Tras tener noticia de que en un local del centro de la ciudad de Valencia estaba programado un acto abiertamente dirigido a agraviar a N. S. Jesucristo, en forma de un siniestro espectáculo satanista cuyos organizadores se habían atrevido a llamar «artístico», el Jefe regional de la Comunión Tradicionalista, D. Jesús Ferrando, no dudó en tocar a rebato para oponerse a tan macabro evento. Éste había sido promocionado a través de varios medios de prensa digital, tanto local como nacional, y en redes sociales. No fue casual la elección de la fecha, en plena Semana Santa, para llevar a cabo el urdido esperpento. Se anunció como un espectáculo de música, baile burlesque y performance, siendo una supuesta «Misa negra» el reclamo principal del mismo.

A pesar del poco tiempo con que conocimos la noticia y, por tanto, del escaso margen de maniobra, los carlistas valencianos de ambos Círculos logramos convocar en la misma tarde de ayer, miércoles santo, un acto de protesta y desagravio en las puertas del local donde iba a llevarse a cabo, congregando, en diferentes momentos de la tarde, a cerca de cuarenta correligionarios y simpatizantes.
Además del rezo de los misterios dolorosos del santo Rosario y de diversas oraciones de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, varios correligionarios pudieron hablar con el dueño del negocio, 16 toneladas, expresándole y fundamentando su repulsa. Cabe destacar que no se apeló a los manidos «sentimientos religiosos», invocados en cambio en el comunicado oficial evacuado por la diócesis, sino al sumo honor debido a Dios y a la única religión verdadera. Finalizadas las oraciones, se escucharon en voz alta y clara los gritos de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Unidad Católica de España! y ¡Muera la libertad religiosa!
El responsable del negocio manifestó que no tenía voluntad de crispar ánimos ni generar controversias, y que desconocía y desaprobaba el modo en que se había publicitado el evento. Por lo que, pasadas las siete de la tarde, los asistentes comenzaron a ser desalojados y se aseguró a los presentes que se cancelaría el acto. En todo caso, a pesar de que confiamos en la palabra dada, permanecimos en los alrededores del local por si hubiese sido necesaria nuestra intervención física para impedir un posible sacrilegio.
Es cierto que este tipo de actos grotescos, abierta y jactanciosamente anticristianos y demoníacos, no deben hacernos olvidar que —como explicó magistralmente Marcel de la Bigne de Villeneuve— Satanás está en la ciudad. El liberalismo y la democracia moderna, que no son sino la puesta en plural del pecado original, la rebelión contra Dios como fundamento de toda potestad, han destronado a Cristo y han diseñado un entramado institucional que está permanentemente al servicio de la perdición de las almas. En las instituciones modernas, en las «leyes» inicuas, en la avidez de lucro que lleva a comerciar con cualquier cosa, en la corrupción mental y moral de los niños, en el asesinato masivo de inocentes, en el desarraigo inducido en una masa de individuos desprovistos de vínculos y despojados de las sanas costumbres de sus mayores… En un mundo, en fin, sin Tradición, erigido bajo el signo del non serviam, en que se pasea y habita cómodamente Satanás y donde se hace su voluntad, en contra siempre de la voluntad divina.
También sabemos que algunos de los actos que se promocionan como «satanistas» en realidad no son stricto sensu «satánicos» [1]: si éstos serían propiamente actos de «culto y adoración» al príncipe de este Mundo, aquéllos se conciben fundamentalmente como una provocación de contenido performativo o «teatral». Sin embargo, nada ello quita un ápice de gravedad al intento de normalizar la presencia explícita del Mal y del Malo mismo en la vida individual y colectiva, ni la pretensión de hacer pasar como cultural (cultura, por cierto, viene de culto) lo que no es sino una gravísima injuria a Dios y un escarnio hacia su obra redentora, con la que venció definitivamente al averno, nos conquistó la vida eterna y reconquistó este mundo, arrancándolo de las garras del Maligno. Además, ese satanismo performativo, esencialmente ateo, no deja de ser profundamente perverso, con su exaltación de la autodeterminación irrestricta y su deificación del hombre.
En su modestia, este sencillo acto capitaneado por el Carlismo valenciano mostró la solidaridad indisociable entre oración y acción, gracia y naturaleza, orden natural y sobrenatural. Que aún quedan católicos con voluntad de vencer, dispuestos a dar el buen combate por su Rey Divino. Y que la impugnación más eficaz al caos posmoderno, esencialmente luciferino, se encuentra en la doctrina católica de siempre, en el rechazo neto del liberalismo y sus libertades de perdición, y no en patéticos remedos: «laicidades positivas», derechos humanos y similares milongas.
Damos gracias al buen Dios por esta humilde pero importante victoria, concedida precisamente el día que se cumplían LXXXVII años de la Victoria en la Cruzada de 1936, y en los umbrales mismos del triduo santo. Sea todo a mayor gloria y alabanza de Su Santo Nombre.
Círculo Carlista Abanderado de la Tradición – Nuestra Señora de los Desamparados y Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta (Valencia)
[1] Podríamos, a grandes rasgos, distinguir dos grandes grupos de «satanismos», que suelen llevar a confusión, pues al leer o escuchar la palabra, se tiende a pensar automáticamente en el primero de estos dos tipos que vamos a describir. Para hacer una crítica certera conviene señalar al enemigo y sus ropajes.
Por un lado, existe el satanismo más antiguo y clásico: oscuro, ritualista, grotesco y sacrílego, tiene una dimensión «teológica» revertida de devoción al mal. Éste presenta a la misa negra (entre otros rituales extremos) como una inversión real de la liturgia católica, con profanación de lo sagrado. Este tipo de satanismo, si se practica, suele llevarse en secreto. Ha aparecido representado en el cine y literatura, de modo que entra directamente en el imaginario colectivo. Sin embargo, por otro lado, lo más extendido hoy es el satanismo llamado “laveyano”, ingeniado por el judío Anton LaVey: es simbólico, ateo y teatral –o performativo, según terminología empleada–. Utiliza la estética satánica oscura como psicodrama y provocación cultural, sin creer en el diablo ni en la sacralidad de los ritos cristianos. Se sostiene por una filosofía atea, materialista e individualista radical; y si nos olvidamos de la estética, tienen en común aspectos con autores libertarios tales como Ayn Rand. La figura de Satán es empleada como símbolo de libertad, empoderamiento y rebeldía, y especialmente contra la religión católica. En este contexto, la «misa negra» aparece más bien como una mofa o teatro jocoso, una performance de mal gusto despojada de toda sacralidad, recta o invertida.
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