En medio de las obligaciones de la mitad de la semana, entre el tráfico y ajetreo propios de la capital colombiana, el Círculo Tradicionalista Santafé de Bogotá con ocasión del centenario de la Guerra Cristera, ha tenido el gusto de contar con la presencia de don Austreberto Martínez Villegas, gran amigo de la Causa y gran historiador, quién estaba unos días por estas tierras neogranadinas. También hemos contado con la presencia del profesor Jesús Arturo Herrera Salazar, miembro de nuestro círculo y segundo conferencista. Además del R.P. don Juan Cañellas Barceló y de nuestro leal amigo Johan Andrés Paloma, y como no, de nuestros leales y amigos que han asistido a nuestro llamado.
Tras la bienvenida y la lectura del orden del día, se introdujo brevemente al auditorio en el contexto histórico y se hizo una presentación de los dos conferencistas.

Iniciando el doctor Austreberto, su exposición recorrió los principales antecedentes del conflicto: la separación de México de la Monarquía Hispánica, los enfrentamientos entre conservadores y liberales durante el siglo XIX, el régimen de Porfirio Díaz y, finalmente, la Revolución Mexicana y el carácter anticlerical de la Constitución de 1917. El avance de las políticas de Plutarco Elías Calles que dieron como resultado a la formación de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa. Las primeras resistencias fueron pacíficas, mediante la difusión de propaganda y el cierre de iglesias, pero ante la falta de resultados terminaron dando paso a la lucha armada.
Bajo los estandartes de Cristo Rey, el Sagrado Corazón y Nuestra Señora de Guadalupe, las milicias campesinas adoptaron el nombre de Cristeros y combatieron al grito de «¡Viva Cristo Rey!». El doctor Martínez destacó la disciplina, la oración, los capellanes y la prensa católica, que formaban también parte de aquella resistencia. Recordó después a algunos de sus mártires, entre ellos san Cristóbal Magallanes, san José Sánchez del Río, los santos Luis Bátiz, Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldán, así como Anacleto González Flores, intelectual, político y mártir. La guerra terminó en 1929 con unos arreglos entre el gobierno y dos obispos, realizados sin conocimiento de los propios Cristeros.
La segunda intervención, trasladó la mirada hacia Colombia. La exposición hecha por don Jesús comenzó con los primeros conflictos de la República y la pretensión del nuevo gobierno de conservar las facultades del antiguo Patronato Real. Recordó el difícil proceso de las relaciones entre la República y la Santa Sede, hasta el reconocimiento de la República de la Nueva Granada por Gregorio XVI en 1836. La tensión volvió a hacerse evidente durante el gobierno de José Hilario López, con una nueva expulsión a los padres de la Compañía de Jesús y alcanzó uno de sus momentos más fuertes en 1852, cuando varios obispos, entre ellos monseñor Manuel José Mosquera, tuvieron que exiliarse.

Más adelante, el profesor Herrera se refirió al gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera, quien en 1861 volvió a expulsar a los padres Jesuitas, además promovió la ley de desamortización de bienes de manos muertas y dispuso la exclaustración de las órdenes religiosas. El Arzobispo de Bogotá Antonio Herrán fue exiliando junto con otros obispos después de denunciar estas medidas. La situación cambió con la unión de sectores liberales moderados y conservadores que desembocó en la Constitución de 1886 y, posteriormente, en el Concordato, que permitió el retorno de la Iglesia a espacios como la educación.
Sin embargo, el profesor Herrera mostró que las tensiones no desaparecieron: durante las décadas de 1930 y 1940 se impulsaron nuevas políticas anticlericales y misiones protestantes, hasta llegar a los acontecimientos del 9 de abril de 1948, cuando fueron atacados la Nunciatura, la Catedral Primada y numerosos conventos, iglesias, capillas y oratorios. Así, la exposición permitió establecer un paralelo entre las experiencias mexicana y colombiana, mostrando que, aunque tuvieron circunstancias distintas, ambas estuvieron marcadas por momentos de fuerte confrontación entre la Iglesia y el poder político.
Con el tiempo limitado, llegó el momento de las preguntas, donde el auditorio tuvo su espacio de resolver varias dudas que surgieron a lo largo de las ponencias. Tras esto, y como era de esperarse, se terminó el encuentro con un álgido grito a Cristo Rey y en medio de la camaradería y la alegría del momento, hubo un ligero compartir que se extendió un tanto más para clausurar algunas dudas. La noche terminó entre conversaciones y fotografías, como una manera sencilla de conservar la memoria de aquella reunión y con quienes nos unimos al eco de una sola voz, clara y firme al recuerdo de los valientes soldados Cristeros:
¡Viva Cristo Rey!

Alejandro Beltrán, Círculo Santa Fe de Bogotá
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