Reflexionemos sobre el Covid

Gente paseando con mascarilla. EP

Con esta historia del Covid, puede pasar que nos veamos excesivamente inmersos en una espiral que podríamos llamar covidiana, la cual nos impide pararnos a pensar y reflexionar acerca de ciertos disparates que vemos a nuestro alrededor. Esta espiral covidiana consiste en acatar sistemáticamente hasta la última coma de la última medida impuesta por cualquier instancia superior u organismo de «expertos», sin preguntarnos el sentido de esta. De esta manera, nos limitamos a someternos a la gran masa mediática y a la opinión pública, evitando así darle demasiadas vueltas a la cabeza y que nos tachen de negacionistas o conspiranoicos.

La espiral covidiana no conlleva necesariamente una sumisión consciente y explícita; por el contrario, muchas veces, la persona que se ve inmersa en ella simplemente acata las órdenes establecidas para quitarse problemas de encima y poder seguir viviendo una vida más o menos normal. Por eso viene bien pararse a pensar de cuando en cuando y salir de esta espiral, para poner en cuestión ciertas medidas o actuaciones que llevamos a cabo cotidianamente sin darles excesiva importancia.

Por un lado, se puede meditar acerca de la vacuna. ¿Ha sido un éxito o un fracaso? Hagamos el ejercicio de reflexionar, pese al peligro de ser tachados de negacionistas. Dejando de lado la cuestión de los medios empleados para obtenerla, parece obvio que los efectos de la vacuna en la salud del cuerpo, a los efectos de contrarrestar el covid-19 (dejando al margen el tema de los efectos secundarios, que más tarde se trata), son favorables. Así lo muestran los datos relativos al número de defunciones por covid entre la población vacunada y la no vacunada. Desde esta perspectiva, la vacuna parece un éxito.

Sin embargo, si se analiza desde otro punto de vista, se puede aseverar el rotundo fracaso de la vacuna. Efectivamente, el hecho de que reduzca los síntomas causados por el virus no ha tenido como consecuencia aquello que ansía la población, que es recuperar la normalidad previa a la pandemia. Y esto no ha sido provocado porque la gente no se haya vacunado precisamente. En España, a pesar de que casi el 90% de la población mayor de 12 años cuenta con la pauta completa de vacunación, siguen existiendo numerosas restricciones tanto para vacunados como para no vacunados. Así, para viajar o entrar en determinados lugares, no es suficiente con tener las dos, tres o cuarenta dosis de la vacuna, sino, además, hacer constar que se cuenta con una PCR/antígeno negativo.

Es preciso analizar la cuestión del contagio. Pese a la ingente cantidad de población vacunada, los contagios no paran de llegar y, según las zonas, en las últimas semanas se han ido superando los máximos de casos de covid diarios de toda la pandemia. Es paradigmático el caso de Navarra, comunidad en la que se encuentra vacunada el 91,6% de la población a partir de 12 años y que, desde hace unas semanas, se viene superando casi diariamente el número máximo de contagios por día de toda la pandemia (el miércoles 29 de diciembre dieron 3693 positivos, sin ir más lejos).

Se podría analizar también el espinoso tema de los efectos secundarios derivados de la vacuna, deliberadamente ocultados por el poder público y la prensa. Después del endiosamiento de la vacuna, no compensa sacar a relucir los datos relativos a efectos no deseados que esta produce. Cualquier persona que sale mínimamente de la espiral covidiana, conoce, escucha y lee numerosos testimonios de personas afectadas por este grave problema.

Faltarían abordar numerosos asuntos más, como la cuestión de la obligatoriedad de la vacuna, la postura de la Iglesia al respecto (en Eslovaquia hay ciudades en las que se prohíbe la asistencia a Misa si no se está vacunado. «Vacunarse es un acto de amor»…dijo Francisco, la legitimidad de las medidas impuestas… Como se ve, se han tocado distintos temas, sin una intención sistemática ni exhaustiva por mi parte. Tampoco es mi intención ofrecer conclusión alguna. Simplemente valgan estas breves líneas para poner en duda falsos dogmas e invitar al lector a debatir y reflexionar, de manera que salga de la espiral covidiana en la que inevitablemente nos vemos todos inmersos de vez en cuando.

Antonio de Jaso, Navarra.