro Señor era muy ofendido, y los hombres padescían muy cruelísimas muertes, y el demonio nuestro adversario era muy servido con las mayores idolatrías y homecidios más crueles que jamás fueron».
El siguiente apartado Fray Motolinía escribe sobre los falsos levantados contra Cortés y los conquistadores por parte del dominico Fray Bartolomé de las Casas:
«31[…] porque él se convierta a Dios y satisfaga a tantos como ha dañado y falsamente infamado y para que en esta vida pueda hacer penitencia, y también para que V. M. sea informado de la verdad y conozca el servicio que el capitán D. Hernando Cortés y sus compañeros le han fecho, y la muy leal fidelidad que siempre esta Nueva España ha tenido a V. M., por cierto dina de remuneración».
Acerca de los esclavos hechos por Cortés (recordemos que los esclavos sólo podían hacerse como prisioneros de guerra y no por mera voluntad de los conquistadores) se nos describe lo siguiente:
«44 El hierro que se llama rescate de V. M., vino a aquesta Nueva España el año 1524, mediado mayo. Luego fue llegado a México, el capitán D. Hernando Cortés, que a la sazón gobernaba, ayuntó en San Francisco, con frailes, los letrados que había en la ciudad. E yo me hallé presente e vi que le pesó al gobernador por el yerro que venía, y lo contradijo, y desque más no pudo, limitó mucho la licencia que traía para herrar esclavos, y los que se hicieron fuera de las limitaciones, fue en su ausencia, porque se partió para las Higueras (Honduras)».
El conquistador no solo actúo como tal, sino que también predicaba el Santo Evangelio a los gentiles del nuevo mundo tal y como es explicado por Fray Motolinía:
«45 Y algunos que murmuran del Marqués del Valle, que Dios tiene, y quieren ennegrecer y escurecer sus obras, yo creo que delante de Dios no son obras tan acetas como lo fueron las del Marqués. Aunque como hombre, fuese pecador, tenía fe y obras de buen cristiano y muy gran deseo de emplear la vida y hacienda por ampliar y aumentar la fe de Jesucristo, y morir por la conversión de estos gentiles.[…] Y Dios le visitó con grandes aflicciones, trabajos y enfermedades para purgar sus culpas y a limpiar su ánima. Y creo que es hijo de salvación y que tiene mayor corona que otros que lo menosprecian. Desde que entró en esta Nueva España trabajó mucho de dar a entender a los indios el conocimiento de un Dios Verdadero y de les hacer predicar el Santo Evangelio.»
Para un último rescate de dicha carta, quiero resaltar el apartado que describe el trato que tenía con los indios:
«48 ¿Quién así amó y defendió los indios en este mundo nuevo como Cortés? Amonestaba y rogaba mucho a sus compañeros que no tocasen a los indios ni a sus cosas, y estando toda la tierra llena de maizales, apenas había español que osase coger una mazorca. Y porque un español llamado Juan Polanco, cerca del puerto, entró en casa de un indio y tomó cierta ropa, le mandó dar cien azotes. Y a otro llamado Mora, porque tomó una gallina a indios de paz, le mandó ahorcar, y si Pedro de Alvarado no le cortase la soga, allí quedara y acabara su vida. Dos negros suyos que no tenían cosa de más valor, porque tomaron a unos indios dos mantas y una gallina, los mandó ahorcar. Otro español, porque desgajó un árbol de la fruta y los indios se le quejaron, le mandó afrentar».
Si todo ello no fue suficiente, aún queda por escribir acerca de la caridad del Marqués respecto al hospital de la concepción (hoy hospital de Jesús), el hospital de San Lázaro, del colegio y monasterio de monjas que se tenían planeados construir en la Villa de Coyoacán, pero aquello será para otra ocasión.
Por el momento, queda decir que Cortés ejerció la guerra justa, gobernó y predicó con rectitud a pesar de sus pecados carnales siendo siervo de Dios que como bien decía Fray Motolinía, personas de menor dignidad se atrevieron a injuriarlo, y para nuestra desgracia, no son actos únicamente del pasado sino que los últimos 500 años y sobre todo en los últimos 200, lo que antes eran ataques políticos contra el conquistador y padre de la patria novohispana, se convirtieron hoy, en ataques a la Fe Verdadera a través de uno de sus mayores siervos.
Aunque pretendan darnos gato por liebre, la realidad no es un chivo expiatorio o cabeza de turco que puedas utilizar cada vez que tu desgobierno lo necesite, pues no hay honra en atacar con farsas a quien no se puede defender.
Montesclaros, Círculo Tradicionalista Celedonio de Jarauta.
[1] Motolinía, Toribio, Fray. «Carta de Fray Toribio de Motolinía al emperador Carlos V».
En Historia de los indios de la Nueva España editado por Edmundo O´Gorman. México. Porrúa, 2014. 294
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