Lo propio del «entrismo» y sus tres modos

A TRAVÉS DE ESTA CATEGORIZACIÓN SE ESPERA ACLARAR UN POCO MÁS SOBRE LO QUE ES EL ENTRISMO Y LA CONSTANTE TENTACIÓN A LA CUAL ESTAMOS EXPUESTOS POR DESESPERARNOS ANTE EL ÉXITO DEL MUNDO

San Juan Bautista reprende al rey Herodes, por Giovanni Fattori

En la serie de artículos titulada «Comentarios sobre el entrismo», se afirmó que se lo puede definir en sentido amplio como la tendencia a entrar en el sistema demoliberal para conseguir el bien posible. Sin embargo, también es evidente que, al movernos en el sistema democrático liberal, necesariamente estamos «dentro» de él, lo que nos puede confundir y errar en nuestro obrar político. Por consiguiente, remarcamos diversos modos de estar en el régimen, porque no se obra del mismo modo cuando se lo tolera, se lo asume por costumbre o se lo acepta por pragmatismo.

Ahora bien, en este  «estar dentro», e incluso identificando al sistema demoliberal como un mal al que se tolera, hay una posibilidad de cometer errores prudenciales que podrían identificarse con el entrismo, por esto, impropiamente se podría afirmar que todo obrar que utiliza las instituciones modernas es cierto entrismo, pero teniendo en cuenta que las acciones no solo se definen buenas o malas por el objeto sino también por el fin, debemos definir al entrismo propiamente como vicio o tendencia que absolutiza el bien posible como fin último, buscando obtenerlo a toda costa entrando en el sistema. En este sentido, no todo acto que utilice las instituciones modernas es entrismo (entiéndase, aquellas instituciones que no obligan renegar de nuestros principios tradicionales o adherirnos a los modernos) sino sólo aquellos en que el fin sea el bien posible en cuanto posible y no en cuanto medios ordenados al bien común. En otro artículo desarrollé por qué el bien común exige estar íntimamente ligado a la restauración del orden tradicional.

Esta distinción se puede aclarar al examinar los modos concretos en que el entrismo se realiza.

1.º Entrismo por imprudencia. Es un error de acción política e impropiamente se lo puede catalogar como entrismo. Se realiza cuando se tolera en exceso, dando lugar a un uso inmoderado de las instituciones demoliberales o confiando en que cierta alianza mal premeditada resultará en beneficio de la tradición, cuando en realidad, sale perjudicada. Además, esto podría generar escándalo en mayor o menor medida, ya que el correligionario se habrá mostrado innecesariamente colaborando con personas o instituciones que, en definitiva, no comparten nuestro fin, sino solo los medios. En este caso, se identifica como entrista el acto, no el sujeto, porque es el resultado de un error por imprudencia y no por principios.

2.º Entrismo tendencial o germinal. Se comienza a ocultar públicamente las convicciones, la doctrina y la sana estética testimonial del carlismo, para obrar en las instituciones modernas con más eficacia. En privado celebra y defiende la doctrina tradicional; en público la disimula, la calla en exceso o intenta compatibilizarla con las ideologías sin mostrar las diferencias fundamentales para lograr un consenso útil. Aquí el sujeto obra a veces como tradicionalista, y otras veces como liberal. Esta apertura al entrismo es originada por ignorancia, confusión en los principios, o también por cierta tentación ante el éxito inmediato de la política mundana.

3.º Entrismo vicioso y corruptor. El correligionario ha dejado de serlo objetivamente: se ha convertido en un liberal que confía ciegamente en la rectificación de las instituciones modernas desde sus mismos fundamentos ideológicos o por un sincretismo entre la doctrina tradicional y las ideologías. Conserva, no obstante, aprecio por cierta estética o por algunas ideas tradicionalistas (aunque públicamente las oculta a toda costa), por lo que aún se identifica como correligionario y sigue frecuentando el movimiento como tal. Además, añade un accionar de proselitismo, impulsando o motivando la participación de los carlistas en las instituciones modernas sin las debidas precauciones, promoviendo asimismo una modernización del carlismo, al que considera demasiado «purista», «cerrado» o «sectario». En este caso, el sujeto ya es entrista por convicción, porque sus principios lo llevan a obrar así, es decir, buscando el bien posible en cuanto posible como único fin, y despreciando al carlismo como poco pragmático y puramente doctrinal.

A través de esta categorización se espera aclarar un poco más sobre lo que es el entrismo y la constante tentación a la cual estamos expuestos por desesperarnos ante el éxito del mundo. Porque como dice Nuestro Señor Jesucristo, muchas veces los hijos de este siglo son más listos que los hijos de la luz (Luc. 16, 8), dándonos un llamamiento a deliberar diligentemente y tomar las precauciones necesarias porque nos envía como a ovejas en medio de lobos (Mat. 10, 16). Pero esta sagacidad no debe ser entendida como una licencia a obrar como ellos, ya que la política mundana no tiene delante a Dios, sino al éxito, y parecen alcanzarlo siendo ambiguos, inescrupulosos y aprovechando con malicia las debilidades de los hijos de la luz. Sin embargo, retando a Dios y su orden, en esta nueva Torre de Babel, solo trabajan para su propio fracaso.

¿de que sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma? (Mat. 16, 26)

Rubén Pérez Gatica, Círculo Tradicionalista del Río de la Plata

Deje el primer comentario

Dejar una respuesta