¡Ganó la democracia! El gran estratega Rodrigo Paz

Rodrigo Paz firma el estado de excepción. Foto EFE

¡Gracias, presidente Rodrigo Paz Pereira! Gracias por detener a los zurdos de siempre. Gracias porque con su tibieza, ud. se negó a defender a los bolivianos por casi dos meses, derrotando a la izquierda por desgaste. Gracias porque ud. no va a pagar lo que los subversivos se niegan a pagar. Gracias por haber establecido mesas de diálogo con los salvajes que no querían dialogar. Gracias por matarnos de hambre a los bolivianos, especialmente a los paceños y alteños, con su gran estrategia de charlar con los demonios y evitar proteger a campesinos y ciudadanos. Gracias por su apego a los valores democráticos irenistas. Gracias por evitar usar la violencia, que siempre es mala, muy mala.

Ahora, sin más preámbulos, vamos en serio.

Bolivia vivió más de 50 días de zozobra, frustración y escasez por culpa de los bloqueos de carreteras organizados por los vándalos de siempre. La Central Obrera Boliviana llamó a abandonar las medidas de presión, luego de llegar a un acuerdo con Paz, y este declaró Estado de excepción después. Conclusión: el Gobierno es un héroe, manda a desbloquear cuando ya las vías están prácticamente despejadas. ¿No es este un teatro muy burdo?

El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, aseguró la anterior semana que «ganó la democracia». Si por tal cosa se entiende «nadie tumbó al presidente», bien. Pero ¿y de ahí? ¿Qué gana el pueblo? ¿Quién va a reparar todo el desastre provocado por los revoltosos? ¿Qué va a hacer el presidente para castigar a los culpables y aliviar las heridas desgarradoras? Simple: nada.

Se acabaron los bloqueos, sí, pero el daño está pendiente por reparar: pérdidas de millones de dólares que golpean la economía nacional, familias enteras destruidas por las deudas, negocios clausurados por su mal rendimiento financiero, más de veinte muertos por culpa de diversos factores (entre ellos, la falta de atención médica oportuna)…

Paz y su gabinete no cumplieron con su deber: declarar la guerra justa contra los elementos subversivos que amenazaron a este país. Durante semanas, policías acudieron tímidamente a restablecer el orden en algunas zonas del país, siendo frecuentemente rebasados por las hordas de los delincuentes disfrazados de movimientos sociales. Organizaciones de la sociedad civil se ofrecieron para ir a desbloquear por su cuenta para hacerle la guerra a los criminales, puesto que el pueblo estaba desprotegido. Diversas situaciones, entre ellas, la intervención de la Iglesia Católica, detuvieron estas iniciativas.

Estos meses de mayo y junio de 2026 en Bolivia se confirmó una vez más lo que nos había advertido el profesor José Miguel Gambra: «Desde los tiempos de la Revolución, las naciones han conocido una intranquilidad interna tan pertinaz y decisiva que, al describir esa época, los historiadores siempre se ven obligados a dejar en segundo plano las contiendas exteriores»[1]. Bolivia ya no vive guerras internacionales desde la del Chaco en los años treinta, pero sí guerras internas, si no rebeliones feroces.

El gran doctor de la Escuela de Salamanca, fray Francisco de Vitoria, ya tenía preparadas algunas respuestas que nos hubieran servido para saber cómo afrontar este amague de guerra civil. Plantea él en la 1.ª proposición de la 4.ª cuestión principal de su relección Del derecho de guerra: «Es lícito hacer en la guerra todo lo que sea necesario para la defensa del bien público»[2]. Era necesario defender el bien público en este contexto; no se hizo.

Además, según los cánones planteados por Vitoria para hacer la guerra, dice la 2.ª regla: «Demostrado que es indispensable la guerra, en virtud de justas causas, debe procederse en ella, no para ruina y perdición de la nación a quien se hace, sino para la consecución de su derecho y para defensa de la patria y de la propia república y para que por dicha guerra se llegue a conseguir la paz y la seguridad»[3].

Se liberó a los criminales; quedaron impunes. Se priorizó la falsa paz. Ganó la democracia, o sea, ganaron los pillos de siempre: los bancos, los políticos y los sindicalistas. Perdieron los bolivianos. ¡Ese es el gran estratega Rodrigo Paz!

Lucas Salvatierra, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista.

[1] José Miguel Gambra, La sociedad tradicional y sus enemigos. Guillermo Escolar Editor. 1.ª Edición. Madrid, 2019. Pág. 10.

[2] Francisco de Vitoria, OP, «Relección segunda de los indios o del derecho de guerra de los españoles en los bárbaros» en Relecciones sobre los indios y el derecho de guerra. 3.ª Edición. Espasa-CALPE, S. A. Madrid, 1946. Pág. 120.

[3] Ibídem. Pág. 146.

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