La Navidad, motivo de esperanza

La adoración de los pastores, Rembrandt (1646)

Cristo ha nacido. Celebramos un año más esta fiesta de la Navidad, día especialmente señalado que nos recuerda la grandeza de un ser tan pequeño y vulnerable como es un simple niño. Aparentemente son muchos los motivos que nos podrían llevar a caer en la desesperanza, debido a las circunstancias difíciles a las que nos vemos sometidos.

Para aquellos católicos que luchamos por la Paz de Cristo en el Reino de Cristo puede asaltarnos con más frecuencia la duda y el desaliento, pues en ocasiones no palpamos frutos visibles. Sin embargo, este día tan señalado en el año nos alza y nos otorga la fuerza necesaria para la propagación del nombre de Dios en todos los aspectos de la vida. «Todos los confines de la Tierra han visto la victoria de nuestro Dios», reza el Gradual de la Misa de del día de Navidad.

Por eso el carlismo nunca ha buscado las glorias humanas o proyectos mundanos. Las razones por las que hoy día sigue más vivo que nunca no se deben a fijismos dinásticos ni a excentricidades de pseudointelectuales. No. El motivo de la firmeza del carlismo es la lucha por la gloria de Dios aquí en la Tierra. El carlismo no entrega su vida a la instauración de una Monarquía por motivos estrictamente políticos, sino porque sabe que Cristo es Rey, y que la Monarquía hispánica ha sido la manera en que España le ha rendido honores a lo largo de la historia.

 «Ellos perecerán, mas tú permanecerás siempre el mismo». El carlismo no pone su esperanza en personas concretas que pueden fallar en el combate, sino en Aquel que no puede engañarse ni engañarnos, pues sabe que así la victoria es segura. Que este día de Navidad nos recuerde a todos los motivos que tenemos para la esperanza en una victoria que sabemos que llegará a pesar de que no la podamos ver con nuestros propios ojos, pues tenemos la confianza puesta en ese Niño al que le rinden homenaje todos los reyes de la Tierra.

Antonio de Jaso, Navarra.