El itinerario espiritual de la emperatriz Zita

Imagen del libro "Zita. Retrato íntimo de una emperatriz"

Ediciones Palabra publicó en 2014 la traducción al español de la obra del sacerdote francés Cyrille Debris, con el título, fiel traducción del original, Zita. Retrato íntimo de una emperatriz. No se trata, como él mismo indica, de una exhaustiva biografía de la emperatriz, sino de un acercamiento a su dimensión espiritual y religiosa. Las inspiradoras enseñanzas de este libro abarcan desde los aspectos más domésticos y familiares hasta los de índole más política.

No fueron pocas las tribulaciones y tormentos que Doña Zita tuvo que soportar en su longeva vida. El virus de los nacionalismos estaba carcomiendo los restos del Sacro Imperio, y desde el principio tuvo que soportar el desprecio de quienes la llamaban «la italiana». Su educación en los más rigurosos deberes de la monarquía la llevó a asumir importantes responsabilidades en el consejo al Emperador y en las misiones y gestiones que éste le encomendó. Deberes que mantuvo posteriormente, con una larga viudedad en diversos exilios, una vez que el liberalismo terminó de deshacer los restos del Imperio. Siempre en unos contextos intrincados y espinosos, lo que condicionó extraordinariamente el acierto de algunas decisiones. Pero su abandono confiado en la Divina Providencia, sus devociones «contrarrevolucionarias» –sobre todo al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María– y su firme sentido del deber suscitaron en ella infinidad de gracias.

Tres serían los hitos principales que marcan este itinerario. En primer lugar la decisiva importancia que tuvo en su vida, y también en la de su hermano el Rey Don Javier, el consejo y la predilección de la hermana María Hilaría Tonellier, mística francesa, de una importante familia legitimista y tradicionalista en cuyos principios perseveró. Y a continuar por la relevancia que el monasterio de Solesmes, en sus tiempos de más estricta observancia tradicional, tuvo como hogar espiritual tanto de la familia imperial como de la familia Borbón Parma. Su abuela, la reina consorte Adelaida, esposa de Don Miguel I de Portugal, profesó como monja en el monasterio de Santa Cecilia el 12 de junio de 1897, después de 30 años de viudedad. Más tarde se le unieron tres hermanas de Zita: Adelaida o madre María Benedicta (1885-1908-1959), Francisca o madre Escolástica (1890-1913-1978) y la madre María Antonia (1895-1919-1977). También vivían en él varias primas de la rama Löwenstein, hijas o nietas del hermano de la abuela monja de la emperatriz, quien ingresó también en los dominicos al enviudar. El 24 de mayo de 1926, lunes de Pentecostés, la emperatriz hizo su profesión como oblata del monasterio de San Pedro, tomando el nombre de hermana Zita Benedicta Francisca. Su profesión fue seguida de la de muchos miembros de su familia: su hermano el futuro Rey Don Javier profesó como oblato en 1931, y también lo hicieron su madre, la Duquesa María Antonia de Parma, sus hermanas Isabel y Enriqueta y su dama de compañía. Por último por la intercesión del Santísimo Cristo de Limpias durante su exilio español se aliviaron no pocas de las pruebas con las que tuvo que batallar.

Nos encontramos, por tanto, ante un importante trabajo, que nos puede inspirar relevantes enseñanzas sobre la necesidad de la vida de gracia, desde las fuentes de la Tradición, como coraza frente a las aflicciones temporales. Nisi Dominus ædificaverit domum, in vanum laboraverunt qui ædificant eam.

María Teresa Robles de Moya. Margaritas