¿Existe el conservadurismo económico?

EFE/Ana Bornay

A menudo, cuando nos referimos al ámbito de la filosofía política liberal, distinguimos entre un liberalismo más radical, y otro de tipo conservador (lo que el heterodoxo Hayek consideró la «tradición francesa» y la «anglosajona», respectivamente). La primera responde al espíritu racionalista y moralizante del Estado; la segunda, a la llamada «tradición» (siempre dentro del paradigma de la Modernidad) empirista/evolucionista y de Estado minimalista. En otras palabras, la soberanía del Estado frente a la soberanía del individuo. Ésta última mucho más frecuente en los círculos liberal-conservadores, más defensores de una cierta «tradición» religiosa, y una defensa más acérrima de las denominadas libertades individuales, como una suerte de contemporizador de la revolución.

La cuestión es: ¿puede, dentro del liberalismo económico, establecerse esta distinción entre liberales radicales y conservadores?

En este sentido, parece darse una paradoja, pues del liberalismo francés, más agresivo en la intensidad de su revolución política, se deriva una concepción de la economía fuertemente petrificada en las garras del estatismo. En cambio, del perfumado y modosito conservadurismo emerge una tendencia creciente hacia la absolutización de la des-regulación de los mercados, revolucionaria por lo que tiene de pseudo-anarquista. Dicho con otras palabras, con mero afán gráfico y sin pretender etiquetar a nadie: al agresivo especulador apasionado del laissez faire lo encontraremos más frecuentemente alistado en el bando de las gentes de orden. Y es que el conservadurismo pertenece al burgués, y al burgués solamente le preocupa la forma política en la medida en que no atente contra sus intereses privadísimos. Si hay que revolucionar los mercados con la especulación, se hace, pero que a nadie se le ocurra alterar la escala de valores morales de su comunidad, pues de lo contrario será tildado de revolucionario.

Por tanto, al contrario de lo que ocurre en el pensamiento político, podemos decir que no existe un conservadurismo económico, pues éste no puede fraguarse dentro de los límites del pensamiento liberal sin traicionar lo revolucionario que tiene el capitalismo liberal.

Lo que, en política, el conservadurismo trata de moderar, en economía, hace lo imposible por acelerarlo. En definitiva, liberalismo radical, conservadurismo liberal y socialismo, revolucionan igualmente, solo que con fines diferentes. La miseria moral que el socialismo pone en las almas, el capitalismo la hace realidad en el mercado. Pero, de puertas hacia adentro, sigue el burgués conservador rasgándose las vestiduras por la disolución moral, mientras blinda sus propiedades y sigue dando crédito a sus actividades especulativas, cuyo objeto es precisamente la depravación moral que tanto critica. Business is business.

Javier de MiguelCírculo Ntra. Sra. de los Desamparados de Valencia