Defensa natural de la trashumancia y la Mesta (y II)

Ovejas alineadas en La Ballestera. / J. A. G-M.

Una de las instituciones hispanas de la sociedad tradicional de valiosa raigambre silvopascícola y ecológica más vilipendiadas e injustamente atacadas fue el Honrado Concejo de la Mesta, como explicaba el afamado catedrático Dr. Fernando González Bernáldez (1989). Así contaba que los delirantes y agresivos estereotipos negativos de este concejo se basan en publicaciones no documentadas ecológicamente, como la obra del norteamericano Klein, furioso antimesteño, mientras que la Mesta defendió a brazo partido en innumerables documentos las dehesas de llano y montaña frente a su rompimiento. Cuando Mendizábal liquida la Mesta, apropiándose de todos sus bienes, varios publicistas pagados por los nuevos y avariciosos propietarios inician una histriónica y grotesca campaña para desacreditar a la institución y justificar el latrocinio y saqueo. 

La Mesta significaba el seguro de mantenimiento natural de 20 millones de hectáreas de montes pastados, en donde destacaban las dehesas tanto de llanura de encinas y alcornoques, como de montaña formadas por grandes hayas, robles, castaños, abedules, tilos, mostajos, pinos, abetos y una gran extensión de formidables sotos e inmensas alamedas adehesadas de vega y ribera más toda una matriz de cañadas. En la ciudad de Palencia, donde está el Campus, la Fasa, etc,  se encontraba el espectacular y adehesado Soto  de Santillana, uno de los bosques más extensos de la provincia, que fue desamortizado y destruido en 1840. También multitud de puertos arbolados (pastos de montaña), como los Valles de Pineda en Palencia o los pirenaicos de Pineta. Solo en el entorno de la población de Madrid (Matrix latino de vías pecuarias) había diez descansaderos o arboledas acotadas y protegidos para la Mesta desde Alfonso X, varios de los cuales son hoy los principales pulmones verdes de la ciudad, con el eje mesteño ancestral de la Castellana.

El añorado Alfonso X el Sabio crea el Honrado Concejo de la Mesta para mantener el potencial natural, económico y social de la trashumancia,  donde  en un principio reúne a todos los pastores de León y de Castilla en una asociación ibérica y otorgándoles importantes prerrogativas y ventajas tales como eximirlos del servicio militar y de testificar en los juicios, derechos de paso y pastoreo frente a las roturaciones y la agricultura, etc. 

Así, el 2 de agosto de 1273, el rey Alfonso X concedió la carta de formación de la asociación de ganaderos que cada año se reunían bajo la monumental «haya pomposa», (Sierra de Arandia o Demanda), en una de las muchas y majestuosas dehesas mesteñas de verano  (que recibían localmente otros muchos nombres aborígenes, como zalduak, usak, betato, coutu, devesa, etc)

formadas por copudas hayas en el pastizal, como en otros parajes cercanos de pinos albares, robles, etc, Con este motivo les concede el título de «Honrado» y agrupó como asociación  gremial tradicional a multitud de pequeños ganaderos. El Honrado Concejo de la Mesta fue la primera institución de derecho público en favor de la trashumancia y la conservación de dehesas en Europa, con base legal similar a las agrupaciones célticas de Escocia e Irlanda o las alpinas suizas. La Mesta poseía una impresionante estructura organizativa y jerarquizada con alcaldes mayores, alcaldes locales que velaban por el mantenimiento de los espacios naturales de pasto, representantes de los diversos estamentos ganaderos, etc. 

Para comprender el valor de la Mesta hay que escudriñar las ordenanzas, leyes y archivos inéditos con miles de documentos de la institución. Entonces y si no se atiende a los calumniadores sin escrúpulos se comprueba desde el primer momento que en la institución de la Mesta, en los litigios con los labradores y ricos agricultores aparecía incesantemente su oposición frontal a la roturación de las dehesas de llano y montaña. 

«Que no se rompan las dichas dehesas de agostadero e invernadero» fue la mayor preocupación de la Mesta a lo largo de toda su historia y para lo cual muchos mesteños tenían sus puestos.  Junto a ella se alertaba de «el rompido de cañadas», es decir de la usurpación y roturación de las vías pecuarias: «La medida de las dichas cañadas ha de ser de seis sogas que hacen noventa varas».

Durante siglos la Mesta contribuyó al florecimiento económico hispano. En Florencia la impresionante Arte della Lana (gremio textil de la lana) que empleaba a 30.000 personas y producía las mejores telas del mundo conocido consumía con preferencia la extraordinaria lana merina de la Mesta española, suscitando envidias e intrigas por parte del imperio inglés. 

Los labradores ricos y avariciosos burgueses, ansiosos por apropiarse de las propiedades comunales y monásticas y envalentonados por los furiosos ataques de los autodenominadas «ilustrados» y «de progreso», como Jovellanos (que empleaba el descalificativo de «odiosa»), ya ocupaban y labraban algunas de esas tierras ilegalmente en el siglo XVIII. Para ello urdían una verdadera Leyenda Negra de la Mesta, con sus delirantes calumnias, así como maliciosas acciones, como el reducir el número de alcaldes locales de mesta y sus atribuciones, que vigilaban y alertaban de las ocupaciones y destrucciones. 

Con la excusa de «modernidad» los liberales desamortizadores aniquilaron la Mesta y se apropiaron de todo. Hasta el arca donde tenían el dinero para los sueldos de pastores fue descerrajada por orden gubernamental, apropiándose hasta del último real y medio que tenían. 

La liquidación de la Mesta en el aciago 1836 supuso no solo el artificioso hundimiento de la ganadería de España sino una brutal agresión al patrimonio industrial, comercial, natural y silvopascícola hispano. Significó la sospechosa desaparición y latrocinio de los mejores ganados lanares, que aparecieron y proliferaron en lo que son ahora Australia y Nueva Zelanda, donde prosperaron al máximo. La exportación de lana española finalizó de forma abrupta mientras los ingleses se convertían en los únicos productores. Los hijos de la Pérfida Albión habían conseguido el objetivo de hundir la ganadería de España, pero no se conformaron con eso. Sustrajeron hasta los mismos tréboles de las dehesas extremeñas y castellanas mesteñas. Para ello, a escondidas, consiguieron apropiarse y llevarlos descaradamente a esas australes tierras, donde hoy las pingües y avispadas multinacionales de semillas de la Commonwealth han patentado su producto de origen español y lo venden a precio de oro. 

La prohibición liberal de la Mesta, suprimida de la forma más arbitraria y cruel por la desamortización de Mendizábal y decretada en el 1836 supuso la alteración de los ciclos ecológicos e hidrológicos y la destrucción masiva de dehesas en toda España, fueran de invierno, verano o de tránsito. Golpeó el mayor mazazo a la trashumancia y a sus beneficios naturales, cuyas nefastas consecuencias vemos reflejados en la actualidad a través de megaincendios, mortandades de árboles y desaparición de especies y hábitats. 

Bibliografía 

González Bernáldez, F. (1989). La influencia humana en los ecosistemas forestales. Quercus 37: 34-39. 

Montserrat Recoder, P. (2009). La cultura que hace el paisaje. Eds. Fertilidad de la Tierra. Estella. 240 pp. 

Ruiz de la Torre, J. (1985). Las dehesas del vértice norte de Madrid. Montes 1: 8-14. 

Tejedor, C., Rojo, M. (2021). Investigando la cría de caprinos en los Pirineos Centrales Cueva de Els Trocs (Bisaurri, España). Plos One 16 (1)

 

Dr. Juan Andrés Oria de Rueda de SalgueiroCírculo de Palencia. Profesor de Botánica, Universidad de Valladolid