Tunku Varadarajan ha publicado hoy en el Wall Street Journal un interesante artículo de opinión que lleva por título «The Most Successful Dictator of Modern Times». Siguiendo los juicios y estudios de Stanley Payne, el autor realiza un balance sobre la figura del general Franco con elementos que juzgamos de interés.
Distingue Payne la figura de Franco de los grandes dictadores del siglo XX, apuntando a que su gobierno más que dentro de los totalitarismos habría que encuadrarlo dentro de un ejercicio autoritario.
El autor norteamericano apunta a que su figura ha de leerse según diversas claves. Primeramente, ha sido juzgado desde la izquierda con fanatismo ideológico y desquiciado, que –en figuras como Preston– emplea el término genocidio alegre e incorrectamente para referirse a la persecución de los opositores al régimen. Los hechos apuntan, más bien, a que su severidad no fue causa, generalmente, de arbitrariedad. Más bien del principio de necesidad, que Payne fija en la persecución masiva de la izquierda a los discrepantes, el hundimiento institucional con la irrupción del Frente Popular y la radicalización ideológica a la que condujo el régimen republicano español. El estudio histórico de estos desmanes llevó a Payne –según confiesa– al abandono de las posturas izquierdistas que sostuvo antes. Crítica histórica que le ha costado la persecución de los «historiadores» escorados al liberalismo radical o izquierdista, cuestión que Payne ventila con estoicismo. Sectarismo, por cierto, no monopolizado por la academia, sino animador de políticas contemporáneas como evidencia el Ejecutivo español, al que Payne no ahorra críticas.
El autor –advierte– se adscribe políticamente a la democracia conservadora o «derechista». Lo cual pudiera llamar la atención al lector, pero explica que su opinión de Franco estriba en su capacidad de suprimir las tensiones internas y sentar las bases de la instauración del régimen liberal que sobrevino a su muerte. Sus equilibrios en política internacional y el impulso del desarrollo económico a partir de finales de la década de los cincuenta, cooperaron a instaurar unas condiciones de estabilización, llegada –dice Payne– tras el período tan convulso de la República y la Guerra.
Sobre esto último, conviene citar la caracterización religiosa que el autor realiza sobre los acontecimientos nacidos a partir del 18 de julio de 1936. Subraya Payne que, aunque él no es católico, resulta innegable que el conflicto fue una «guerra de religión». Tesis que el tradicionalismo político ha subrayado de acuerdo con las directivas pastorales y pontificias del momento. Enfoque, por cierto, en el que el falangismo, por su raíz liberal, no fue capaz de trascender la weltanschauung nacionalista. Sin embargo, Payne lo advierte desde el análisis historiográfico de los hechos, cuya naturaleza religiosa (o irreligiosa) posee tal entidad, que es perceptible incluso sin la iluminación de la fe. Se trata, pues, de la concepción hispánica, tradicional y católica frente a los intentos de modernización o europeización que, como dijo Rafael Gambra, en los años treinta constituían la actualización del viejo enemigo liberal, que volvía a las andadas. Esta naturaleza de Cruzada, asentada en las fuerzas espirituales más profundas del pueblo español, pudo ser ajena al golpe militar, en el que Franco se encuadraba, pero su impulso fue tal que nada obsta a que pueda hablarse, al modo de Bernanos, de «la cruzada de los generales ateos». Sin contradicción.
Sea como fuere, el enfoque de Payne apunta a la complejidad de los hechos, no siendo asimilable el golpe, la guerra y el régimen posterior. Frente a este análisis, se encuentran las grandes «síntesis» maniqueas derivadas del sectarismo que encubre el revanchismo, por un lado, y el camuflaje de siniestros crímenes, por otro. El proceso de reconstrucción posterior opera entre los focos de la compleja situación pendiente de abordar tras la guerra, y las hipotecas infelices que se asumieron para ello, pero ese es otro tema.
Con mis diferencias, que por obvias no han de exponerse, el artículo de Varadarajan sobre la investigación de Payne aporta no pocas luces de interés, especialmente cuando son arrojadas desde un panorama tan ajeno como el norteamericano.
Miguel Quesada/Círculo Cultural Francisco Elías de Tejada
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