La Corte constitucional y el debate del aborto en Colombia

Corte constitucional de Colombia. H Pinto

La Corte constitucional rechazó el recurso presentado por la jurista Natalia Bernal Cano para anular el fallo en el que la misma institución se había inhibido de estudiar la demanda que pedía prohibir totalmente el aborto. Dicha demanda fue realizada el año pasado por la mencionada Natalia Bernal.

Llama la atención cómo la Corte se inhibe de evaluar tal solicitud cuando está tramitando otras cuatro demandas relativas al tema, entre las cuales podemos citar una que pide justo lo contrario: hacer que el aborto sea legal en cualquier caso. Sin mencionar el hecho de que fue a partir de un fallo de la Corte dictado en el año 2006, durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, cuando se permitió el aborto bajo las famosas tres causales.

Esto confirma la tendencia de la Corte a dar pasos encaminados a la legalización total del grave crimen del aborto. Asimismo, demuestra que, como en otros países, en Colombia la Corte Constitucional acumula demasiado poder y se ve blindada ante cualquier respuesta, gracias a que es, en principio, el organismo que define cómo se interpreta la constitución. Dicha atribución le ha permitido incluso pasar por encima de otras instituciones del Estado en más de una ocasión, incluyendo el congreso. Es problemático no ya porque alguna de estas instituciones honestamente tenga voluntad de oponerse al aborto, sino porque la Corte puede actuar de forma independiente para contribuir a la realización de estos horrores.

Sin embargo, también es importante mencionar que este caso no es aislado. Desde el año pasado hay una aceleración en la actividad de los movimientos abortistas, entre ellos el denominado Causa Justa, precisamente aquel que realizó la demanda que pide que el aborto no sea delito en ningún caso. Evidentemente, esta aceleración no tiene otra razón de ser que la de aprovechar la actual pandemia. Ésta se ha vuelto el centro de todos los debates políticos en el país, permitiendo que cuestiones tan importantes pasen relativamente desapercibidas; mientras que tan sólo unos meses antes de la llegada de la pandemia a Colombia el debate estaba en boca de todos.

Finalmente, vale preguntarse si es posible para los católicos combatir este tipo de horrores bajo las instituciones y la legalidad vigente, o si, por el contrario, no es el mismo régimen actual el que empuja cada vez más a la imposición de la barbarie. Porque los hechos han mostrado una y otra vez cómo fracasa la lucha del conservadurismo liberal, defensor de la constitución, cuando se trata de cuestiones realmente importantes.

E. Jiménez, Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas