Bolivia: presentan los resultados de una investigación que devela matices del régimen militar de Luis García Meza

el advenimiento del general García Meza no puede entenderse de forma aislada, sino como la consecuencia directa del vacío institucional y la parálisis a la que el sistema parlamentario liberal había conducido al Estado boliviano

Henry Pablo Ríos Alborta y Luis Christian Rivas Salazar

La historia contemporánea de Hispanoamérica sufre a menudo el rigor de una memoria selectiva. Los mismos sectores que hoy guardan un cómplice silencio ante el totalitarismo democrático del continente, suelen edificar mitologías inquebrantables sobre los episodios del pasado que no favorecieron a sus militantes subversivos. En este contexto de necesaria revisión, la Feria Internacional del Libro (FIL) de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia albergó este domingo, 31 de mayo, la presentación de la obra Dichos y hechos del general García Meza: historia no contada de la dictadura, un revelador trabajo de investigación histórica fruto de las pesquisas de Henry Pablo Ríos Alborta.

El volumen no pretende ser una ingenua apología castrense ni una defensa incondicional de los excesos de un régimen que estuvo lejos de encarnar las virtudes del orden tradicional cristiano. Por el contrario, se presenta como un ejercicio de revisionismo documental que rasga el velo de la propaganda marxista para examinar sin partidismos la compleja realidad de los años 1980 y 1981 en el corazón de Sudamérica.

El colapso de la partidocracia liberal

La investigación demuestra que el advenimiento del general García Meza no puede entenderse de forma aislada, sino como la consecuencia directa del vacío institucional y la parálisis a la que el sistema parlamentario liberal había conducido al Estado boliviano. En el año 1980, el país se encontraba sumida en la ingobernabilidad: en las elecciones presidenciales, ningún candidato obtuvo la mayoría necesaria. Ante la crisis, los parlamentarios se negaban a sesionar lo suficiente, sumiendo las funciones del Estado en la penumbra y abriendo las puertas a una inminente anarquía revolucionaria.

Si bien el levantamiento militar en julio de aquel año careció de la profundidad espiritual o doctrinal del tradicionalismo, constituyó un crudo freno a ese caos. El análisis expuesto en la FIL matizó que, más allá de los tópicos ideológicos, el gobierno de García Meza respondió en realidad a la vieja estirpe del caudillismo boliviano: en palabras de Ríos, un gobierno «al estilo de Mariano Melgarejo o Germán Busch»; regímenes en los que, literalmente, el presidente ejercía el poder con el revólver pegado al cinto.

La red de apoyos civiles y el éxito de gestión

El principal mérito del libro de Ríos, elaborado tras mantener más de una veintena de reuniones directas con el general en prisión, radica en desarmar el mito del aislamiento civil del régimen. La izquierda ha intentado presentar aquel periodo como un páramo intelectual sostenido únicamente por las bayonetas, pero la documentación demuestra que importantes sectores de la intelectualidad, la diplomacia y el empresariado cerraron filas en torno al gobierno a través de la Comisión Nacional de Asesoramiento y Legislación.

El comentarista Luis Rivas destacó en el evento que a esta organización la conformaron hombres de las finanzas como Fernando Bedoya Ballivián (patriarca del Banco Nacional de Bolivia), o tecnócratas como Ronald MacLean y Guillermo Fortún. Además, entre los secundadores del régimen figuraron personalidades tan diversas como el nacionalista Augusto Céspedes —quien fungió como embajador de aquel Gobierno ante la Unesco— o el escritor Fernando Díez de Medina —antiguo asesor del gral. René Barrientos—. Esta heterogénea amalgama de respaldos evidencia que la reacción civil buscaba, un principio de autoridad frente al desorden de las izquierdas radicales.

Las fisuras del relato oficial

El dato más contundente de la investigación proviene del propio seno del aparato judicial que procesó al régimen. El libro destaca que Carlos Böhrt, principal impulsor del juicio de responsabilidades al gral. García Meza, admitió la ausencia de pruebas que vinculasen de forma directa al militar con el narcotráfico. Böhrt afirmó acerca de dicha acusación: «No fue parte del juicio porque tampoco habían pruebas fehacientes sobre esto».

Finalmente, en la presentación de la investigación, Ríos desmitificó la narrativa de una «caída humillante» provocada por revueltas populares. El fin del régimen en agosto de 1981 obedeció a un calculado repliegue militar que se originó en Trinidad y concluyó con los pronunciamientos de Lucio Áñez y Alberto Natusch en Santa Cruz de la Sierra. La renuncia del general García Meza se produjo para evitar una guerra civil entre las propias Fuerzas Armadas, en una decisión histórica que emula la prudencia política que en los años 30 mostró el presidente Tejada Sorzano al ser depuesto por David Toro.

Una reflexión necesaria

Cerca del final del prólogo al libro, figuran las siguientes palabras del autor: «En un país donde casi la mitad de sus presidentes han sido de facto, es García Meza el único que ha sido castigado: procesado y condenado, a la máxima pena que establece la Ley boliviana». Por consiguiente, esta obra invita a plantearse algunas preguntas serias y muy profundas: ¿fue el régimen militar de Luis García Meza en Bolivia tan oscuro como lo pintan la prensa y la historiografía contemporánea? ¿Fue el gobierno militar más cruel de todos en la 2.ª mitad del siglo XX? ¿Por qué no se castigó con igual rigor a los jefes y colaboradores de los demás regímenes militares? ¿No será que ellos sí tuvieron contactos y vínculos corruptos que les permitieron escapar de la justicia, y que cometieron crímenes mucho más crueles y conscientes, mientras que García Meza pecó de ingenuo ante la enorme red de ratas demoliberales que buscaban un chivo expiatorio?

Agencia FARO, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista.

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