Notas sobre la reacción de la prensa católica argentina ante la Cristiada

uno de los puntos comunes de los medios católicos conservadores: cargar las tintas sobre el presidente Plutarco Elías Calles, Obregón o Carranza

La Cristiada (1926-1928) tuvo en general una repercusión significativa en la prensa argentina.

Los medios liberales, ya sea en su versión capitalista La Prensa o socialista La Vanguardia  apoyaban la posición del gobierno mexicano en su lucha contra la influencia de la Iglesia en el espacio público, con explícitos elogios en ambos al presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928)[1], mientras que los liberales conservadores, La Nación o Los Andes de Mendoza, fluctuaban entre una crítica a los excesos de Calles y la defensa del orden constitucional vigente[2].  

Si bien las notas de opinión fueron escasas, en el ámbito católico la cobertura tuvo un alcance mayor en cuanto al detalle informativo –las fuentes de las que se nutrían además eran más amplias– y en los momentos más álgidos de la guerra las noticias desplazaron a los acontecimientos europeos, que por lo general ocupaban las primeras páginas. Tales los casos emblemáticos de Los Principios (1894-1982), el diario de los curas, vocero oficioso del arzobispado de Córdoba[3], El Pueblo (1900-1960), órgano del mismo carácter esta vez del arzobispado de Buenos Aires o la revista Criterio, surgida como fruto de los Cursos de Cultura Católica[4].

El 9 de agosto de 1926 desde Córdoba el presbítero Rafael Moreno se quejaba del silencio de la dirigencia culta del país sobre la persecución que sufrían los católicos en México.

No obstante a renglón seguido señalaba «no voy a envolver en una común acusación a la cultura moderna por culpa de un hombre o de un gobierno»[5]

Una semana después comentando las decisiones del gobierno mexicano, el padre Ramón Amado Liendo aludía amargamente a «la repugnante realidad que contradecía los nobilísimos ideales de nuestra civilización»[6].

José A. Luque, Vicario Capitular de Córdoba, señalaba a la Constitución de 1917 como la fuente odio que ensangrentaba a los católicos mexicanos[7].

Enrique B. Prack, miembro de la comisión directiva de la Liga Argentina Económico Social,[8] e importante colaborador, subrayaba en El Pueblo «si pudieran resucitar los próceres de la independencia de México, los que sacrificaron sus vidas por verla libre, los Morelos, los Hidalgo y tantos otros ilustres varones que dirían. Lanzarían de seguro sus más terribles anatemas sobre los histriones que se llaman liberales y que así reniegan de la libertad. Pero por desgracia para México sus gobernantes no sólo son enemigos de la democracia, sino que contribuyen a encender la discordia y a debilitar por ende a su patria»[9].

Justo I. Recio comparaba la Constitución mexicana de 1917 y la argentina de 1853/60, «la Constitución de Querétaro está encabezada por el nombre del cabecilla Venusiano Carranza, en cambio la Constitución argentina es sancionada por los representantes de todo el pueblo de la Nación (…).En la Constitución argentina se invoca la protección de Dios como fuente de toda razón y justicia, en la de Querétaro Dios está suprimido»[10]

Este era uno de los puntos comunes de los medios católicos conservadores: cargar las tintas sobre el presidente Plutarco Elías Calles, Obregón o Carranza como responsables por antonomasia de lo ocurrido, «México padece la tiranía de Calles» tituló varias veces el diario El Pueblo, o a lo sumo retrotraer la responsabilidad hasta la Constitución de 1917 o la de 1857, soslayando el largo proceso histórico de secularización social desatado desde 1810.

El problema radicaba exclusivamente en la maldad de los actores, que violaban los principios fundamentales del orden constitucional.

Otros sectores católicos marcadamente liberales, identificados por su antifascismo ni siquiera se refirieron al tema, como lo denunció Delfina Bunge en Catolicismo de guerra, un artículo publicado en 1942. Poco importó el definido sesgo anticatólico del gobierno masónico, apoyado por Estados Unidos «A qué misterio obedeció aquél silencio universal…Es que el catolicismo de México no interesaba a la Iglesia»[11].

Ella aludía a quienes se agruparon en torno a la revista Orden cristiano (1941-1947), expresión del personalismo mariteneano y de la promoción de la cultura y la política de Estados Unidos; los que posteriormente fueron los primeros núcleos cívicos de la democracia cristiana[12].

Por su parte, desde su aparición y durante el primer año la publicación, la revista Criterio brindó en la sección Notas de la semana noticias destacadas sobre la guerra cristera.

Francisco Durá, asiduo colaborador de la hoja se refirió en una serie de artículos al «el cuerpo del delito», haciendo un recuento de los antecedentes históricos que a su modo de ver explicaban la feroz contienda.

Partía de la legislación constitucional de 1857, analizaba la normativa de la Constitución de Querétaro, y comparaba la ley Calles de junio de 1926 que reglamentaba esta última norma fundamental, con la legislación soviética[13].

Durá además equiparaba la guerra cristera con la guerra cultural desplegada en Argentina en los años ochenta del siglo XIX; dos artículos publicados en los números 24 y 25 (16 y 23 de agosto de 1928) se refirieron al tema[14].

En el último de ellos englobando a ambos acontecimientos advertía sobre «el grave error de pintar la resistencia como rebeldía contra la ley y las instituciones, imputación de todo punto de vista falso. Fuera de la ley y las instituciones sólo estuvo el gobierno rebelde»[15].

Eso mismo pensaban en su momento los ultramontanos argentinos, quienes con un sesgo desiderativo entendían que las instituciones republicanas estaban fundadas en el cristianismo: De allí que rechazasen el mote de clericales, pues se consideraban los auténticos intérpretes de la Constitución de 1853/60; ellos daban primacía a las instituciones en desmedro de sus adversarios, portadores de un proyecto personalista.

En 1884 en el debate sobre la ley de educación común, el diputado católico Tristán Achával Rodríguez se preguntaba «¿no hemos venido hasta ahora los argentinos practicando el sistema republicano y siendo al mismo tiempo católicos? ¿No hemos sido siempre un pueblo democrático y republicano, a la vez que un pueblo eminentemente religioso?»

En 1888 el dirigente católico Manuel Pizarro advertía sobre el peligro de que llevados por la lógica de las reformas de las leyes civiles se modificara el régimen constitucional vigente. Félix Frías decía que desde la emancipación éramos republicanos y debíamos fundar la libertad en el cristianismo[16].

La coincidencia del auge del liberalismo con las independencias hispanoamericanas, les hizo perder el horizonte de la res publica christiana. Abandonada la concreta tradición hispánica y sin un foco de atracción tradicional que los cobijase, se movieron con las categorías impuestas por el régimen, los que los llevo a su paulatina disolución[17].

En definitiva, la guerra cristera puso al desnudo el alcance del liberalismo en el pensamiento católico, y sirvió para que los sectores moderados o conservadores reafirmaran su defensa del sistema constitucional, es decir la compatibilidad del racionalismo político y jurídico con los principios del cristianismo.

Horacio M. Sánchez de Loria

[1] Tales los casos de Juan B. Justo, José Ingenieros,  Alfredo Palacios, Carlos Sánchez Viamonte, entre otros

[2] Revistas como El Hogar (1904-1963) fundada por Alberto M. Haynes, o Claridad (1926-1941) apoyaban la política del gobierno mexicano. Esta última dirigida por Antonio Zamora en su primer número pugnaba por la separación de la Iglesia, a la que consideraba un auténtico dique contra el progreso, y el Estado y saludaba a Plutarco Elías Calles, «el primer presidente socialista de América Latina»

[3] El primer director fue el padre Juan Martín Yañiz yPaz, futuro primer obispo de la actual diócesis de Santiago del Estero

[4] Diario fundado a instancia del padre Federico Grote, el artífice de los Círculos de Obreros Católicos. La hoja destacaba que obtenía información superando el bloqueo que imponía el gobierno de Calles. Otros periódicos confesionales del interior del país, entre otros La Verdad de Rosario o El Heraldo de Santa Fe, también brindaron una amplia cobertura sobre la persecución a los católicos mexicanos. La revista Criterio comenzó a publicarse en marzo de 1928 y su primer director fue Atilio Dell Oro Maini. Los Cursos fueron fundados a fines de 1921 por un núcleo de jóvenes, entre otros Tomás Casares, Atilio Dell‘Oro Maini y Casares Juan Antonio Bordieu, Tomás D. Casares, Atilio Dell‘ Oro Maini, quién sería el primer director, Faustino J. Legón, Samuel W. Medrano, Uriel O‘ Farrell, Octavio Pico Estrada y Eduardo Saubidet Bilbao, con el propósito de enseñar Sagrada Escritura, Teología, Filosofía e Historia de la Iglesia, a los estudiantes que recibían una educación exclusivamente positivista y utilitarista en la Universidad de Buenos Aires.

[5] Rafael Moreno, Una lección bárbara es la de Méjico, Los Principios, 9 de agosto de 1926.

[6] Ramón Amado Liendo, «Pensando en Méjico», Los Principios, 16 de agosto de 1926.

[7] Los Principios, 25 de septiembre de 1927.

[8] Era una rama de la Unión Popular Católica fundada por los obispos siguiendo la exhortación del Papa Pio X en su encíclica Il fermo propósito (1905) complementada con la Pieni l’animo (1906) en la que instaba a los católicos de todo el mundo a unirse para la acción social Las otras ramas eran la Liga Argentina de Damas Católicas y la Liga Argentina de la Juventud Católica.

[9] Enrique B. Prack «Pobre Méjico», El Pueblo, 31 de julio de 1926. El Pueblo acogió en sus páginas varias plumas mexicanas, Como Pablo Herrera o David Guadalupe Ramírez (Jorge Gram).

[10] Justo I Recio, «La sangrienta persecución contra la Iglesia en Méjico. Los Constitucionalistas», El Pueblo, 24 de abril de 1927.

[11] Señalaba Delfina enojada pues esos autodenominados defensores de la libertad y la democracia condenaban exclusivamente al racismo nacionalsocialista y ocultaban el de los Estados Unidos, el de Inglaterra en la India, Francia en el este de África u Holanda en las Indias Occidentales; tampoco hacían la menor referencia a los orígenes anglosajones de la eugenesia, tan en boga en ese momento Delfina Bunge, «Catolicismo de guerra», Criterio, año XV, N° 76. Nos ocupamos de Delfina Bunge, poeta, ensayista, filántropa católica de tendencia conservadora popular en Horacio M. Sánchez de Loria, Delfina Bunge, una católica militante en tiempos turbulentos, Buenos Aires, Mil Palabras, 2024.

[12] Fundada por Alberto Duhau, colaboraron, entre otros, Eugenia Silveyra, Angélica Knaak Peuser, Manuel Rio, Oscar Puiggrós, Manuel Ordoñez, Sara Oyuela de Cárdenas, Mila Forn de Oteiza Quirno, Ambrosio Romero Carranza, Horacio Sueldo, Horacio Aguirre. Ellos acusaron a su vez a Delfina de Bunge de favorecer a los totalitarismos nazi-fascista

[13] Francisco Durá fue el redactor exclusivo de los artículos sobre el tema en la revista.

[14] Desde una perspectiva laicista Juan B. Justo señalaba la similitud de las experiencias de Turquía y México con los gobiernos progresistas de Roca y Juaréz Celman en Argentina, que marcaron el camino hacia la separación del Estado de la Iglesia. Carlos Gustavo GUEVARA, La Revolución Mexicana en escorzo. Representación simbólica y políticas interpretativas en la Argentina de entreguerras, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, 2001, p. 270.

[15] Francisco Durá «El general Roca y la escuela sin Dios», Criterio, n° 24, 16 de agosto de 1928, p. 205

[16] Horacio M. Sánchez de Loria, «El ultramontanismo en el Rio de la Plata», en Miguel Ayuso-Alvaro R. Mejía Salazar (Directores) Gabriel García Moreno. El estadista y el hombre, Vol. 2, Madrid, Dikinson,2022.

[17] Tulio Halperín Donghi decía que en argentina no hubo un partido doctrinariamente liberal, ya que el consenso sobre los principios liberales era universal. Roberto DI Stefano, «La excepción argentina. Construcción del Estado y construcción de la Iglesia en el siglo XIX», Procesos Revista Ecuatoriana de Historia, Quito, (2014). 

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