El toro de lidia como símbolo de resistencia

R. Gómez

Un animal hispanoamericano demuestra, ante una sociedad progresista y supuestamente filantrópica, pero profundamente misantrópica, que la distinción natural entre animales y personas, la fe católica y la tradición aún siguen acometiendo en medio de esta época indolente, engañosa e insondablemente tonta.

La modernidad ha expuesto entre sus premisas la nueva filantropía. Sin embargo, el hórrido gentío que ha parido prefiere la humanización de las bestias y la deshumanización del prójimo. Mientras miles carecen de lo básico, los estultos hombres actuales derrochan el presupuesto público con aprobación de casi todos en servicios innecesarios y enloquecidos para animales como, p.ej., conciertos caninos.

La misantropía es la actitud de aversión al género humano. Si analizamos todas las peroratas de los biempensantes, podremos hallar que más allá de su falso humanismo, en realidad, esconden un sentimiento de desprecio hacia las personas. Quienes reclaman por los derechos de los animales son los mismos que tuitean, con gran popularidad, en favor de la extinción de la humanidad como solución a todos los problemas medioambientales y sociales.

A pesar de todo esto, aún queda un mítico ser que se resiste a la aberración: el toro bravo, que se yergue en medio del progresismo. Atacado por los activistas, se resiste a cualquier definición de perro faldero que quieran darle. Arremete contra pseudoecologistas y politiqueros, que a pan y circo buscan acabar con su existencia.

Consta de un mensaje que es únicamente comprendido mediante el acto de torear, en el que junto al torero reverbera la universal separación del animal y del anthropos. Ha sido marcado con el hierro que desprecian los iluminados actuales: tradición, creencia e identidad.

Título de fraternidad cultural entre los pueblos hispanos de todos los continentes durante la perversa misantropía moderna, es por igual emblema de normativa y de fe cristiana por el innegable vínculo de la tauromaquia y el catolicismo. Y también es emblema de la tan atacada y olvidada tradición. El toro de lidia, cercano a desaparecer, es uno de nuestros más auténticos símbolos de resistencia.

J. Paloma, Circulo Tradicionalista de la Nueva Granada