La devoción de los Cinco Primeros Sábados

«Esta petición es de parte de Nuestro Señor y de Nuestra Buena Madre del Cielo»

Este pasado 10 de diciembre se ha cumplido el centenario de la aparición de la Santísima Virgen a Sor Lucía exhortándola a difundir la Comunión Reparadora de los Cinco Primeros Sábados, tal y como se lo había preanunciado en las apariciones de Fátima.

La comunicación celestial tuvo lugar en Pontevedra, en la celda donde se alojaba la Vidente dentro de la casa-colegio que allí regentaba la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea, sito en un palacio que había pertenecido antaño al gran católico-realista José Arias Teijeiro y sus antepasados. Las Hermanas Doroteas trasladaron su colegio a otra parte de la ciudad gallega en 1957, y, bajo el decisivo impulso del célebre fatimólogo Joaquín M.ª Alonso C.M.F., el inmueble, que amenazaba ruina, acabaría siendo adquirido para su rehabilitación en 1972 por la sección española del «Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima». Esta asociación, que será aprobada por la Santa Sede en 2005 bajo la denominación de «Apostolado Mundial de Fátima», mantuvo la titularidad sobre el edificio, al cual bautizó con el nombre de «Casa del Inmaculado Corazón de María», durante casi medio siglo, hasta que finalmente fue traspasado en 2021 a la Conferencia Episcopal Española, su actual propietaria. De nuevo, su ruinoso estado obligó al órgano eclesiástico a emprender una serie de obras de restauración, que, junto con otras posteriores de mejora, se han venido realizando a lo largo de estos últimos cuatro años.  

Otro destacado experto en Fátima, el P. Antonio Maria Martins, S. J., anota lo siguiente: «En diciembre de 1927, el P. José Aparicio da Silva, S. J., visitó a la Hermana Lucía en la Casa del Noviciado, Calle Martínez Padín, 10, en Tuy, España. Hablaron sobre la devoción de los primeros sábados. El Padre Aparicio le pidió que pusiese todo aquello por escrito. Ella, venciendo la natural repugnancia de su propia modestia, lo aceptó, y de acuerdo con el Padre determinó escribirlo en tercera persona» (El futuro de España en los documentos de Fátima, 1977, p. 155).

Este escrito de Lucía, mandado redactar por el que era entonces su director espiritual el P. Aparicio, constituye el texto-base para la descripción de esta aparición y el mensaje dado por la Santísima Virgen en ella. Reza así (ibidem, pp. 157-158):

«J. M. J.

El 17 de diciembre de 1927, fue junto al sagrario a preguntar a Jesús cómo satisfaría la pregunta que le habían hecho: saber si el origen de la devoción al Inmaculado Corazón de María estaba incluido en el secreto que la Santísima Virgen le había confiado.

Jesús, con voz clara, le hizo oír estas palabras: “Hija mía, escribe lo que te piden; y todo cuanto te reveló la Santísima Virgen, en la aparición en que habló de esta devoción, escríbelo también; en cuanto al resto del secreto, continúa en silencio”.

Lo que en 1917 fue confiado a este respecto es lo siguiente: ella [Lucía] pidió que los llevara al Cielo. La Santísima Virgen respondió: “Sí, a Jacinta y Francisco los llevaré pronto, pero tú te quedarás todavía por aquí. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Prometo la salvación a aquel que la abrazare, y estas almas serán queridas de Dios como flores puestas por mí para adornar su trono”.

“¿Y me quedo yo sola?”, dijo con tristeza. “No, hija. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.

10 de diciembre de 1925.– Se le aparece la Santísima Virgen y, a su lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole su mano en el hombro, le mostró un corazón que tenía en la otra mano rodeado de espinas. Al mismo tiempo, dijo el Niño: “Ten pena del Corazón de tu Santísima Madre que está rodeado con las espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas”. En seguida dijo la Santísima Virgen: “Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos, en cada momento, me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, haz por consolarme y di que a todos aquellos que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario [rezarem un Terço] y me acompañen quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”.

El 15 de febrero de 1926 se le apareció de nuevo el Niño Jesús. Le preguntó si había extendido la devoción a su Madre. Ella le expuso las dificultades que el confesor tenía y también que la Madre Superiora estaba decidida a propagarla, pero que el confesor le había dicho que ella sola no podía. Jesús respondió: “Es verdad que tu Superiora sola nada puede, pero con mi gracia puede todo”.

Le dijo también a Jesús las dificultades que algunas personas tenían para confesarse el sábado y le preguntó si no podría valer la confesión dentro de los ocho días. Jesús le respondió: “Sí, puede ser, y hasta de más días, con tal que, cuando me reciban, estén en gracia y tengan la intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María”.

Ella preguntó: “Jesús mío, ¿y los que se olviden de poner esta intención?”. Jesús respondió: “Pueden ponerla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tuvieren para confesarse”».

Sor Lucía confirmó y elucidó el contenido de esta devoción en muchas otras cartas o notas. Por su concisión y claridad merece la pena transcribir dos escritos que remitió, a mediados de 1930, a José Bernardo Gonçalves, S. J., quien había sustituido al P. Aparicio en la dirección espiritual de la religiosa.

El primero estaba datado en Tuy, y el P. Gonçalves le añadió, para mayor precisión, la fecha de 29 de mayo de 1930. En él se leía lo siguiente (ibidem, p. 159):

«Rvd. Padre:

¿Qué pasó entre Dios y mi alma en lo referente a la devoción reparadora del Inmaculado Corazón de María y de la persecución de Rusia? Me parece que nuestro buen Dios me insta, en el fondo de mi corazón, para que pida al Santo Padre la aprobación de la devoción reparadora que el mismo Dios y la Santísima Virgen se dignaron pedir en 1925. En atención a esta pequeña devoción concederá el perdón a las almas que tuviesen la desgracia de ofender al Inmaculado Corazón de María, prometiendo la misma Santísima Virgen, a quienes del siguiente modo la quieran reparar, asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias para salvarse.

La devoción consiste, pues, en esto: durante cinco meses seguidos, el primer sábado, recibir la sagrada comunión, rezar el rosario [rezar um Terço] y hacer quince minutos de compañía a Nuestra Señora meditando sus misterios, y confesarse con el mismo fin. La confesión podrá hacerse otro día. Si no me engaño, el Señor promete terminar la persecución en Rusia si el Santo Padre hace, y manda que lo hagan igualmente los obispos del mundo católico, un solemne y público acto de reparación y consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y María. Para obtener el fin de esta persecución Su Santidad deberá aprobar y recomendar la práctica de la ya indicada devoción reparadora.

Le aseguro que tengo muchísimo recelo de engañarme. Y el motivo de este miedo es por no haber visto personalmente a Nuestro Señor, sino sólo sentido su Divina Presencia. En cuanto a la repugnancia que siento en decir esto a la Madre Superiora no sé bien de dónde procede. Parte puede ser del recelo que tengo de que lo desapruebe o diga que es una ilusión, una sugestión del demonio o cosas parecidas.

Beso respetuosamente su mano».

En cuanto al segundo documento, trae causa de una serie de interrogantes que el confesor jesuita había planteado a su dirigida. Relata el P. Martins (ibidem, p. 160):

«El Padre Bernardo Gonçalves pidió a la H. Lucía que respondiera, por escrito, a las siguientes preguntas:

“1.ª Cuándo, cómo y dónde. Esto es, decir –si sabe– la fecha, la ocasión y el modo como sintió esa manifestación de la devoción de los cinco primeros sábados.

2.ª Condiciones requeridas. Es decir, lo que se necesita para cumplir esa devoción.

3.ª Ventajas: ¿Qué gracias se prometen a quien la hiciere por lo menos una sola vez?

4.ª ¿Por qué han de ser ‘cinco sábados’ y no nueve o siete en honor de los dolores de Nuestra Señora?

5.ª Y quien no pueda cumplir todas las condiciones el sábado, ¿no puede hacerlo los domingos? La gente del campo, por ejemplo, no podrá muchas veces por vivir lejos…

6.ª Con relación a la salvación de Rusia, ¿qué quería y deseaba?”».

Sor Lucía remitió a su director la siguiente respuesta, a la cual éste adjuntó la fecha de 12 de junio de 1930 (ibidem, pp. 161-162):

«Rvd. Padre:

Después de implorar la asistencia de los Santísimos Corazones de Jesús y María, voy a responder, en cuanto me sea posible, a sus preguntas referentes a la devoción de los cinco sábados:

1.º ¿Cuándo? El 10 del XII de 1925.

¿Cómo? Apareciéndome Nuestro Señor y la Santísima Virgen mostrándome su Inmaculado Corazón rodeado de espinas pidiendo reparación.

¿Dónde? En Pontevedra, travesía de Isabel II [hoy es Calle Sor Lucía, 3]: la primera aparición, en mi cuarto; la segunda, junto al portón de la huerta donde yo estaba trabajando.

2.º ¿Condiciones requeridas?

Durante cinco meses, el primer sábado, recibir la Sagrada Comunión, rezar el Rosario [rezar o Terço], hacer quince minutos de compañía a Nuestra Señora meditando en los misterios del Rosario [mistérios do Rosário], y hacer una confesión con el mismo fin. Ésta se podrá hacer en otro día, con tal que al comulgar se esté en gracia.

3.º Ventajas y promesas:

“A las almas que procuren desagraviarme de este modo (habla Nuestra Señora) prometo asistirles a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación”.

4.º ¿Por qué han de ser “cinco sábados” y no nueve o siete en honor de los dolores de Nuestra Señora?

Parte de la noche del 29 al 30 de este mes de mayo de 1930, me quedé en la capilla con Nuestro Señor y, hablándole de las dos preguntas 4 y 5, me sentí de repente poseída más íntimamente por su Divina Presencia, y, si no me engaño, me reveló lo siguiente:

“Hija mía, el motivo es sencillo: cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María.

1.ª Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción.

2.ª Contra su Virginidad.

3.ª Contra la Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

4.ª El tratar de infundir públicamente en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio para con esta Inmaculada Madre.

5.ª Los ultrajes dirigidos a Ella en sus Sagradas Imágenes.

He aquí, hija mía, por qué ante este Inmaculado Corazón ultrajado se movió mi misericordia a pedir esta pequeña reparación y, en atención a ella, a conceder el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a Mi Madre. En cuanto a ti, procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a misericordia para con esas pobres almas”.

5.º Y quien no pueda cumplir con todas las condiciones el sábado, ¿no puede hacerlo los domingos?

“Será igualmente aceptable la práctica de esta devoción el domingo siguiente al primer sábado, cuando mis sacerdotes, por justos motivos, así lo determinen”.

6.º Con relación a Rusia.

Si no me equivoco, el Señor promete terminar la persecución en Rusia si el Santo Padre hace, y manda que lo hagan también los Obispos del mundo católico, un solemne y público acto de reparación y consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y de María. Para obtener el fin de esta persecución Su Santidad deberá aprobar y recomendar la práctica de la ya indicada devoción reparadora».

El Obispo de Leiría, José Alves Correia da Silva, quien ya había aprobado oficialmente las apariciones de Fátima en su Carta Pastoral de 13 de octubre de 1930, se decidió en marzo de 1937, accediendo finalmente a las súplicas de Sor Lucía, a enviar al Santo Padre una carta en que le rogaba, entre otras cosas, aprobase la devoción de los Cinco Primeros Sábados. La misiva decía así (ibidem, pp. 248-249):   

«Beatísimo Padre:

Humildemente postrado a los pies de Su Santidad, pienso que es mi deber exponer a Su Santidad lo siguiente:

Existe en esta Diócesis el Santuario de Nuestra Señora de Fátima. Es el mayor centro de piedad de Portugal y su devoción se ha extendido a muchas naciones.

Según las recomendaciones hechas por la Santísima Virgen en 1917, especialmente sobre el rezo del Santo Rosario, la aversión a la lujuria, y la práctica de la penitencia, se ve que Nuestra Señora preparaba la lucha contra el comunismo, de quien Portugal ha sido hasta ahora preservado, a pesar de su proximidad con España. Los Obispos portugueses prometimos el año pasado, después de los Ejercicios Espirituales que hicimos en este Santuario, promover una grande peregrinación nacional, si hasta el fin de 1937 no invadía nuestro país la terrible calamidad del comunismo. Gracias a la Santísima Virgen hemos estado en paz.

De los tres niños a quien se apareció Nuestra Señora, murieron dos y la tercera es religiosa en el Instituto de Santa Dorotea, en España.

Esta religiosa me pide que comunique a Su Santidad que, según una revelación, Dios promete terminar la persecución en Rusia si Su Santidad se digna hacer –y mandar que lo hagan igualmente todos los Obispos del mundo católico– un solemne y público acto de Reparación y Consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y de María y aprobar y recomendar la práctica de la devoción reparadora que consiste en lo siguiente: durante cinco meses seguidos, el primer sábado, recibir la Sagrada Comunión, rezar una parte del Rosario y hacer quince minutos de compañía a Nuestra Señora, meditando los misterios del Rosario. [Como se puede observar, el buen Obispo olvidó aquí mencionar el sacramento de la confesión].

Esta devoción tendría como fines:

1.º Reparar las blasfemias contra la Inmaculada Concepción, Virginidad, Maternidad de la Santísima Virgen y ultrajes contra las imágenes de Nuestra Señora.

2.º Orar por los niños en cuyos corazones han infundido el desprecio y hasta el odio a la Madre del Cielo.

He aquí, Santísimo Padre, la comunicación que recibí para transmitir a Vuestra Santidad.

En las peregrinaciones al Santuario oramos siempre por Su Santidad.

Por último, pido humildemente Vuestra Bendición Apostólica para esta Diócesis, su humilde Pastor y peregrinos del Santuario de Nuestra Señora de Fátima».

Estas peregrinaciones a Fátima se celebraban el día 13 de cada mes. En la del 13 de septiembre de 1939, el Obispo aprovechó la ocasión para realizar una tácita aprobación pública de la devoción de los Cinco Primeros Sábados.

En la primera plana del número de octubre de 1939 de la publicación mensual Voz da Fátima, órgano oficial del Santuario de Fátima que venía imprimiéndose desde octubre de 1922, el Dr. Manuel Nunes Formigão, Canónigo de la Catedral de Lisboa y gran difusor del Mensaje de Fátima, estampó la crónica de aquella peregrinación, bajo el pseudónimo de «Vizconde de Montelo». La Misa oficial de la peregrinación, la conocida como «Misa de los Enfermos», fue celebrada por el propio Dr. Formigão, y en su reportaje anota que, «después del Evangelio, subió al púlpito el Venerable Prelado de Leiría, que publicó oficialmente la devoción de los cinco sábados, revelada por la Santísima Virgen a la Hermana María Lucía de Jesús en la ocasión en que hacía su Noviciado en el Instituto de Santa Dorotea». (El subrayado es suyo).

Además, en la misma primera página de este ejemplar de Voz da Fátima, se recogió un suelto, sin firma, titulado «Desagravio al Inmaculado Corazón de María. Devoción de los primeros sábados de cinco meses seguidos», en que se detallaba el contenido de esta devoción. Estaba compuesto de varios epígrafes. Uno de ellos, que llevaba por encabezamiento «Observaciones», constaba de dos que decían así:

«1.ª La confesión puede hacerse dentro de los ocho días que preceden o siguen al primer sábado, con tal que se reciba en gracia la Sagrada Comunión.

2.ª La meditación puede hacerse durante los quince minutos en que se recita el tercio, meditando en sus misterios».

Don José Correia da Silva puso en conocimiento de Lucía todos estos hechos en una epístola en la que le decía (copiamos la traducción de Joaquín M.ª Alonso en su libro Fátima. España. Rusia, 1976, p. 40):

«En el día 13 de septiembre publiqué, en el Santuario, con ocasión de la Homilía de la Misa a los Enfermos, la devoción de los Cinco Primeros Sábados. Y, en el n.º de octubre, fue publicado un artículo que le mando sobre el mismo asunto. Como el periódico [i. e., Voz da Fátima] tiene una gran tirada, puedo decir que esta devoción no es sólo conocida en Portugal, sino en muchas partes del extranjero. Dios acepte nuestra reparación, aunque pequeñita y pobre, a las ofensas que entristecen el Corazón de su Madre y nuestra María S.ma».

Naturalmente, estas noticias alegraron mucho a la Vidente de Fátima, lo cual no obstó para que comentara reservadamente con el Prelado de Leiría algunas precisiones, tal y como se puede comprobar en otra carta, datada en Tuy el 3 de diciembre de 1939, que la religiosa envió a su antiguo confesor el P. Aparicio. En ella le expresaba, entre otras cosas, lo siguiente (El futuro de España…, pp. 210-211):

«No sé si ya sabe que, en septiembre y en octubre, el Señor Obispo publicó la devoción de los Cinco Primeros Sábados. Mandó imprimir algunas estampas de Nuestra Señora con la explicación de esa devoción y me envió algunas. Voy a mandarle una en esta carta para que la vea. También me remitió el periódico “Voz da Fátima” para que lea el artículo que allí publicó sobre lo mismo. Le voy a cortar y se lo voy a enviar a usted. Está bien, pero algunas pequeñas cosas no son exactas, como el decir que fue en mi Noviciado, y no es así. Fue en el postulantado de Pontevedra. Dice que la meditación se puede hacer durante el rezo del Rosario [Terço]. Por este motivo recibí ya una carta del Padre [João Pereira] Gomes [, S. J.], pidiendo mi parecer, pues las palabras de Nuestra Señora parecen indicar que se haga por separado.

No quise responder sin preguntar al Señor Obispo, y Su Excelencia dice que lo hizo así para facilitar a la gente la práctica de esta devoción, porque, de ordinario, ni está acostumbrada, ni sabe meditar, y, así como la Santa Iglesia permite que durante la Misa se recen varias oraciones de obligación, como la penitencia de la confesión, etc., y que queda cumplido el precepto, así también en este caso. Sin embargo, será más perfecto que, quien pueda, haga cada cosa a su tiempo.

A mí me parece todo bien, sólo que no me pareció tan bien que publicasen claramente el origen, esto es, mi nombre. ¡Paciencia! Un sacrificio más, que será el primer eslabón de la cadena de muchos otros para las arcas eternas».

Desde 1930, y principalmente a través de su director el P. Gonçalves y del Obispo de Leiría, varias fueron las veces que la Hermana Lucía hizo llegar a los Sumos Pontífices Pío XI y Pío XII los deseos y peticiones contenidos en el Mensaje de Fátima, incluida la aprobación oficial por el Santo Padre de la práctica reparadora de los Cinco Primeros Sábados. A este respecto, ya presentamos antes la carta de Monseñor Correia da Silva de 1937. De igual modo se podría citar, como muestra ejemplar, el escrito, fechado en Tuy el 2 de diciembre de 1940, que la futura carmelita dirigió al Papa Pío XII. En el libro El futuro de España…, que fundamentalmente venimos siguiendo en nuestras citas, se recoge también una primera versión de esa carta, con fecha 24 de octubre, sin variaciones sustanciales. El recopilador Antonio M.ª Martins, S. J. apunta, en una nota a pie de página (p. 171), que la segunda y definitiva versión, la que se envió a Roma, «fue retocada por el Sr. Obispo de Leiría o por alguien bajo su orientación», si bien habría que añadir que esta circunstancia carecía de relevancia alguna, dado que dicha actuación supervisora no afectó para nada a lo esencial del Mensaje de Fátima reiterado en la misiva, en cuya parte central se leía lo siguiente (ibid., pp. 175-176):

«Vengo, Santísimo Padre, a renovar la petición que ya se elevó muchas veces a Su Santidad. Esta petición es de parte de Nuestro Señor y de Nuestra Buena Madre del Cielo.

En 1917, en la parte de las apariciones que hemos designado con el nombre de “el secreto”, la Santísima Virgen reveló el fin de la guerra que entonces afligía a Europa, y anunció otra futura, diciendo que para impedirla vendría a pedir la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Prometió, si atendían a sus pedidos, la conversión de esa nación y la paz. De lo contrario, anunció la propagación de sus errores por el mundo, guerras y persecuciones a la Iglesia, el martirio de muchos cristianos, varias persecuciones y sufrimientos reservados a Su Santidad, y el aniquilamiento de varias naciones.

Santísimo Padre, hasta 1926 [= el 10 de diciembre de 1925] quedó todo esto en el silencio por orden expresa de Nuestra Señora. Entonces, después de una revelación, me pidió que se propagase en el mundo la comunión reparadora de los primeros sábados de cinco meses seguidos, haciendo, con el mismo fin, una confesión, un cuarto de hora de meditación sobre los misterios del Rosario [mistérios do Rosário], y rezando el Rosario [rezando um Terço] con el mismo fin de reparar los ultrajes, sacrilegios e indiferencias cometidos contra su Inmaculado Corazón. A las personas que practicasen esta devoción promete Nuestra Señora asistirlas en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para salvarse.

Expuse la petición de Nuestra Señora al confesor, el cual hizo todo lo posible para que se realizara, pero sólo el 13 de septiembre de 1939 Su Excelencia Rev.ma, el Señor Obispo de Leiría se dignó, en Fátima, tornar público este pedido de Nuestra Señora.

Aprovecho, Santísimo Padre, este momento para pedir a Su Santidad que se digne bendecir y extender esta devoción a todo el mundo».

La distintiva veneración de Pío XII hacia la Madre Dios a lo largo de su pontificado, quedó demostrada especialmente con la proclamación del Cuarto Dogma Mariano de la Asunción de la Santísima Virgen al Cielo en Cuerpo y Alma en su Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, de 1 de noviembre de 1950; y con la institución, para el día 31 de mayo, de la Fiesta de María Reina –con su concomitante reconocimiento implícito del Quinto Dogma Mariano, tal como expusimos en nuestro doble artículo «La Realeza de María, su Inmaculado Corazón y el Quinto Dogma Mariano»– mediante su Encíclica Ad Caeli Reginam, de 11 de octubre de 1954.

Y en relación al Mensaje de Fátima, se pueden citar varios hitos dentro del reinado de Pío XII. En primer lugar –y análogamente a la Consagración de la Iglesia y el Mundo al Sagrado Corazón de Jesús que realizó León XIII en su Encíclica Annum Sacrum, de 25 de mayo de 1899– la Consagración de la Iglesia y el Mundo al Inmaculado Corazón de María, en el 25 Aniversario de las Apariciones, con el Radiomensaje Benedicite Deum dirigido en portugués a los fieles lusitanos el 31 de octubre de 1942, Consagración que será renovada en italiano un mes y semana más tarde por el Santo Padre durante la solemne función impetratoria desarrollada en la Basílica Vaticana el Día de la Inmaculada.

A su vez, un año y medio después, en disposición promulgada por la Sagrada Congregación de Ritos y datada el 4 de mayo de 1944, el Sumo Pontífice, a fin de preservar la memoria de dicha Consagración, decretó que la Fiesta del Inmaculado Corazón de María, con su Oficio y Misa propios que se acompañaban en el mismo documento, se celebrara anualmente en la Octava de la Asunción de la Santísima Virgen, extendiéndola a toda la Iglesia.

Dos años más tarde, el 13 de mayo de 1946, el Santo Padre procedió a la coronación de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, a través de su Cardenal Legado Benedetto A. Masella, dirigiendo al mismo tiempo a los fieles portugueses el Radiomensaje Bendito seja o Senhor.

Pío XII, en fin, con fecha de 7 de julio de 1952, publicó su Carta Apostólica Sacro vergente anno, mediante la cual efectuó, en solitario, la específica Consagración de los pueblos de Rusia al Inmaculado Corazón de María, atendiendo a las muchas súplicas recibidas en este sentido –así lo afirmaba el Pontífice al principio de la Carta– a raíz de la definición del dogma de la Asunción.

Sin embargo, este Papa desafortunadamente no llegó a sancionar para la Iglesia Universal la devoción de los Cinco Primeros Sábados, conforme a los deseos del Cielo. Sus sucesores han seguido hasta hoy el mismo camino. Quizá, con motivo de este centenario de la aparición en Pontevedra, el Papa León XIV se anime a dar el paso. La efemérides también puede servir de acicate a los fieles para promover y llevar a la práctica dicha devoción, más si cabe en el transcurso de estos próximos tres años que todavía nos separan de aquel otro centenario relativo a la última gran aparición vinculada con el Mensaje de Fátima: la que tuvo lugar en la también ciudad gallega de Tuy, en donde la Santísima Virgen vino expresamente a pedir la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón.

Félix M.ª Martín Antoniano   

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