La educación no es del Estado

EFE/ Raquel Manzanares

Tras la primera aclaración (aquí) con respecto a qué no es la educación, es turno ahora de realizar una segunda, que logrará el muy deseable desprecio de cualquier lector de tendencia socialista. Si el precedente texto aspiraba a afectar a los lectores libertarios, es la mira de éste urdir lo mismo contra «la izquierda». Hecho necesario para procurar la claridad intelectual que es imposible de alcanzar desde la mirada sesgada de cualquier ideología apriorística modernista.

En la perspectiva modernista, no se parte de la naturaleza de las cosas para legislar sobre ellas, sino de la manipulación de las opiniones variables de «los más» con respecto a esas cosas. Pero «los más» suelen errar. Los constantes desencantos políticos de los votantes victoriosos, por ejemplo, nos dan la razón. Y ante esta forma de legislar solo queda afirmar una verdad: la educación no es del Estado.

El Estado actual, alzado como un Leviatán que asimila todo lo que toca, ha destruido en la realidad política y en la conciencia de las gentes el concepto de comunidad intermedia. Sin embargo, poco o nada hay más necesitado de comunidades intermedias subsidiarias de la familia -a quien pertenece la educación por naturaleza-, que el sector educativo.

Consultemos a cualquier educador de probada virtud y experiencia si puede enseñar exactamente igual un tema sencillo en dos aulas contemporáneas de barrios diversos, o incluso a dos compañeros de una misma aula. Consultemos a una madre de familia si logra educar algún asunto de igual modo a sus hijos sin ejemplos diversos para cada uno. Aún dos gemelos idénticos tienen procesos cognitivos propios, y ni qué decir desarrollos morales, que es el meollo de la educación.

Por esto, si es realmente imposible absolutizar una pedagogía concreta a un nivel tan elemental, necesitando del conocimiento real del alumno hasta el punto de que se suelen desaconsejar las aulas de elevado aforo, ¿cómo pretender que un ente tan lejano a la realidad de cada región, comarca, familia y niño en particular legisle de modo absoluto el qué y el cómo enseñarle?

El Estado podrá y deberá legislar en asuntos universales de bien común en educación, como le corresponde a la autoridad política. No lo negamos. Mas no por ello le es propio meterse en el aula de modo absolutista y arbitrario en todo el territorio que domina. La educación no es del Estado. Es de los padres junto con quienes los subsidian real y cercanamente: la parroquia, las órdenes religiosas locales y los entes intermedios que conocen mejor y más concretamente a cada familia.

Javier G. F.-Cuervo, Círculo Blas de Ostolaza, Perú.