Vamos a ir publicando en estos días sucesivos las consignas que las monitores de nuestros Campamentos Legitimistas han pronunciado cada mañana en el acto de izar las banderas. Bajo el lema Cueste lo que cueste, la Comunión Tradicionalista ha organizado la segunda tanda de Pelayos en el Monasterio de San Miguel de las Victorias en Priego (Cuenca).
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Fue una minoría de doce apóstoles la que cambió los destinos del Imperio Romano tras evangelizarlo. Fue una minoría de mártires la que, durante tres siglos, regó con su sangre aquel basto Imperio para que floreciese la fe y la civilización cristiana. Fue una minoría la que inició en Asturias la reconquista de las Españas contra el Islam. Fue una minoría la que descubrió las tierras de Ultramar y la que las conquistó para Dios, formando un Imperio donde no se ponía el sol. Fue una minoría de carlistas la que comenzó en el s. XIX la verdadera lucha por la Tradición y la que emprendió en el s. XX una cruzada contra la malsana impiedad comunista y republicana. Fue y es, en fin, una minoría la que defiende y transmite la Santa Tradición contra los ataques del Liberalismo y del Modernismo.
La Historia siempre la comienzan unos pocos y, en situación de enfrentamiento, lo que prevalece no es el número sino la verdad de los ideales y la determinación e intensidad con que estas minorías combaten sus batallas.
«El éxito de una minoría resulta de una combinación de fuerzas en virtud de la cual los más sagaces y los más decididos se arriesgan a obtener la adhesión de los menos activos y de la mayoría. En una situación similar, los más apasionados se imponen sobre los menos apasionados, los más decididos sobre los menos fogosos, los audaces sobre los tímidos, los enérgicos sobre los débiles, los más perseverantes y más tenaces sobre los que divagan y tergiversan y, en general, los que saben lo que quieren y lo quieren intensamente sobre aquellos que dudan, cambian de ideas, vacilan y se vuelven atrás».
Al ser unos pocos deberíamos enardecer aún más la magnanimidad, virtud que sobrepuja toda virtud hacia lo perfecto, especialmente en lo difícil del combate espiritual y político en que vivimos. «Mirad -dice San Ignacio- dónde sea hoy honrada la Divina Majestad, ni dónde acatada su Grandeza inmensa; dónde conocida la Sapiencia y dónde obedecida su santísima Voluntad. Antes ved con mucho dolor cuánto es ignorado, menospreciado, blasfemado su Santo Nombre en todos los lugares; la doctrina de Jesucristo es desechada, su ejemplo olvidado, el precio de su sangre en un cierto modo perdido de nuestra parte, por haber tan pocos que de él se aprovechen. Mirad también vuestros prójimos como una imagen de la Santísima Trinidad y capaz de su gloria, a quien sirve el universo, miembros de Jesucristo redimidos con tantos dolores, infamias y sangre suya; mirad, digo, en cuánta miseria se halla en tan profundas tinieblas de ignorancia, y tanta tempestad de deseos y timbres vanos y otras pasiones, combatidos de tantos enemigos visibles e invisibles, con riesgo de perder, no la hacienda o vida temporal, sino el Reino y Felicidad eterna y caer en tan intolerable miseria del fuego eterno».
No se trata de ser muchos sino de SER aunque seamos pocos. Por eso consigna para el día de hoy: «La Historia siempre la comienzan unos pocos».
Ignasi Casas Vicente, Círculo Tradicionalista de Barcelona Ramón Parés y Vilasau
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