Con este breve reporte queremos dar a conocer a nuestros lectores cuál es el horario-tipo que nuestros campamentos legitimistas siguen en el día a día. Esperamos que sean indulgentes con una redacción tan precaria, pero el tiempo es muy escaso, ya que cuando no estamos impartiendo charlas formativas, estamos atendiendo espiritualmente a las acampadas o comprando lo imprescindible para seguir adelante, o coordinando las actividades o atendiendo las mil y unas contingencias…
Suena el silbato por la mañana y les enseñamos a saltar de la cama con presteza para comenzar consagrando un nuevo día al servicio de Dios y de la Santa Causa. Ejercicios de desperezamiento, aseo personal, oraciones de la mañana… y lo primero de la jornada es la asistencia a la Santa Misa, vivida en el silencio de la iglesia monacal, con el susurro de los latines y el suave palpitar de estos corazones jóvenes que empiezan a aspirar a la magnanimidad de los grandes deseos. En los sermones estamos tratando sobre la teología del santo sacrificio de la Misa.
El acto de izar las banderas, con un espectacular paraje montañoso de fondo que embriaga la vista, es de lo más solemne de cada jornada antes del desayuno. Firmes ante los símbolos que condensan nuestro ser carlista, cantamos el Oriamendi y recibimos de las monitoras la Consigna que tiene que guiar ese día (por ejemplo, la de hoy martes ha sido Nuestra fuerza viene de lo alto, nuestro deber de la sangre); resuenan los vivas… ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva las Españas!, ¡Viva el Rey legítimo!…. El telón del día se abre. ¡En marcha!
La mañana viene marcada por cuatro actividades: la revisión del orden y limpieza de las habitaciones, la charla formativa del Pater, los juegos y deportes, y el baño en el río Escabas. En las charlas estamos ahondando en el cuatrilema con referencias históricas, filosóficas y políticas, están comprendiendo la importancia de las ideas, las costumbres y las instituciones, y vamos desentrañando la esencia del legitimismo, buscando la manera de captar el mal del liberalismo, en el que, por desgracia, está imbuido el mundo que nos rodea.
Después de la comida, que con tanto sacrificio y dedicación nos preparan nuestros cocineros voluntarios, la tarde se reparte entre el canto, la charla formativa de las monitoras, manualidades y esparcimientos varios, la merienda, el rezo del santo Rosario y el paseo por grupos, que es uno de los momentos más esperados y más reconfortantes de la jornada en el que reina un ambiente de familia en el que se pueden tratar temas más íntimos a la par que se refuerzan los lazos entre las acampadas.
Antes de cenar, tenemos el acto de arriar banderas en el que vuelven a resonar nuestras voces con el eco de las montañas recordándonos que Por Dios, por la Patria y el Rey lucharon nuestros padres; la ceremonia final de Ofrenda a los Mártires de la Tradición eleva nuestro espíritu cada atardecer y nos emociona escuchar, como si fuera siempre la primera vez, aquel soneto del requeté Martín Garrido Hernando:
Inmolarse por Dios fue su destino;
Salvar a España, su pasión entera;
Servir al Rey, su vocación y sino.
¡No supieron querer otra bandera!
¡No supieron andar otro camino!
¡No supieron morir de otra manera!
Después de cenar, es la hora de la Velada o Fuego de campamentos, un momento de distensión, juegos, chistes, canciones y muchas risas; es un momento muy familiar: saber estar y pasar tiempo con los nuestros, en la brisa de la noche, bajo las estrellas… también así se hace patria, que no es un simple agregado de individuos, sino un todo sucesivo, producido por un poderoso sentido de pertenencia.
El telón del campamento está a punto de caer. Cantamos el himno Lo juré, el Pater da la Máxima religiosa para el día siguiente, se rezan las oraciones de la noche, examen de conciencia frente a Jesús Sacramentado y finalmente, antes de la bendición, unos breves puntos de meditación de la vida de Cristo para nuestra consideración personal.
Este es el ritmo y el tono de los campamentos legitimistas. Todo es importante. Las chicas lo captan. Dios en el centro. El Rey legítimo como tarea que se ha de conseguir cueste lo que cueste. Los Fueros clave antiliberal por excelencia. Y la Patria: ese todo sucesivo fundado en esos tres cimientos, ese todo de las Españas al que pertenecemos inmerecidamente y que reclama de nosotros una traditio a los que vendrán porque los que ya se fueron la merecieron para nosotros. No sabemos andar otro camino.








Padre Juan María Sellas Vila, Círculo Carlista Sacerdotal Cura Santa Cruz
Deje el primer comentario