Honrar la memoria de nuestros antepasados

El que no sabe honrar la memoria de sus antepasados nunca hará nada digno de ser honrado por sus descendientes

Proseguimos publicando las consignas que se han dado en la tanda de chicas del Campamento de la Comunión Tradicionalista.

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Cuando decimos esto no hablamos simplemente de recordar nombres o fechas del pasado. Hablamos de una actitud ante la vida. Hablamos de reconocer que somos herederos de una tradición, de una fe y de unos ideales que no hemos creado nosotros, sino que hemos recibido de quienes nos precedieron.

Para un carlista, honrar a los antepasados significa recordar a aquellos hombres y mujeres que lucharon por Dios, por la Patria, por los Fueros y por el Rey legítimo. Significa comprender que disfrutamos de una herencia espiritual y moral construida con sacrificio, lealtad y entrega. Quien desprecia esa herencia, quien cree que puede vivir sin raíces ni deberes, termina convirtiéndose en un hombre sin rumbo, arrastrado por las modas y las ideas pasajeras.

Pero esta consigna no nos invita solamente a mirar hacia atrás. También nos obliga a mirar hacia adelante. Debemos preguntarnos qué legado dejaremos nosotros. ¿Seremos una generación que conservó la fe, defendió la familia y permaneció fiel a sus principios? ¿O seremos una generación que dejó perder aquello que recibió?

El carlismo nos enseña que cada generación es un eslabón de una cadena mucho más grande que ella misma. Recibimos una tradición de nuestros mayores y tenemos el deber de transmitirla, fortalecida y viva, a nuestros hijos. Por eso, honrar a nuestros antepasados no es un acto de nostalgia, sino un compromiso de fidelidad y de servicio. Porque solo quien es digno de sus padres y abuelos podrá llegar a ser digno del recuerdo y del respeto de sus descendientes.

Mª Teresa Sellas Vila, Margaritas Hispánicas

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