Representatividad y partitocracia

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Asistimos los vecinos de la agradable villa de Albacete a un hecho insólito, quizá histórico: nuestro consistorio se halla regido por un gobierno bifronte. Sí, han leído bien. No nos referimos a una antañona diarquía oriental; ni tan siquiera a los más cercanos y lamentables tiempos del turnismo de la Restauración decimonónica. Hablamos del ayuntamiento albaceteño, constituido en el año de Nuestro Señor de 2019, tras las últimas elecciones municipales. Como en otros muchos ayuntamientos de la Piel de Toro, ninguno de los partidos en ristre obtuvo la mayoría suficiente para formar gobierno en solitario. Hasta aquí todo normal, desoladoramente normal. La novedad reside en el original pacto de gobierno alcanzado por la primera y la tercera fuerza política en votos, a saber: PSOE y Ciudadanos, respectivamente. Ambas facciones han considerado innecesaria la renuncia a la alcaldía en favor del casual aliado, alumbrando la salomónica ocurrencia de fragmentar la maltrecha institución en dos periodos de igual duración. De este modo, el campeón de los Ciudadanos regirá los destinos de nuestra amada ciudad hasta el 2021, fecha a partir de la cual, cederá deportivamente el bastón de mando al, sin duda, prudentísimo líder de los sedicentes Obreros Españoles, para que pueda apuntillar la legislatura. «¡Qué hermoso ejemplo de talante democrático y tolerancia!», se aprestarían a proclamar los espíritus bien pensantes,  cómodamente situados en la pirámide clientelar. No obstante, aquellos que como un servidor, no hemos sido bendecidos con la bonhomía de la entusiasta clientela, tendemos a ver en tan extraordinario panorama, y sin necesidad de hilar nada fino, una manifestación más del verdadero aliento que anima eso que llamamos partitocracia, y que, en esta ocasión, se manifiesta a escala local  con singular viveza.

Llegados a este punto, conviene aclarar que ese aliento vital de la partitocracia dista mucho de cualquier parecido razonable con cualquier forma genuina de verdadera representatividad. Una representatividad digna de tal nombre solo es posible a través de medios que realmente recojan y encarnen las demandas de aquellos que tienen que ser representados. Dicho a las claras, solo las sociedades intermedias en sus múltiples manifestaciones, son capaces de representar de forma concreta y eficaz los intereses de una comunidad. Porque son instituciones naturales de una comunidad política pueblo, y acogen de modo eficaz y sin fines espúreos, sus demandas profesionales, corporativas, morales o de cualquier otra índole, respondiendo directamente ante sus representados y no ante fantasmagorías  tales como la ciudadanía. Siendo tales sociedades intermedias verdaderamente representativas y honestas en su cometido, compuestas materialmente por sus representados, contribuyen a entretejer de forma orgánica la verdadera voz polifónica de la comunidad, de manera que pueda ser escuchada por el gobierno atento y legítimo.

Los partidos políticos actualmente padecidos, en cambio, dicen representarnos a todos más allá de cualquier función concreta que podamos desempeñar en la sociedad. Es tan ancho su pecho, que pretenden acogernos a todos sin distingo de actividad o categoría. Evidentemente, esto es tanto como afirmar que no representan a nadie en absoluto salvo, claro está, a aquellos que se sirven de los mismos como instrumento de medro y enriquecimiento. Y de todos es tristemente conocido su proceder: en el supuesto nombre de ideologías de diseño, se afanan en provocar problemas y disputas artificiales para ganar adeptos, sin importarles lo más mínimo que con ello se lleven por delante la unidad del cuerpo social. Todo vale con tal de tocar poltrona.

En el colmo de su cinismo, dichas facciones exhiben con todo descaro su absoluto desfondamiento y el papel meramente ornamental de sus supuestas ideas, dando lugar a situaciones como la vivida en Albacete: dos partidos con visiones diametralmente opuestas en lo económico y en lo territorial (en el caso del candidato de Ciudadanos particularmente valiéndose de sus diatribas jacobinas desde su puesto de la dirección de esRadio en Albacete) dejan sus diferencias de lado por arte de birlibirloque para alternarse en la alcaldía. Su verdadero aliento y leitmotiv: las más pura y grosera venalidad. Entre tanto, el pueblo asiste admirado a otro ejemplo de madurez democrática. Allá nosotros.

David Avendaño Ramírez, Círculo Marqués de Villores (Albacete)