Cifras versus Hechos

El mecanismo del Crédito Social es simple en su esencia.

Clifford Hugh Douglas (1879-1952).

Discurso de Clifford Hugh Douglas pronunciado el 6 de junio de 1935 en Toronto. Fue transcrito en los números del 21 y 28 de febrero, y 6 de marzo de 1936, del semanario Social Credit, bajo el título «Cifras versus Hechos», cuya traducción se presenta a continuación. Los subrayados aparecen así en la edición original.

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Cifras versus Hechos

Una revisión del sistema monetario existente y un esbozo de un sistema de Crédito Social para tomar su lugar

Por Clifford Hugh Douglas

Al hablar a una audiencia de este tamaño y diversidad, aunque me siento confiado de su alto nivel de inteligencia, no estoy tan confiado de vuestro conocimiento del funcionamiento real del sistema económico existente, y es difícil al principio saber cómo empezar, pues es un asunto muy amplio. Ha de ser un asunto amplio, porque muchos de sus factores entran en todas nuestras relaciones en la vida. El dinero gobierna nuestra vida física –nuestra vida en sociedad– en una medida casi increíble hasta que vienes a examinar estrechamente el efecto que tiene incluso sobre nuestra educación, oportunidades para viajar, y nuestra perspectiva general.

El dinero tiene relación con el conjunto de la organización de la civilización moderna. Para ponerlo brevemente, él controla casi todas nuestras acciones desde la cuna a la tumba; y es sólo por la muy fuerte combinación de un excepcional carácter, generalmente con gran oportunidad, que es posible a los individuos trascender los obstáculos que nos rodean. Puesto que algunos de nosotros trascendemos estas dificultades –luchamos a través de ellas–, a nuestra perspectiva a menudo se le da un giro peculiar.

Lo que quiero decir es esto. Hay una muy fuerte tendencia en los más exitosos de entre nosotros a suponer que, si hemos en cierta medida trascendido el problema monetario, y hemos obtenido suficiente dinero para apañárnoslas, entonces debe ser un buen sistema. Puesto que nos ha servido y respondido satisfactoriamente para nosotros, a diferencia del gran cuerpo de la gente, vemos nuestro éxito como siendo una de esas cosas de la que nos enorgullecemos. Somos un poco mejor que el otro compañero de la calle.

Todo esto es muy natural, y puedo no tener ninguna objeción particular a ello, a menos que ello nos endurezca dentro de una resistencia a todo cambio. Yo no soy uno de aquellos que consideran al banquero, por ejemplo, como intencionadamente malicioso. Yo siempre más bien estoy inclinado a escuchar a un hombre que pueda jugar bien a un juego, aun cuando sea el juego equivocado, antes de emitir juicio.

No es una cosa mala conocer bien las reglas del presente juego de la finanza. El interés creciente en esta cuestión de la finanza y sus dificultades, no está de ninguna manera confinado a los “sin blanca”. Es un interés creciente entre aquellos que no tienen ninguna riña seria personalmente con el sistema presente. Si el sistema existente es defectuoso, además, debe eventualmente penalizar a cualquier clase. De ahí que el gran interés general que la teoría monetaria atrae ahora, de ninguna manera está confinado a clase alguna.

Hay en todas partes un fuerte apoyo popular, y, de entre aquellos que no tienen ninguna queja seria personal del presente sistema financiero, una creciente apreciación, de la idea de que, como mecanismo, el sistema es seriamente defectuoso. Si es defectuoso, inevitablemente afectará a cualquier fase de las vidas de la gente, y finalmente incluso a aquellos que piensan que al presente tienen el control del sistema. Puesto que esto es así, me gustaría dirigir mis comentarios no sólo a aquellos que están sufriendo del presente sistema económico, sino también a aquellos que piensan que el presente sistema ha servido a su propósito suficientemente bien.

Cuando hablamos del Crédito Social, es bueno dejar suficientemente claro de qué estamos hablando. El Crédito Social puede definirse, pues, como el equilibrio de la diferencia entre lo que tenemos y lo que podríamos tener si no hubiera ningún límite financiero impuesto sobre el consumo. Incluyo en ese equilibrio de cosas que podríamos tener, pero que no tenemos, como resultado de las limitaciones de nuestro sistema, muchos ítems intangibles, tales como libertad económica, la ausencia de preocupación inducida por el estrés financiero, la desaparición de tributación irritante, y de los resultados psicológicos del endeudamiento crónico con los emisores y destructores privados del dinero: todas estas cosas están implicadas, y pueden obtenerse, o recobrarse, mediante un tipo apropiado de reforma monetaria.

Todo este asunto no está más allá de la inteligencia de la gente ordinaria; pero, como resultado de la educación defectuosa y la sugestión sutil, estamos muchísimo en la posición del economista político a quien se definía como siendo un hombre que conoce una gran cantidad sobre lo que “no es así”. El gran problema con la mayoría de nosotros respecto a las cuestiones de economía política es que también conocemos una buena cantidad sobre lo que “no es así”, y hemos sido apoyados en nuestras ideas falsas por un gran número de habilidosas frases y sugestiones insertadas en el lenguaje para el propósito mismo de perpetuar nuestras equivocadas ideas.

Hacedores de dinero

Por ejemplo, se nos dice que el Sr. Jones está haciendo dinero rápido. Como cuestión de hecho, hay sólo tres clases en el mundo que realmente hagan dinero. Ellas son el Maestro de la Moneda de Su Majestad; los caballeros que escriben firmas espurias sobre cheques y obtienen 15 años de trabajos forzados por meterse en problemas; y luego aquellos caballeros que no obtienen “15 años de trabajos”, sino títulos de Sir y baronías porque hacen mucho más dinero que los otros compañeros, esto es, los banqueros.

Los banqueros hacen dinero haciendo pequeñas entradas en los libros. En palabras del Sr. Reginald McKenna, del Midland Bank (el banco más grande del mundo), quien lo admite –como la mayoría de los banqueros hacen hoy día–, “todo préstamo crea un depósito”. Los bancos hacen y destruyen el dinero a voluntad, emitiendo créditos y cancelando el dinero así creado cuando los préstamos son devueltos. Similarmente, mediante la adquisición de un título valor los bancos crean depósitos y mediante la venta del título valor los bancos los destruyen.

Estas tres clases están solas en el mundo como aquellas que realmente crean dinero. Cuando hablas del Sr. Jones el fabricante haciendo dinero, lo que realmente quieres decir es que él ha cogido un poco del dinero que algún otro caballero tenía el día anterior, y el caballero que lo tenía el día anterior tiene menos hoy de lo que tenía. Estas gentes están meramente peleándose por el dinero que algún otro ha hecho.

He insistido en esta cuestión del real hacimiento del dinero en orden a enfatizar que el resto de nosotros que realmente producimos riqueza sólo peleamos entre nosotros para coger lo que podamos del dinero que los banqueros crean… todos excepto el imitador y el falsificador que son puestos en la cárcel tan pronto como es posible por romper las reglas sindicales pertenecientes al oficio.

Riqueza no es dinero

Es a causa de esta pelea que el dinero viene a ser confundido con la riqueza. El individuo no puede obtener riqueza sin dinero. Todos nosotros hemos oído el argumento de que “No puedo hacer esto porque no tengo el dinero”. Es, por supuesto, la otra parte de la comunidad la que hace la riqueza real, cultiva trigo, hila textiles, construye ferrocarriles, barcos, y desempeña ciento y un servicios que van a constituir la civilización y que son pagados mediante dinero.

Imaginad la gran masa de civilización que tiene la labor de producir bienes y que desempeña servicios, que son la sola base de la riqueza. Éstos son pagados en dinero. Mientras que esta gente hace riqueza, sólo unos relativamente pocos banqueros, mediante su fíat, hacen todo el dinero con el que estos bienes y servicios pueden ser reclamados. Su dinero es nuestra única demanda efectiva para los bienes que producimos y lo servicios que desempeñamos.

No haces dinero haciendo bienes. Sólo la clase separada, la organización separada, los monopolistas del crédito hacen dinero. Si has captado esta idea, tienes el comienzo de cualquier entendimiento de este problema, porque te das cuenta de que no puede haber relación real alguna entre una organización enteramente desconectada que tiene el monopolio de la realización del dinero, y la grande organización en el otro lado del libro mayor contable que no es consultada por la organización hacedora del dinero, y no tiene los mismos intereses, porque su interés es coger dinero de sus propias partes constitutivas.

El Sr. Jones, y sus compañeros productores, están primariamente preocupados en coger los unos de los otros la limitada cantidad de dinero en existencia.

Me gustaría sólo interpolar un comentario personal que estoy seguro recibirá la simpatía de todos aquí. Si el presente sistema funcionara satisfactoriamente, no habría por mi parte, en cualquier caso, objeción doctrinal alguna a que los banqueros lo gestionaran. Siempre estoy encantado de ver a otro hombre haciendo una labor que yo mismo podría tener que hacer. Mi objeción al mando del financiero sobre el presente sistema económico es que éste no funciona.

La hegemonía de los banqueros sobre la comunidad

Que los bancos son archiseñores y supremos es admitido por los banqueros mismos. El Sr. Montagu Norman, Gobernador del Banco de Inglaterra, admitió en un encuentro anual de ese banco no hace mucho que los bancos ahora ejercen una efectiva hegemonía sobre las actividades económicas de la comunidad, y sugirió que con el curso del tiempo esta hegemonía de los banqueros se extendería aún más.

El Sr. Herbert Hoover, cuando era Presidente de los Estados Unidos, avisó al Banco de la Reserva Federal que ciertas cosas deberían realizarse. La réplica al Sr. Hoover fue que su nota de esa fecha había sido recibida, “y se le estaba prestando atención”. Y eso fue todo.

El Sr. Walter Leaf, difunto Presidente del Westminster Bank, uno de los Cinco Grandes, dijo: “El banquero es el árbitro del comercio”. El banquero es supremo. Siendo esto así, es razonable acusarle de estas catástrofes que están continuamente sucediendo bajo el presente sistema económico. Si tú tuvieras una empresa industrial gestionada por una junta de directores y ellos hubieran continuamente llevado a esa empresa a una serie de catástrofes, tú dirías lo primero de todo: “Tendremos un nuevo grupo de directores”; y si éste no curara la condición de fallo, tú dirías: “Tendremos una nueva política”.

No hay, pienso yo, paralelo alguno a las sucesivas catástrofes y depresiones durante los últimos 50 años; sin embargo, todos los banqueros dicen: “Oh, sí, hemos cometido errores”, pero su política permanece incambiada. Notaréis que, si tú obtienes en absoluto una réplica a esto de la prominente gente financiera, ellos dicen: “No vamos a cambiar la política. Su administración puede que sea defectuosa, pero la política es absolutamente sana”.

Ésa es la posición al tiempo presente. He estado intentando poner un cuadro general ante vosotros del mundo como es, y quiero enfatizar uno o dos defectos antes de pasar al remedio.

La Gran Dictadura

Una de las primeras cosas a notar es que este sistema incambiante es totalmente autocrático y más dictatorial que cualquier dictadura política de la que jamás haya oído. Pues el banquero, al negarse a extender un préstamo, no necesita dar razón alguna para su negativa. El más grande de todos los dictadores políticos no se atrevería a hacer eso, pues él debe, después de todo, servir a su pueblo. Bueno, tendremos un creciente número de dictaduras políticas, también, a menos que el sistema del control financiero sea cambiado para mejor; y pienso que mis sugerencias resultarían en un cambio para mejor.

Tomad, por ejemplo, la cuestión de construir una carretera. El dinero ha de ser tomado prestado de las instituciones financieras, y hay sólo un argumento aplicado. La necesidad de la carretera no se discute. La institución prestamista quiere saber si el cuerpo prestatario es capaz de extraer en impuestos de la comunidad a la que se sirve lo suficiente para pagarles devuelta con interés.

El sistema no ha funcionado. Ha traído consigo preocupación y miseria, haciendo crecientemente difícil para el individuo mantener su cabeza por encima del agua. Todo esto a pesar de nuestra espléndida posición para producir riqueza real.

Un sistema contable falto

El primer paso en la reforma del sistema financiero es crear una disposición financiera que en todo tiempo refleje las condiciones físicas de productividad. La carretera que acabo de mencionar es riqueza para la comunidad. El dinero requerido en su construcción debería reflejar ese hecho; y así con todos los bienes y servicios. No debería ser posible a la vez y al mismo tiempo tener bienes en abundancia y escasez de dinero para moverlos hacia el consumo. Nuestro dinero, después de todo, es solamente un ticket para reclamar bienes, o un sistema contable; y a ningún sistema contable debería permitírsele mostrar estrechez cuando el sistema económico con el que trata muestra abundancia.

Bajo el presente sistema de control financiero podríamos tener la más grande cosecha de trigo en el Canadá Occidental –la adición de riqueza real a nuestros recursos– y, sin embargo, tener a los banqueros reclamando todos sus préstamos y arruinando a todo granjero en el Oeste. No digo que esto sea probable, pero es posible y no debería ser posible. ¿Por qué, entonces, seguir adelante con un sistema de contabilidad que no guarda relación alguna con la realidad económica, especialmente cuando hay riqueza suficiente para todos, pero solamente una escasez de dinero?

Con semejante posición no puedes tener política real, porque estás basando tus ideas sobre cifras que no tienen relación alguna con las condiciones o hechos. Cuando al dinero se le permita reflejar los hechos te meterás en el campo de la política real, pero no podemos saber qué sea la política real mientras las cifras nos mientan, y las cosas reales, las cosas buenas, tengan que ser retorcidas y arruinadas para adaptarlas a aquéllas.

Mantengo toda sugerencia de sinuosidad fuera de mis discusiones, porque no pienso que haya normalmente sinuosidad. Hay solamente, si me permitís la expresión, necedad. Es mera necedad dejar que los precios del trigo caigan cuando hay una gran cosecha de él, de tal modo que los productores de trigo se vean reducidos a la bancarrota, cuando deberían estar mejor que nunca.

Hay en Canadá espacio para una gran cantidad de legítimo desarrollo, porque, particularmente en el territorio Occidental y Norte, ese desarrollo subiría el estándar de vida de aquellos que viven allí, que es la única razón real para el desarrollo.

Éste no es el caso de Europa, en donde no hay semejante espacio para el desarrollo. La única cosa que los europeos pueden pensar en hacer es levantar un montón de propiedades de capital que no se requieren a fin de que a través de este capital puedan distribuir poder adquisitivo, y luego destruirlas. En otras palabras, están viviendo de su capital. Como sugirió Charles Lamb, cada vez que queremos cerdo asado quemamos la casa.

Ocio

En todos los niveles, los bienes pueden ahora ser producidos con menos y menos horas-hombre por unidad. Hemos trabajado consistentemente hacia ese objeto por generaciones. Y ahora tenemos una actitud hacia el desempleo que es una pura locura, a la vista de los esfuerzos que el hombre ha hecho para reducir el número de trabajo humano requerido en la producción. Habiendo trabajado para obtener ocio, actualmente lo llamamos calamidad. Lo que necesitamos ahora es un método de distribuir bienes producidos a los hombres que, como decimos, no están trabajando. Las razones por las que no lo están, son en gran parte tecnológicas y de nuestra propia creación.

En 1922 el coche Buick requería 1.100 horas-hombre para hacerlo. En 1932 el coche Buick requería sólo 91 horas-hombre. Si piensas sobre esto, te darás cuenta de que, tratar el problema del desempleo como si fuera algo que tienes que curar, es justamente lo que lo llamé: pura locura. Los desempleados son simplemente la clase ociosa conseguida mediante la producción con energía; no deberían ser penalizados por su ociosidad. La energía es la nota clave de la producción hoy, y si nos encontramos capaces, mediante el uso de energía y máquinas, de tener unos relativamente pocos hombres atendiendo las máquinas de la nación, ¿no debiéramos decir que el resultado pertenece generalmente a la sociedad y que el sistema dinerario debería ser revisado y administrado de tal modo que los bienes producidos se distribuyeran de hecho a todos los consumidores en la comunidad?

El único mecanismo, bajo las modernas condiciones, que hace factible la distribución de bienes sobre esa base, es el Dividendo Nacional del Crédito Social. Con el Dividendo Nacional, el hombre “en el subsidio de paro” ya no sería considerado más como un desafortunado, sino más bien sería considerado como uno de los herederos naturales de los maravillosos dispositivos de producción de riqueza con los que la sociedad está hoy equipada.

Un Dividendo Nacional, la solución

Nada se gana introduciendo argumentos éticos en una situación como ésta. Ninguna máquina escucha ese tipo de cosas. Los réditos de la producción deben ser distribuidos, y un Dividendo Nacional es la solución. Los inversores obtienen dividendos del dinero que originariamente era una entrada contable; ¿por qué no deberían todos los miembros de la comunidad?

Bajo nuestro presente sistema, la riqueza del país crece sólo a medida que la deuda crece. Vivimos bajo una economía de deuda, en donde nuestro único recurso es una imposibilidad y una absurdidad, esto es, endeudarnos para salir de la deuda y entrar en la prosperidad. Algunos acérrimos actualmente favorecen el repudio de la deuda más bien que una reforma realista del sistema dinerario. Aparentemente, se dan cuenta de que los únicos términos en los que el juego puede continuar siendo jugado es mediante una continua ruptura de sus principales reglas. ¿Por qué no alterar las reglas?

Con deuda creciendo según la cuarta potencia del lapso de tiempo, la estructura de deuda mundial no puede absolutamente ser reducida, y mientras continuemos sobre esa base debemos continuar tambaleándonos a lo largo bajo una creciente carga de deuda e impuestos sin ninguna posibilidad de escape.

Cancelación

Alguna gente dice que el Crédito Social crearía dinero que se apilaría y apilaría y nunca se cancelaría. Pero es una cosa extraordinaria el que nunca se quejen de un sistema bajo el cual la deuda se apila y se apila y nunca se cancela. Ahora bien, en mi visión es posible efectuar una reforma que funcionaría. Si la deuda bajo el presente sistema crece según la cuarta potencia del tiempo transcurrido, es posible idear un sistema en el que el dinero, representando la riqueza producida del mundo, crecería en esa ratio, y de este modo, con el tiempo, equilibraría o distribuiría la deuda y situaría al mundo bajo una economía de riqueza, como debiera ser, en vez de bajo una economía de deuda, como ahora tenemos.

El mecanismo del Crédito Social es simple en su esencia. Mucha de la deuda de la que he hablado es incluida en los precios, y, al final, los precios cargados por los bienes y servicios deben incluir toda deuda que se devuelva, pues sólo con el recobro de los precios a partir del público consumidor son capaces de ser satisfechas las deudas incurridas al proveer a la comunidad con bienes y servicios. Pero si tú creas poder adquisitivo fresco, libre de deuda, puedes aplicarlo a la reducción de precios.

Existen algunas ilustraciones, incluso hoy día, de la aplicación de ese principio. En Inglaterra, por algún tiempo, los bienes y servicios han estado vendiéndose por debajo del coste, con pagos correspondiendo a los productores a partir de dos fuentes. Esto es, las cosas son vendidas a la comunidad por debajo del coste, y la diferencia entre el coste financiero y los precios de venta reales es compensada mediante retiros de las reservas acumuladas de los individuos privados y de las corporaciones.

Eso, sin embargo, no puede seguir adelante indefinidamente con nuestro presente sistema, pero es la única vía que los fabricantes han encontrado mediante la cual puedan deshacerse para el público de sus mercancías, debido a la escasez crónica de poder adquisitivo de que sufre la comunidad.

Qué es lo que haría el Crédito Social

Bajo el Crédito Social, la fuente del último pago es cambiada. Proviene de la fuente del dinero nacional, no como fondos tomados a préstamo, sino como un pago legítimo por el Estado en nombre de los consumidores. Los productores recuperan sus costes completos y los consumidores obtienen satisfacción de sus deseos a un precio aparentemente por debajo del coste.

Otro ejemplo son los subsidios pagados a las compañías navieras en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Estos subsidios provienen de tributos y préstamos, y permiten a las compañías vender sus servicios por debajo del coste. Bajo el Crédito Social la misma situación existiría, excepto que, lo que ahora es un subsidio proveniente de tributos, no requeriría la imposición de tributos.

Bajo el Crédito Social los bienes han de ser vendidos aparentemente por debajo del coste, con el Estado completando el pleno pago de todos los costes, más beneficio, al productor, en nombre del adquirente individual.

El consumidor ha de recibir un Dividendo Nacional, representando su parte en el incremento proveniente de la herencia común que se ha acumulado para la humanidad a partir de los inventos mecánicos para facilitar y abaratar la producción, y a partir del uso de dispositivos de energía que reducen la cantidad de energía física requerida en las empresas productivas.

Distinción entre riqueza y deuda

Y, finalmente, los costes de capital se proveerían con antelación al devengo de ganancias mediante la provisión de préstamos casi sin costo a la industria con los que financiar la construcción y el equipamiento de planta, etc. Estos préstamos serían devueltos solamente al ritmo anual de deterioro o el ritmo de obsolescencia. Si a las propiedades creadas por la industria no se las permitiera deteriorarse o no se volvieran obsoletas, los préstamos nunca serían pagados, siendo la existencia de los edificios y su equipamiento en sí misma evidencia de riqueza positiva en la comunidad; no, como ahora, evidencia de deuda debida a un emisor privado de dinero.

Con estas condiciones, deberíamos tener un sistema monetario que reflejaría con precisión, en términos de cifras financieras, la creciente abundancia de riqueza real en el país. Deberíamos presenciar la desaparición de las depresiones y la eliminación de las recurrentes olas de bancarrotas y aumentantes facturas tributarias en aquellos períodos en que los ingresos están cayendo.

Las teorías corrientes de “la balanza comercial favorable” meramente significan que donemos a otros países más riqueza real de la que obtengamos a cambio. Con crecientes medios de producción en el interior y disminuyentes mercados en el exterior, la realización de una balanza comercial favorable se está volviendo progresivamente más difícil. El resultado será, con todo, otra guerra para asegurar los mercados de salida para la producción de las grandes naciones productoras, a menos que en el entretanto nuestro presente mecanismo financiero sea reemplazado por un sistema de administración monetaria de Crédito Social.

Qué es lo que ocurrirá después de la próxima guerra, yo no estoy preparado para decirlo, excepto en un punto particular. Nuestra presente teoría de una balanza comercial favorable es meramente un dispositivo más para atrincherar el monopolio del crédito. Es un sistema monetario que, en una era de cambio, no ha cambiado durante al menos 200 años. Pero después de la próxima guerra, nuestro presente sistema financiero, con sus repetidos fallos, es una cosa que no sobrevivirá. Por esa razón yo sinceramente pido a los que lo están administrando, considerar reformas razonables antes de que sea demasiado tarde.

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