La conferencista respondió complacida, pero aprovechando esa lista de mujeres para justificar su ideología, asegurando que no se las conoce debido al machismo predominante en toda la historia, y que es ahora cuando toca darlas a conocer. Lo que no tomó en cuenta ella es lo siguiente: si se puede nombrar a esas mujeres, es porque a alguien —o a muchos, como bien sabemos— le interesó documentar su vida y obra, y ese afán de documentación y divulgación sostenido a lo largo de los siglos no puede deberse al «machismo», sino a que muchas injusticias contra la mujer son de época reciente, y que la Cristiandad —demolida por el liberalismo en los últimos siglos— elevó su dignidad a un grado sin precedentes, preocupándose de honrar a las mujeres.
El colmo de los colmos fue la respuesta a la pregunta de si el Comité Cívico Femenino contactó a organizaciones femeninas internacionales conservadoras, provida y profamilia para coordinar acciones frente al globalismo, el aborto, la ideología de género y la Agenda 2030: mencionó la ing. Toledo que el comité envió a la candidata venezolana María Corina Machado una carta de felicitación por su victoria electoral. En otras palabras, dio vueltas en su respuesta por no saber decir un simple «no». Es más, probablemente casi ninguna de las mujeres que conforman el Comité Cívico Femenino esté consciente de lo que verdaderamente representa la agenda internacional antifamilia y la urgencia de combatir todos esos males. Sea como fuere, concedámosle mérito a la respuesta de la disertante, pues a confesión de parte, relevo de pruebas: una filomasona, filosodomita y abortista como Machado, apoyada por un comité que se presenta como institución beneficiosa a las mujeres. ¿No es esto digno de indignación?
Resumiendo, la ing. Toledo manejó en su conferencia el típico discurso feminista ornamentado con vocabulario florido, propio de instituciones hegemónicas: derechos, género, construcción social, sororidad, machismo… Lo curioso es que aseguró que ella no cree en el feminismo ni se ve representada por una «feminazi». En realidad, no será feminista radical, pero sí conservadora.
Así, nos atrevemos a señalar que aquella forma de pensar —no propio de la ing. Toledo sino de bastantes mujeres y varones que participan de la sociedad civil regional— es un feminismo conservador cruceño, que de manera tímida y dubitativa fomenta la maternidad y la familia, pero que a su vez asume principios revolucionarios propios del globalismo. Este feminismo se presenta como no feminismo, pero lo es aunque niegue su condición porque, como dice el dicho boliviano, se trata de la misma chola con otra pollera; o adaptando el dicho al estilo camba: «La misma cunumi con otro tipoy».
Esta conferencia evidencia por enésima vez que el conservadurismo conserva la Revolución, por más que a muchos cruceños les guste pensar lo contrario. En el oriente boliviano, existe cierto orgullo por las instituciones regionalistas en tanto y en cuanto no se dejaron secuestrar plenamente por la ideología del Movimiento Al Socialismo (MAS) u otras modas aparentemente exitosas en el occidente andino boliviano: el marxismo, el indigenismo, el feminismo, el movimiento LGBT… Sin embargo, hay una bomba de tiempo, pues si no se sacuden de la mentalidad hegeliana según la cual «todo cambia», los cruceños están condenados a volverse igual de progres que los paceños: pronto dejarán de ser cambas cristianos, conservadores, hispanistas, provida y profamilia, para ser todo lo que muchos collas abrazaron con entusiasmo.
Mientras el movimiento político femenino regionalista cruceño —o cruceñismo femenino, para ponerlo en términos simples— no conciba a la mujer como se la concebía clásicamente, no va a anclarse en la verdad, sino en el error. Resaltar la verdadera dignidad de la mujer, su maternidad, sus virtudes propias, la conveniencia de su rol doméstico… eso es lo que hace falta hacer para restaurar, no ya el Reinado Social de Cristo todavía (que es lo deseable), sino mínimamente, el orden natural.
La mujer cruceña vive rodeada por varones que la exaltan como señorita de concurso de belleza o reina del carnaval, eventos paganoides, que lo único que hacen es mellar su dignidad como persona. Y el movimiento cívico femenino cruceño parece no tener ningún problema con la exhibición de carnes hembras ni con el inmanentismo, lo cual implica revolcarse en la porquería de la mundanidad. En otras palabras, no cuestiona lo suficiente a la Revolución Sexual.
Ahora bien, en el orden eclesiástico, hay mucho más por hacer todavía. Resulta que los ministros de la Iglesia no ejercen su oficio doctrinal en grado suficiente, exhortando a las mujeres a ser mujeres y a los varones a ser varones. En nuestra era del desastre posconciliar y el posdesastre sinodal, vemos aberraciones frecuentes: comunicados episcopales y parroquiales que enseñan las «políticas del cuidado»; masificación de las doñitas sacristanas, monitoras y ministras de comunión; aceptación del discurso feminista que «lucha» por «los derechos de la mujer» permanentemente (tal como pide la Revolución permanente de Trotsky)… todas esas acciones reflejan la triste situación en que se encuentra la jerarquía eclesiástica boliviana. Los sacerdotes en Santa Cruz no están hablando lo suficiente contra los anticonceptivos, por ejemplo: es común en los feligreses católicos no tener problema con el uso del condón, la píldora, la T de cobre y de más artefactos contra natura. ¡¿Tanto que aman a su «san» Pablo VI y no tienen ni idea de la existencia de Humanae Vitae?!
Pero la cosa no termina ahí: también se desalienta la formación de familias numerosas. De vez en cuando, es posible encontrar a algún clérigo que se asusta al ver mujeres con más de 3 hijos y les pide «detener la fábrica», como si fuera pecado engendrar potenciales ciudadanos del cielo y conformar familias católicas. Mundo al revés: tener muchos hijos es malo; tener pocos o ninguno, algo bueno y «empoderador».
Mientras las autoridades civiles y eclesiásticas cruceñas no suelten la aberrante narrativa feminista, no vamos a progresar como sociedad. Necesitamos más filosofía, menos sofística; más verdad, menos ideología; más orden natural, menos desorden antinatural; más sociedad orgánica, menos disociedad artificial; más celo por la Verdad, menos ingeniería social.
Lucas Salvatierra, Círculo Tradicionalista San Juan Bautista.
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