La Cataluña de verdad

ACN

Lo que está ocurriendo en Cataluña los últimos años no es sencillo de explicar. Es difícil encontrar plumas que describan con certeza, que diagnostiquen con pulcritud, la profunda crisis en la que estamos inmersos y que desembocó en el proceso judicial al que ya asistimos como espectadores. El principal problema es que las raíces históricas «del proceso» hunden sus raíces en tiempos remotos. Los mismos independentistas enturbian aún más las aguas al querer apartarse de la etapa pujolista y del nacionalismo de derechas que gobernó Cataluña las últimas décadas. Y de fondo subyace una interpretación de la historia, una lectura del pasado, puesta al servicio de la ideología independentista. Ya lo hizo constar, en un clarividente artículo, Francisco Canals en el año 1961.

La lectura que de la historia hace Prat de la Riva, el padre del catalanismo, ya deja en claro que Cataluña es una Nación, y como Nación, merece un Estado (La nacionalitat catalana). La idea de caminar hacia un Estado independiente, a pesar de las dificultades pragmáticas, está en los orígenes mismos del catalanismo. Jordi Canal, en un ensayo muy interesante sobre la cuestión catalana, titulado Con permiso de Kafka analiza brillantemente los elementos que posibilitaron las condiciones para la fracasada proclamación de la República Catalana y la construcción de Cataluña: el control de la escuela, el uso de los medios de comunicación y la «funcionarización» que ha servido para crear redes, lealtades y fidelidades.

Los mimbres con los que se ha construido la «nueva Cataluña» son comunes a otras regiones españolas: una lengua y tradición común, leyes históricas, una historia particular… pero estos mimbres los encontramos también en Aragón, Valencia y otros muchos lugares sin que aparezcan reivindicaciones nacionalistas de relieve. Hacía falta una lluvia fina que calase en la sociedad y que hiciese posible la amalgama que ha dado lugar a la Cataluña independentista.

Los catalanistas han utilizado así, elementos propios de España, para hacer su propio relato que justifique sus reivindicaciones. Han prostituido, por decirlo suavemente, verdades que son muy importantes y que nos configuran, al servicio de sus propios intereses. Y esto es, para mí, una de las cuestiones más graves.

Aprendí, de la mano de Elías de Tejada, la importancia de la Tradición y en surgimiento de los pueblos, los pueblos son, primariamente, tradiciones y no naciones. Aprendí de Salvador Minguijón que esta Tradición da estabilidad a nuestras existencias, crea el arraigo, que engendra nobles y dulces sentimientos y sanas costumbres. Éstas cristalizan en saludables instituciones, las cuales, a su vez, conservan y afianzan las buenas costumbres. Y de Canals, que en todo este proceso ha tenido una importancia bárbara la utilización de los sentimientos: ese sentimentalismo zafio y chabacano, que deja a un lado la razón, para gritar con fuerza que no tienen argumentos.

¿Y qué se ha destruido por el camino? Para combatir el nacionalismo catalán, algunos proponen sustituirlo por el nacionalismo español y para ello, de nuevo, tienen que construir nuevamente la historia de una España que nunca fue nacionalista y que se debió a los intereses más altos que existían: los de la fe. Para combatir el nacionalismo catalán, proponen otros el europeísmo (esa Europa de sustitución que es anticristiana) que elimine nuestra verdadera Tradición (que es católica) y la difumine en la nada de Europa. Otros, para enrocar al nacionalismo catalán, pretenden eliminar todo sentimiento regionalista, que podría entenderse también, no como antiespañol, sino como constructor de lo que es la verdadera España: una nación de naciones y una monarquía de reinos.

Algunos han escrito bien sobre todos estos temas, termino recordándolos para que nuestros lectores puedan ir a abrevar a aguas frescas y claras y no sean confundidos en estos tiempos de zozobra y tempestad: Vázquez de Mella, Francisco Canals, Elías de Tejada, Alvaro D’Ors, Juan Vallet de Goytisolo, Miguel Ayuso…

P. Juan María Latorre, Círculo Sacerdotal Cura Santa Cruz