Paula Gambra, una margarita ejemplar

Buscaba que el carlismo fuera algo vivido, tal y como lo experimentó en su propia familia, y no algo que simplemente se estudia

Paula Gambra

Muchas mujeres se acercan al Carlismo preguntándose qué significa ser Margarita. La respuesta es bien sencilla: ser como Paula Gambra. Para muchas de nosotras, Paula ha sido un ejemplo en todas las facetas de su vida, entregándose generosamente a aquello que consideraba verdadero y bueno. En lo personal, Paula era una mujer profundamente caritativa, siempre dispuesta a ayudar. Quienes tuvimos la inmensa suerte de conocerla guardamos el recuerdo de tantas ocasiones en las que supo ofrecernos el consuelo que necesitábamos. Siempre sabía qué decir para animarnos. Humilde ante quienes elogiábamos su increíble capacidad para conciliar su casa con su labor para la Causa, Paula encontraba la forma de tender la mano sin esperar nada a cambio y de poner las necesidades de quienes la rodeaban, por insignificantes que fueran, por delante de las propias. Quienes admirábamos su capacidad para sacar adelante todas sus tareas, encontrábamos siempre en Paula una respuesta sencilla, sin alardes ni pretensiones. Parecía no conceder importancia a aquello que, para nosotras, sin embargo, resultaba digno de alabanza. La entrega era su manera de vivir. Por eso, cada encuentro y cada conversación con Paula constituían una ocasión para aprender, no mediante grandes discursos ni lecciones teóricas, sino contemplando su ejemplo. A su lado aprendimos qué significa ser Margarita porque ella misma lo encarnaba.

Tal entrega quedó plasmada en una incesante labor organizativa: asumió la gestión de todos los pagos, la confección de las listas de asistentes y la recaudación de fondos para los actos de Cristo Rey, Mártires y otras iniciativas. Tuvo un papel fundamental en la creación de la Candidatura Tradicionalista como partido político y fue ella quien diseñó los carnets de los afiliados inspirándose en el Detente. Con ese impulso, creó la Junta Organizativa de Margaritas, designó a sus miembros y supervisó e impulsó cada uno de los pasos que han dado desde su reorganización. Bajo su liderazgo se convocó el Desayuno de Margaritas y se celebró su primer encuentro presencial en agosto de 2025. Además, mostraba ese compromiso acudiendo a todo acto en el que se solicitaba su asistencia o colaboración, por costosos o difíciles que le resultaran los desplazamientos: como muestra reciente, el primer encuentro del pueblo carlista en Cuenca.

Todo este esfuerzo respondía a su empeño en que el Carlismo no se quedase en algo meramente intelectual, fomentando los lazos comunitarios, organizando reuniones y propiciando encuentros que fueran más allá de lo formativo. Buscaba que fuera algo vivido, tal y como lo experimentó en su propia familia, y no algo que simplemente se estudia. Ese principio la llevaba a buscar un trato cercano y personal con las Margaritas, interesándose por sus problemas, sus dudas y la historia de cómo habían llegado al Carlismo. Destacaba en ella una extraordinaria meticulosidad. Comprobaba cada cita, cada dato y, siempre que se suscitaba una duda, corría a por un libro para solventarla, teniendo habitualmente a mano su querido Royo Marín. Siempre tenía alguna recomendación de lectura y tiempo para después comentarla, analizarla y aplicar en su propia vida lo aprendido. Sin atisbo de orgullo y con una curiosidad genuina y bienintencionada, consultaba sus dudas con quienes creía con mayor autoridad que ella sobre la materia, especialmente con su padre; sirviendo de esta manera de lazo de unión entre las Margaritas y el entonces Jefe Delegado de la CT.

Presentaba el Rosario de los Mártires de la Tradición que nos permite rezar juntos a carlistas de todo el mundo, organizó también encuentros de familias carlistas, acogiendo a todos en su propia casa, entre otras mil tareas y aportaciones, pequeñas y grandes, que mostraban su absoluta disponibilidad y generosidad para con la Causa y para cualquiera que se acercara a ella.

En su casa reinaban el buen humor y la alegría; todos eran bien recibidos, sin que las innumerables tareas que tenía que hacer al tiempo que ejercía como anfitriona, empañaran en nada lo agradable de cada visita. En definitiva, hacía fácil lo difícil. Toda conversación solía adornarla con su particular sentido del humor, valiéndose de anécdotas útiles, propias y familiares, contadas con tanta gracia y tan fina ironía que eran la mezcla perfecta de enseñanza y entretenimiento para todo aquel que tuviera la suerte de compartir una conversación con ella. Cosa que ocurría muy a menudo pues, como ella misma reconocía, era difícil que se quedase sin palabras, porque era una conversadora nata.

Su vida misma fue una respuesta a quienes se empeñan en considerar el Carlismo algo obsoleto o perteneciente al pasado. Paula nos enseñó que el Carlismo sigue siendo una realidad porque ella hizo de él su propia forma de vida. Y precisamente porque, junto a su marido Félix, quería dejar a sus hijos la mejor de las herencias, nunca cejó en su empeño de que el Carlismo no se quedara solo en los libros. Porque así era Paula: ejemplar. Alegre, incluso en medio de las dificultades. Humilde, incluso cuando tenía tantos motivos para ser admirada. Organizada y capaz de sacar adelante lo que para otros parecía imposible. Inteligente, con esa inteligencia práctica que sabe ponerse al servicio de los demás. Y, sobre todo, generosa y entregada. Incansable en la lucha, al servicio de la Causa y de Dios.

Quizá por eso, cuando pensamos en qué significa ser una Margarita, resulta difícil encontrar una respuesta mejor que su propia vida. No necesitamos buscar grandes definiciones. Basta con recordar cómo vivía Paula, cómo servía, cómo cuidaba, cómo trabajaba y cómo quería a los demás.

Gracias, Paula, por todo lo que nos has dado. Gracias por enseñarnos, por comprendernos y por ayudarnos. Tu ejemplo nos guía. Y ahora, cada vez que una Margarita tenga dudas sobre cuál es su papel, podrá encontrar la respuesta en ti. Solo tendrá que seguir una consigna: ser como Paula Gambra.

Margaritas Hispánicas

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