Recuerdo mis tiempos de estudiante de Economía, en los que nos encargaban numerosos trabajos de investigación y análisis fundados en estadísticas oficiales, para exponerlos en público y someterlos al escrutinio docente (vade retro, Chatgpt). Entonces, hace casi un cuarto de siglo, disponíamos de medios de obtención de información extraordinariamente pedestres, si los comparamos con los actuales.
En un arranque de morriña y de curiosidad a partes iguales, hace poco me sumergí en la página de Internet de la Seguridad Social que permite generar estadísticas a la carta empleando una infinitud de variables. Por un lado, me di cuenta de que la llamada «Inteligencia artificial» puede proporcionar muchos datos, pero no hay nada mejor que saber qué es lo que se busca, y cuál es la hipótesis de trabajo que se pretende validar con la investigación. Y en ese punto, la investigación personal y el método prueba-error, resultan bastante más eficaces.
El caso es que me puse a comparar las bases medias de cotización a la seguridad social española de sus afiliados, segmentando entre españoles y extranjeros. ¡Pobre de mí, contra quien la sola inspiración de filtrar datos de esta manera despierta la presunción de culpabilidad del delito de xenofobia mental!
Pues bien, la presunción se confirma cuando vemos que las bases de cotización medias a finales del año 2025[1], para el conjunto de los extranjeros (es decir, sin excluir a los ingenieros alemanes o a los informáticos del Este de Europa afincados en España), no llega a los 2.000 euros mensuales, mientras que los del conjunto de los cotizantes (extranjeros más nacionales), se acerca a los 2.400. Eso significa algo más de un 20% de diferencia entre ambos baremos.
Datos como este ayudan a entender las gracias y mercedes con que el liberalismo de izquierda agasaja a los extranjeros, pues al mismo tiempo que constituyen un caladero de votos, ahora mismo conforman el resorte que permite presionar a la baja los salarios en una población que ha multiplicado por diez, en lo que llevamos del siglo XXI, el número de extranjeros escolarizados[2] y que, por tanto, ha comprado todas las papeletas para una versión corregida y ampliada, «estéreo y dolby surround», de la dinámica que arrastramos en las últimas dos décadas.
Así pues, tenemos, nuevamente, a la derecha liberal llevando el cuaderno de bitácora, y a su siamesa la izquierda pilotando el timón, no sin antes tomar como remuneración el preciado botín de un buen pellizco de los sufragios electorales.
Y pobre del que hable de esta realidad, so pena de ser condenado mediática y socialmente como «xenófobo». Serlo es casi como un delito de alta traición a la Patria, viendo los pingües beneficios que genera al capitalismo nacional (perdón, quería decir al interés general). No hay nada mejor que una mordaza para acallar la denuncia de la connivencia entre las distintas facciones del liberalismo, y que, por tanto, la impostada dialéctica política no es más que un juego de párvulos para mantener a las masas adormecidas.
Pronto llegará el periodo vacacional por excelencia en el hemisferio boreal. A su vuelta, nos encontraremos con los mismos problemas, agravados por el mero transcurso del tiempo, como continuación de una deriva que dura, como poco, lo que el actual siglo. Y que conduce a la ruina económica, social, moral y religiosa, porque no se agota en lo económico, ni lo económico es un compartimento estanco de todo lo demás.
Javier de Miguel, Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta
[1] Fuente: https://www.seg-social.es/wps/portal/wss/internet/EstadisticasPresupuestosEstudios/Estadisticas/c9bd51e5-79bc-44f2-9618-14d6094eb585?utm_source=chatgpt.com
[2] Fuente: https://www.elmundo.es/espana/2026/07/23/6a60d87ffc6c83e2338b456e.html Nótese que la paradoja entre cotizantes y menores escolarizados es solamente aparente. Porque el escolarizado extranjero de hoy es hijo del emigrante que llegó antes, amplificado por la mayor natalidad media de los extranjeros respecto de la de los españoles.
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