La mujer engranaje

La felicidad de los padres, por Jean Eugène Buland (1903)

Hay un pasaje de Chesterton que ha aparecido de nuevo en los últimos días con ocasión del pasado 8 de marzo. Parafraseándolo, el feminismo sostiene que la mujer es libre cuando sirve a su jefe y esclava cuando sirve a su marido. Con el fin de añadir algunos elementos a esta idea, para el feminismo la mujer es libre cuando marcha semidesnuda, destruye, mata a sus hijos, toma su prescripción diaria de pastillas contra la depresión, paga el alquiler de su apartamento de mala muerte, se pulveriza los ojos frente a un monitor y da su último suspiro en solitario.

La mujer se ha convertido en un objeto tanto para la izquierda como para la derecha (que al final conforman un todo homogéneo). Para el capitalismo rampante, es una empleada más encadenada a la empresa o un símbolo sexual que explota para su mercadotecnia. Para el izquierdista es mera arma política, que si no forma parte del Movimiento es una «adoctrinada» o que, simplemente, no tiene conciencia. Ambos usos de la mujer son, en última instancia, consecuencias del feminismo.

Los liberales conservadores han adquirido el vicio en los últimos años, de intentar reivindicar una clase de feminismo con cierta ingenuidad: el de la «primera ola», cuya raigambre luciferina ya se dejaba entrever por aquellas épocas. Lo cierto es que el feminismo desde sus inicios ha sido un desastre para nuestras sociedades. Ha desintegrado la familia, perjudicado el crecimiento moral e intelectual de miles de jóvenes y atomizado a cada mujer.

Con sus rutilantes y duros dientes, la mujer engranaje es sólo una parte más de esa vil máquina de nuestros tiempos, que escinde la célula básica de la sociedad a su antojo. Aparta a los integrantes de la familia entre sí y da pie a conflictos dentro de ella.

Nuestra «cuestión femenina» contemporánea no debe ser si la mujer eleva su posición social, si se le aumenta el salario, si puede atentar contra la vida de sus hijos o si puede atentar contra la modestia. La cuestión femenina hoy es dirigirla a la libertad que puede encontrar dentro de la familia natural.

Felipe Criollo, Círculo Tradicionalista Gaspar de Rodas de Medellín