Nuestra fuerza viene de lo alto

Nuestro deber de la sangre

Vamos a ir publicando en estos días sucesivos las consignas que las monitoras de nuestros Campamentos Legitimistas han pronunciado cada mañana en el acto de izar las banderas. Bajo el lema “Cueste lo que cueste”, la Comunión Tradicionalista ha organizado la primera tanda de chicas en el Monasterio de San Miguel de las Victorias en Priego. Tenemos que felicitarnos porque han concluido con gran aprovechamiento de todas, que han vuelto a sus casas con mucho entusiasmo por la Santa Causa.

Nuestra fuerza viene de lo alto, nuestro deber de la sangre

El hombre necesita la gracia de Dios. Por sí solo no puede alcanzar el fin para el que ha sido creado ni mantenerse siempre fiel a él. Frente a la falsa idea de que basta la voluntad humana, la tradición cristiana nos enseña que toda obra buena encuentra su origen y su fuerza en Dios. Por eso afirmamos que nuestra fuerza viene de lo alto. 

Pero esa fuerza no nos es dada sin un propósito. Hemos recibido de nuestros antepasados una fe, una tradición y unos principios que llegaron hasta nosotros gracias a su sacrificio y fidelidad. No somos individuos aislados, sino herederos de una historia que comenzó mucho antes que nosotros. Esa herencia nos impone una responsabilidad: conservarla y transmitirla. 

Por eso esta consigna nos enseña que debemos, por un lado, mirar al cielo para encontrar la fuerza divina y, por otro lado, mirar a nuestros mayores para recordar nuestro deber. De Dios recibimos la gracia para perseverar; de nuestros antepasados recibimos la responsabilidad de conservar y transmitir aquello que ellos nos confiaron. Esa es la cadena de fidelidad que une las generaciones y da sentido a nuestro esfuerzo.

M.ª Teresa Sellas Vila, Margaritas Hispánicas

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