El 8 de diciembre de 2025, día de la Inmaculada Concepción de María, nos dirigimos mi esposa y yo a una bella iglesia de Cádiz. Éramos dos simples fieles más, solamente un matrimonio cristiano amigo de la tradición. Queríamos ofrecernos, a título personal y como cónyuges, a Nuestra Señora; dedicarnos a su causa, defenderla y proclamar a los cuatro vientos que es nuestra Madre; que su maternidad divina es algo tan grande, que no puede ser reducida a cálculos ni a oportunidades humanas, demasiado humanas. Aquella que venció a la serpiente no puede ser silenciada.
Nos sentamos los dos solos junto a una de las capillas laterales del templo, en que la imagen del beato Diego José de Cádiz, poderoso centinela de la tradición, ofrece su incasable ayuda; llevábamos el bello texto de la jura corredencionista, en comunión con nuestros amigos del Círculo Tradicionalista de Baeza; y un Evangelio. Qué pasaje tan sublime el de la Anunciación; glorioso fiat, que nos valió un Redentor.

Frente a nosotros, en el centro imponente del retablo, la Madre con su Hijo, rostro con rostro, mostrando al mundo un resplandor que va más allá del orden de la gracia. Porque la maternidad divina alcanza el orden hipostático: Santa Dei Genetrix: la Madre abraza al Hijo, y el Hijo le está sujeto. El Hijo nos salva, también, desde ese abrazo.
Con la mirada puesta en la Virgen con el Redentor en los brazos, leímos el texto del ofrecimiento corredencionista en voz baja, y pedimos su ayuda.
Madre santa y dolorosa, que ofreciste a tu Hijo y a ti misma por todos nosotros, no nos desampares, atiende nuestras necesidades con el amor que sólo puede tener una madre; condúcenos a tu Hijo Redentor.
Divino y único Salvador Nuestro, concédenos la gracia de honrar a tu Madre como tú la honrabas, y darle el papel decisivo que tú le dabas. Ayuda a nuestra familia y a todas las familias, a nuestra patria, y a todos los anhelos de santidad, que Tú mismo suscitas con tu gracia. Amen.
Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix.
David Mª González Cea
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