El municipalismo como forma de la tradición política en el Uruguay

los procesos tanto del militarismo como del civilismo provocaron un incremento en la centralización del poder político

Municipios y su resultado electoral (2025)

Considerando que hace pocas semanas han asumido en el Uruguay los cargos de intendentes y alcaldes en los diferentes departamentos, resulta conveniente escribir sobre la historia del municipalismo y los gobiernos regionales.

Actualmente la república cuenta hoy con 136 municipios y 19 intendencias a nivel nacional, pudiendo tener un propio gobierno localidades de menos de 2.000 habitantes, el país mantiene una costumbre y una tradición política que proviene del período hispánico.

Durante el coloniaje, la Banda Oriental se dividió entre las gobernaciones de las Misiones y de Montevideo, así como en los diferentes pueblos con los cabildos. Durante el siglo XIX, Montevideo desarrolló un movimiento autonomista encarnado en el realismo leal a la Corona, ejemplo de esto puede ser la Junta de Montevideo (1808-1809), los pedidos para un obispado en la ciudad (1809) y el proyecto para establecer un consultado de comercio (1795-1812).

Una vez independiente, la mayor defensor del municipalismo fue la divisa blanca, que luego constituyó el Partido Nacional y decayó en el liberalismo y numerosos errores políticos, pero que pese a esto durante buena parte del siglo XIX defendió los derechos de la autonomía local frente a la voluntad centralista y liberal de la divisa colorada.

Manuel Oribe

Es de destacar que Manuel Oribe contó, durante buena parte de la Guerra Grande (1838-1850), con los llamados Batallones Vascos como aliados conformados por voluntarios carlistas exiliados en nuestro país, que se sumaron a la divisa blanca para enfrentarse a las pretensiones centralistas de los colorados.

Tras la guerra, los dos gobiernos con mayoría blanca que fueron el del Triunvirato de 1853-1854 y la presidencia de Bernardo Berro hasta 1864, fueron derrocados por dos invasiones provenientes del Brasil, que procedieron a instalar gobiernos vasallos y que promovían el centralismo de la capital.

A partir de ahí, los procesos tanto del militarismo como del civilismo provocaron un incremento en la centralización del poder político, así como el inicio de la secularización del Estado que, a pesar de las constantes rebeliones de los blancos no pudo ser frenada.

La política centralista y estatista fue avivada violentamente por el infame Batlle y Ordoñez, con una fuerte oposición de su propio partido, numerosos sectores blancos y el partido católico del Uruguay, bajo nombre de Unión Cívica, quienes lograron establecer un frente común contra estas políticas.

Los gobiernos municipales lograron un período de gran autonomía entre 1918 y 1933, en donde, tras la reforma constitucional de 1918, los blancos miembros de la Asamblea Constituyente promovieron que los gobiernos departamentales y municipales fuesen electos por medio del voto, tuviesen autonomía impositiva y presupuestos separados.

Esta autonomía fue anulada en la Constitución de 1934, y si bien en el año 2009 fueron restaurados, las atribuciones de los gobiernos municipales son mucho menores a las tradicionales.

Pese a esto, debemos destacar que si bien los municipios no tienen tantas atribuciones, sí lo poseen las intendencias, habiendo departamentos con menos de 30.000 habitantes con las mismas potestades que la intendencia de Montevideo.

Mateo da Silva, Círculo Tradicionalista San Felipe y Santiago de Montevideo

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