Sánchez estaba en lo cierto al calificar de atentado contra la «integridad territorial de España» lo sucedido en Ceuta el 30 de julio. Media oración después, el Presidente acusó como culpable a unas misteriosas mafias dispersas en las arenas magrebíes. Para luchar contra ellas, España tenía la suerte de contar con la ayuda marroquí.
Todos los españoles han visto las imágenes de cómo oficiales uniformados alauitas coordinaban la llegada de camiones a la frontera, abarrotados de hombres vestidos de paisano, y cómo los orientaban a la avalancha invasora.
Otra de las versiones falaces desvirtuar la naturaleza del ataque afirma que España tiene un cierto complejo o fijación con la Marcha Verde. A esto hay que responder que, desde su creación en 1956, Marruecos sacó durante la dictadura del General Franco: Cabo Juby (entregada en 1958), Ifni (rendida en 1969 tras la guerra 1957-1958), o la provincia del Sáhara (1975). Territorios que, como las tierras españolas actuales de África, no pertenecieron nunca al sultanato alauita, satrapía sumisa a los otomanos precedente del Estado marroquí actual.
La última intentona estrictamente militar fue la invasión del islote Perejil en 2002, que contó con cierta anuencia estadounidense y francesa, y que España neutralizó por las armas. Pero han sido constantes las oleadas de civiles, de marroquíes y subsaharianos, que el país alauita ha lanzado contra Canarias (donde los conflictos por la territorialidad de las aguas son constantes), Melilla y la propia Ceuta (con un episodio semejante al actual en 2021).
No son hechos aislados. Son pasos en la misma estrategia. España no es la única que lo sufre: Argelia y Mauritania han padecido presiones territoriales similares. La pretensión del Gran Marruecos es la ficción histórica, recogida en la constitución alauita, que moviliza su nacionalismo insensato.
Pero, ciertamente, los recursos empleados contra España son mayores. Esto se debe quizá a las debilidades que Marruecos ha detectado y que explota astutamente. Es el capítulo de la influencia sobre nuestra casta política y mediática.
El PSOE no es el único que se ha prestado, con históricos implicados como el expresidente Felipe González o José Bono (que detentan grandes propiedades en Marruecos), o los exministros Blanco o Trujillo, a la cabeza de fundaciones-lobby regados por Marruecos. Acento Public Affairs, de Blanco, fundada también por Alfonso Alonso (exministro del PP), está enfocada a presionar en los órganos de la Unión Europea.
Para sorpresa de algunos, hace unas semanas VOX sugirió reconocer la posesión marroquí del Sáhara a cambio de la paz de Ceuta y Melilla, a través de su portavoz en la UE. En este momento tan crítico y oportuno, el mensaje fue recogido y multiplicado por la inteligencia y los medios marroquíes. El casi extinto Podemos llegó a tener un agente marroquí infiltrado como asesora personal de Iglesias (Dina Bousselham). A esto se suman las recientes campañas en los últimos años para captar ‘influencers’ españoles por parte de Marruecos con fines propagandísticos.
Podríamos hablar de las campañas diplomáticas contra España, explotadas durante las avalanchas de inmigrantes durante estas décadas. O incluso el hostigamiento de las mafias marroquíes a las patrullas marítimas españolas, que hasta ha resultado en agentes muertos.
Pero todo lo anterior es incomprensible sin el esfuerzo de la inteligencia marroquí, auxiliada oportunamente por la israelí, la estadounidense o la francesa. Por no hablar del uso de Pegasus, en estos días la operación informática Jabaroot ha dejado al descubierto una red de más de 70.000 agentes de inteligencia y de influencia de Marruecos. Pertenecientes a la inteligencia interior y a la inteligencia del aparato militar, salieron a la luz indicios de la planificación del asalto a Ceuta. Como no podía ser de otro modo, Francia expuso hace pocos días a los ‘hackers’ disidentes de la monarquía alauita que realizaron este servicio anónimo.
Así las cosas, ¿cuál es el remedio a esta situación?
Roberto Moreno, Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid
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