Papeles para las gallinas de Hacienda

¿Y la libertad del campo? ¿Y la España que se cría entre bancales, espigas y cacareos? Esa no cabe ya en la normativa. Nos la han esterilizado con un BOE

Vivimos tiempos gloriosos. Tiempos modernos, progresistas, digitales, interseccionales, tocando ya el cielo en la tierra y… controlados al milímetro. El ser humano podrá no saber quién es, de dónde viene ni a dónde va, en esa autopercepción fluida no binaria libre de toda opresión y demás sandeces, pero el Estado sí sabe cuántas gallinas tienes, si ponen huevos, dónde duermen y si han tenido contacto con un gallo sin su debido consentimiento documental. El futuro ya está aquí.

Desde hace unos años, pero ahora con más celo que nunca, las autoridades exigen que usted, querido españolito de a pie, registre debidamente a sus gallinas. Sí, a sus gallinas. No hablamos de una granja industrial de miles de aves. Hablamos de las tres ponedoras que usted tiene en el corral, entre la leña, el pozo y el olor a romero o maíz. Esas que dan los huevos que no sabe si freír o declarar en Hacienda.

Porque ahora resulta que tener gallinas sin registrar es poco menos que un atentado contra la bioseguridad europea, un crimen contra el sistema agroalimentario, y una potencial amenaza sanitaria a nivel interplanetario. No tenerlas documentadas, con su código de explotación, sus trazabilidades, sus números de lote y su huella fiscal, es exponerse al anatema administrativo, a la visita del veterinario del politburó, o a la multa que te deja sin abono ni pienso, pasando a peor vida que la de las gallinas.

¿Y la libertad del campo? ¿Y la España que se cría entre bancales, espigas y cacareos? Esa no cabe ya en la normativa. Nos la han esterilizado con un BOE. Nos la han metido en una jaula burocrática. Ahora lo natural es sospechoso, lo espontáneo es irregular, y lo tradicional, sencillamente, está en peligro de extinción… salvo que lleve chip, certificado y una etiqueta QR pegada en el trasero, por donde el Señor ha decidido que salga el huevo.

Nuestros abuelos criaban gallinas sin más ciencia que el alba y la cosecha. No tenían un máster en sanidad avícola, pero sabían que una gallina feliz, suelta y picoteando libre, ponía mejor huevo que la de la tienda (cuando había tiendas). Hoy, si don Manuel quiere seguir con la tradición y darles a sus nietos un huevo frito de verdad, tiene que darse de alta como explotación avícola, cumplir con el Real Decreto 637/2021, declarar el número de aves y rezar para que no le exijan un Plan de Igualdad para las gallinas.

¿Y qué viene luego? ¿Un psicólogo de la Junta para valorar el bienestar emocional de las gallinas? ¿Un inspector del Ministerio de Igualdad para verificar que no hay machismo en el gallinero? ¿Cursos obligatorios de perspectiva de género animal? ¿Campañas del «no es no» entre gallos insistentes?

El humor se nos agota, pero no la ironía. El Estado que permite que niños de 6 años reciban talleres de diversidad sexual en clase, persigue a una abuela que tiene 5 gallinas sin declarar en el patio. El sistema que legaliza todo tipo de aberraciones morales, no tolera que el señor Manolo tenga gallinas sin sello CE. Porque la libertad rural, la autosuficiencia, el vínculo con la tierra, molesta. Porque el que cría su comida no necesita tanto al supermercado, ni a la cadena, ni al subsidio: es libre, con esa libertad que le da su campo.

Señores, el gallinero ha sido intervenido. El cacareo libre ha sido censado. La gallina que cacarea sin papeles ya no es una gallina feliz buscando entre la hierba ese insecto que le alegra el día: es una delincuente.

Y usted, si aún tiene algo de alma rural, si aún recuerda el olor a heno, a hierba cortada, a leña apilada, a cocina de hierro, a pan recién hecho, a carne salada de arcón, que todavía recuerda el gran día de la matanza,  guarde silencio. O mejor, hágase el loco. Pero no lo diga muy alto, que igual le multan por gallinofobia estructural.

¿Desea usted tener gallinas? Regístrese, declare, pague, y obedezca. El huevo ya no es suyo. Es del Estado.

Roberto Gómez Bastida, Círculo Tradicionalista de Baeza

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