Artículos de la Candidatura Tradicionalista

CTRAD: Situación política de España ante la nueva escalada de la pandemia

El inicio de lo que el sistema da en llamar «el nuevo curso político» se está caracterizando, desgraciadamente, por una continuación del caos en el orden político, encabezado por un gobierno frentepopulista, el cual, cabalgando en la pertinaz mentira, se muestra incapaz de resolver el problema sanitario. A mayor abundamiento, este gobierno ha trasladado la gestión de la crisis a las Comunidades Autónomas, sea cual sea su signo político, deseosas de ampliar sus cotas de poder aunque sea a costa de la salud y el trabajo de los gobernados. No obstante, tanto unos como otros han decidido trasladar la responsabilidad al pueblo español, criminalizando sus actitudes, su manera de vivir y de sobrevivir. Probablemente sea el único país occidental donde se haya dado esta situación: los culpables del aumento de contagios y muertes son los «ciudadanos». Con tristeza constatamos además que esta idea ha calado con cierto éxito en la propia sociedad española.

No obstante, el liberalismo da pasos para la recomposición política y el apuntalamiento del régimen. En primer lugar, realizando una pertinaz propaganda, carente del más mínimo pudor, a fin de ampliar los mecanismos de control social. Por poner algunos ejemplos: la cuasi proscripción del ejercicio del Culto, el impedimento a las familias para que puedan reunirse, o que puedan despedir a sus fallecidos. A mayor abundamiento, la pertinaz agresión a nuestro modelo productivo, que si bien es poco modélico, es el que hay: la limitación de los aforos en los locales de ocio, la proscripción espectáculos públicos, especial ensañamiento con los festejos taurinos, la prohibición de fumar etc., todo ello sin el más mínimo contraste científico; creando una absoluta impotencia en los pequeños empresarios. La intención principal es generar tal preocupación en la sociedad que ésta se vigile a sí misma y exima de responsabilidad a los verdaderos culpables del desastre.

Los tradicionalistas en anteriores comunicados hemos insistido en la responsabilidad prudencial y el acatamiento a las medidas adoptadas, pero ello no nos exime de la crítica al poder político, sea del ámbito que sea, en la gestión de la crisis.

Otro de los elementos clave en la implementación del control social es la ideologización exasperante de la crisis que estamos viviendo. Sin ningún rigor científico se relaciona el virus con el alarmismo climático, desde anuncios televisivos de bebidas, pasando por los informativos y los medios de comunicación escritos. El alarmismo climático es la mejor herramienta de control social pues juega con el miedo insuperable de las poblaciones, de ahí que sea pertinente enlazarlo con el virus pandémico.

En esta ofensiva ideológica, el gobierno frentepopulista no da tregua a su programa destructor: no se paralizan o se posponen, sino que se da prioridad a iniciativas legislativas como la eutanasia, la «memoria histórica» o la protección desnaturalizada del llamado «género». El Parlamento no se detiene, encontrando escasísimas resistencias en su seno.

Por el contrario, parece no ser prioritaria la defensa del llamado «Estado Social»; la labor destructiva de nuestra economía, el empobrecimiento generalizado no parece que sea objeto de una mayor atención por parte de los gobernantes: la minoración de ingresos a los funcionarios y pensionistas, que se ve venir, pone en cuestionamiento el mito del Estado del bienestar, arma propagandística del liberalismo finisecular. Frente a esta ruina económica, la banca se fusiona, y los contribuyentes pierden de un plumazo 24.000 millones de euros invertidos por el Estado en el reflotamiento de Bankia. De ahí la actitud gregaria y borreguil de los representantes del IBEX, con la progresista Botín a la cabeza, aplaudiendo con arrobo y sumisión al Presidente del Gobierno.

Apuntemos el intento, por ahora fallido de expolio de los municipios en una suerte de nueva desamortización pretendiendo prestar una mínima cantidad de dinero a éstos por parte de la hacienda central, previa confiscación de todos sus remanentes, cuantitativamente muy superiores. Se hace necesario que los municipios busquen nuevas fórmulas de defensa de sus intereses, liquidando a la FEMP, institución desnaturalizada que no defiende en modo alguno la autonomía municipal y que ha sido una eficaz colaboradora en este intento de confiscación.

Finalmente hemos de referirnos a otro de los baluartes del liberalismo que se tambalea como un castillo de naipes: la educación y la estrategia de reapertura de los colegios. Para el Carlismo, es incuestionable el derecho y la obligación de los padres de educar a sus hijos. El Estado no es dueño de nuestros hijos, por mucho que lo proclame, ni los padres son simples representantes del Estado en esta materia. Constatamos la incapacidad del Estado (central o autonómico) de haber establecido criterios racionales y no arbitrarios para encauzar la apertura de colegios (aulas burbuja, imposibilidad de que los niños se relacione o hagan actividades extraescolares). Estamos radicalmente en contra de las amenazas del poder político de sancionar a los padres que se resistan a llevar a sus hijos al colegio. La salud es lo que menos les preocupa, pues la obsesión primigenia es contaminar a los niños en los colegios del virus letal del liberalismo y de todas las derivaciones corruptoras postmodernas.

Los tradicionalistas debemos por todos los medios enfrentarnos a todos estos problemas. No representamos un proyecto ilusorio si combatimos con denuedo la perversión del liberalismo y de su sistema político; más aún en estos momentos donde la crisis sanitaria permite experimentar nuevas reformulaciones del Nuevo Orden Mundial, en un sentido exponencialmente negativo para las sociedades y, en concreto, para nuestra Patria.

Confiemos en que la Providencia protegerá nuestros desvelos y acciones.

Junta de Gobierno de la CTRAD
18 de septiembre de 2020