La Comunión Tradicionalista, y particularmente su Círculo Sacerdotal Cura Santa Cruz, convocó a comienzos de 2026 un Encuentro del Pueblo Carlista para estrechar lazos de amistad entre correligionarios y simpatizantes, en un ambiente familiar y popular. La iniciativa ha sido unánimemente celebrada, como acredita la magnífica acogida que ha tenido.
Con casi 200 inscritos, el evento comenzó a mediodía el viernes 1 de mayo, fiesta de San José obrero. El marco del encuentro fue un bellísimo enclave de la Alcarria, hasta donde se desplazaron leales de todas las regiones de la Península e incluso de fuera de ella. El lugar de alojamiento era también idóneo por su íntima vinculación a la historia de las Españas grandes que el Carlismo, en su modestia, continúa: se trata del Monasterio de San Miguel de las Victorias. Fernando Carrillo de Mendoza, conde de Priego, mayordomo mayor y consejero de Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto, fue comisionado para comunicar la gloriosa victoria al Papa Pío V en Roma y fundó el convento. Sus muchas habitaciones, otrora celdas, permitieron albergar a las múltiples familias numerosas y demás asistentes. 
Tras el reparto de habitaciones, la celebración de la santa Misa según el rito romano tradicional sirvió de pórtico celestial al encuentro, y no en vano el Rvdo. P. Juan María Sellas destacó en su homilía que los días sucesivos habían de servir como un pequeño descanso (estamos llamados a descansar en la bienaventuranza eterna), pero también para afianzarnos en el buen combate por la Santa Causa, conociendo mejor sus doctrinas y fortaleciendo la comunión de entendimientos, afectos y voluntades entre sus soldados. Encareció finalmente a San José como padre según el Espíritu de Nuestro Señor Jesucristo, y como modelo en toda lucha católica en pos de la Legitimidad.
Tras el primer almuerzo y las primeras conversaciones distendidas entre los asistentes que habían ido llegando, se inauguraron formalmente las jornadas con unas palabras introductorias del P. Sellas, que subrayó las finalidades del acto y recordó con gratitud a varias autoridades de la Comunión Tradicionalista que no pudieron estar presentes: en particular al Rvdo. P. José Ramón García Gallardo, al Prof. José Miguel Gambra y al Prof. Miguel Ayuso. A continuación, presentó a los oradores de la primera charla-coloquio: Juan Oltra, que reflexionó sobre la significación auténtica del pueblo carlista en contraste con sus desnaturalizaciones, animando a éste a ser más «pueblo» y más «carlista»; y Daniel Deogracias Herrán, que prolongó esas consideraciones ilustrando el concepto de «pueblo» recurriendo para ello al primer fuero de España: la Carta Puebla de Brañosera. La animada tertulia permitió plantear comentarios muy pertinentes sobre la misión del Carlismo en nuestros días, el peso político de la familia, etc.
Finalizada esa primera sesión, y tras el rezo de los misterios dolorosos del santo Rosario, la cena —magníficamente servida por un sacrificado y eficacísimo equipo de cocina— dio paso a una larga sobremesa que fue amenizada por los hermosos cantos carlistas que compartió con nosotros la familia Ferrando.
La mañana del sábado amaneció algo nublada, pero la amenaza de lluvia no impidió que —tras el espléndido desayuno— una extensa comitiva de boinas rojas se dirigiese hasta las ruinas del Convento de Nuestra Señora de El Rosal, habitado por monjas concepcionistas hasta que sus moradoras fuesen expulsadas en agosto de 1936 (habiendo sufrido también previamente los efectos de la desamortización en 1835). El Prof. Juan Andrés Oria de Rueda comentó los aspectos más salientes de su historia, y nos brindó interesantísimas explicaciones sobre la flora de ese entorno natural.

Tras reponer fuerzas, el camino de regreso al monasterio en que nos alojábamos culminó con el santo sacrificio del Altar, para el cual tuvimos la bendición de contar con un presbítero valenciano que se desplazó expresamente al efecto y que celebró con gran unción y esmero. Durante la homilía, inspirada y vibrante en su sencillez, destacó la figura de san Atanasio como modelo en la proclamación de la verdad, del combate contra el error y de la vivencia serenamente sobrenatural de la persecución como realidad connatural al cristiano. Hablando del martirio mencionó la existencia de un ordo temoris, envés del ordo amoris: hay que temer, sobre todo, a quienes pueden matar el alma, relativizando el resto de temores que puedan susurrársenos en este valle de lágrimas. La Misa, que fue cantada como también la del domingo, contó con un coro excelso compuesto por músicos profesionales.

Al ágape divino siguió el humano, disfrutando de tres copiosos platos que fueron elogiados por todos los comensales. Nuevamente, la sobremesa marcó el paso a las sesiones formativas y a las tertulias de la tarde, dirigidas respectivamente por Paula Gambra, delegada de las Margaritas hispánicas, que ofreció una brillante reflexión sobre «el papel de las Margaritas y la importancia de la mujer como corazón del pueblo carlista», con una lectura muy honda de esa misión cordial de la mujer carlista; Daniel Herrán, que extrajo lecciones de gran actualidad sobre el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808, en cuya efeméride nos hallábamos; y, por último, Javier de Miguel, que centró su lúcida intervención en la dimensión económica de la masificación, enemiga del pueblo y de su sociedad más básica que es la familia. Sería imposible glosar en pocas líneas las nociones expuestas en las tres ponencias magistrales, que ameritan su íntegra publicación para ser debidamente asimiladas por todos.
La cena sabatina fue seguida por dos de las actividades más entrañables y memorables del encuentro. En primer lugar, una velada en la que tomó la palabra Jesús Ferrando, Jefe regional del Reino de Valencia y patriarca de una de las familias más arraigadas en el Carlismo. El veterano legitimista, concitando en todo momento la expectación del auditorio, cumplió fielmente su encomienda: narrar algunos episodios y anécdotas memorables de su estirpe, modelo de familia carlista, envuelta en el heroísmo y la santidad de la entrega a una Causa transmitida de generación en generación: «ser carlista era para mí algo tan natural como respirar». El Jefe levantino concitó la atención de todos los presentes mediante dosis sabiamente combinadas de solemnidad, fervor religioso-patriótico, piedad familiar y sentido del humor. Sus narraciones, que debieran ser recogidas por escrito para la posteridad, fueron intercaladas con bellas canciones populares carlistas que contaron con los talentos musicales de Encarna Romero, esposa de D. Jesús, y que entusiasmaron a niños y jóvenes (y no tan jóvenes).

Posteriormente, en la segunda parte de la velada, Guillermo Calvo hizo una encendida oda al folklore popular —expresión de arraigo local y de tradición comunitaria frente a la disgregación individualista—; especialmente el de la Castilla profunda que él lleva en su sangre, instruyéndonos sobre la ancestral fiesta de Los Mayos y deleitándonos con el rabel que él mismo ha confeccionado artesanalmente. A él se sumaron poco después Daniel Herrán y Santiago Baño, cerrando la velada a los compases del Oriamendi y de la Marcha Real.
Para concluir el día, una procesión con antorchas hasta la entrada del templo fue acompañada de oraciones y cánticos marianos, finalizando la jornada consagrando nuestras familias, nuestra Comunión y las Españas a la Reina de todo lo creado. Tras la consagración, numerosos correligionarios permanecieron varias horas más entre música y alegría.

El domingo, día de la Unidad Católica de España, comenzó con la Santa Misa, nuevamente cantada, y el sermón del preste elucidó el modo legitimista en que hemos de trabajar por la restauración del Reino social de Nuestro Señor, dando una lucha según el espíritu, comenzando por recordar que la oración es el alma de todo apostolado político; que el vencimiento de uno mismo y la conversión permanente son imprescindibles para dar buena batalla contra los enemigos de Cristo Rey; y que sin vida interior de sus soldados no hay auténtico legitimismo ni victoria posible para la Causa.
Y así, tras el desayuno, que terminó con una calurosa ovación a los responsables de cocina (Mónica Caruncho, Clara Gambra, Ramiro Sánchez Cueto, Teresa Sellas…), llegó el acto de clausura. Primero se proyectó un vídeo en que diferentes presidentes de Círculos repartidos por todo el orbe hispánico; así como Valentim Rodrigues, representante de Causa tradicionalista; y Miguel Ayuso, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, transmitieron su más afectuoso saludo a los participantes en el Encuentro. Posteriormente, el secretario de la Candidatura Tradicionalista y delegado de las familias carlistas, Diego Baño, clausuró oficialmente el acto, con una encendida arenga que llamó a la perseverancia y sirvió al tiempo para agradecer a los organizadores y a los demás voluntarios (incluyendo, entre otros, a quienes se hicieron cargo de las actividades y juegos de los infantes) todos sus esfuerzos.

El Oriamendi, los vivas de rigor y las inevitables despedidas pusieron fin al Encuentro: en la atmósfera se respiraba la sensación de haber sido partícipes de un acontecimiento realmente memorable así como el deseo de su próxima reedición.

Agencia FARO / Círculo Sacerdotal Cura Santa Cruz
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