Fe ciega

nuestra patria es ahora un espectáculo de esa naturaleza: terrorífico para nosotros y divertido para nuestros enemigos

Así dice el Señor: «No imitéis las costumbres de los gentiles, ni temáis las señales del cielo, de las cuales tienen miedo los gentiles». Jeremías 10,2

Uno de los logros más indiscutibles de la culminación de la revolución anticristiana en España, que tiene su apogeo en el actual régimen democrático, es la fe y adhesión ciegas que ha logrado suscitar entre sus adeptos, incluidos los que más sufren las consecuencias de este sistema demoníaco.

Aun reconociendo la corrupción de los dirigentes del gobierno visible, y, aunque dicha corrupción, como es natural en una sociedad impregnada de materialismo, se circunscriba al latrocinio y el nepotismo, los gobernados se sujetan dócilmente, y con una sumisión admirable, a cualquier decreto, imposición o acaso sugerencia que emane de la cúpula gobernante. Para Dios nada hay imposible pero, para nuestra democracia, todo lo malo es posible. La democracia parece tener incluso el poder de quebrantar las leyes naturales para que cualquier calamidad que parecía imposible, se materialice, y además sea percibida por los damnificados como una bendición. En verdad que es cosa admirable esta fe ciega en un sistema que no ha traído más que desgracias y muerte para las almas, y también anuncia la muerte del cuerpo una vez agotada la añagaza del «estado del bienestar».  

El último episodio de esa sumisión colectiva ha sido el seguimiento masivo al evento astronómico del eclipse que ha sido posible avistar en España el pasado día 12 de agosto. No parece que la astronomía sea el pasatiempo favorito de los españoles, pero el llamamiento a contemplarlo ha surtido un efecto desorbitado. Hay que reconocer que el éxito de esta convocatoria se justifica por el creciente interés en doctrinas esotéricas de la nueva era, cábala, etc. Muchos de estos profetas y magos buscan sancionar sus predicciones sobre el advenimiento de un nuevo tiempo, del despertar de la conciencia, etc., con estos fenómenos astronómicos. Los gobernantes ilegítimos e inicuos, cuyo poder no viene de Dios, también buscan legitimarse con este tipo de supercherías (cambio climático, temor a enfermedades, etc.) para mantener a la masa obediente y brindarles su protección. Por su parte, el pueblo, ayuno de la verdadera doctrina salvífica, busca refugio en esta nueva redención operada por los dos tipos de estafadores y usurpadores mencionados: el poder político ilegítimo y la nueva casta sacerdotal de seudocientíficos y magos. De esta forma se produce un alineamiento entre estos tres elementos, como es necesario el alineamiento del sol, la luna y la tierra para producir el eclipse. 

Los ciegos que son guías de ciegos caen en la fosa. Pero, incluso si un ciego desorientado guía a otros ciegos podría aleatoriamente dar con el camino correcto, como un reloj parado acierta con la hora al menos dos veces al día. El problema es que a toda esta recua de ciegos los guían otros poderes «clarividentes» que tienen decidida intención de llevarlos al abismo. 

La España actual es conducida a la sima de la mano de sus más encarnizados enemigos y se fía de los milagrosos remedios que éstos les brindan. Hace unos años, la «vacuna-viático» se regalaba y promocionaba como un supuesto antídoto, alumbrado por las mismas mentes perversas que idearon la corona flagelo del ser humano. Ahora se regalan gafas taumatúrgicas que nos dotan de invulnerabilidad ante el fulgor de la corona solar, cual Sigfrido bañado en la sangre del dragón. Pero, ¿y si esa protección no fuera más que una fantasía que provocase el mismo mal del que intenta salvar? ¿Teoría de la conspiración?

Hace casi dos años, el Mossad perpetró una gran operación terrorista que dejó miles de muertos, mutilados y ciegos  en Líbano. El objetivo no era la lucha contra el movimiento de resistencia Hezbollah, sino algo más siniestro. En una entrevista concedida a la CBS dos agentes del Mossad explicaron cómo pudieron engañar a Hezbollah para comprar unos buscapersonas manipulados, interfiriendo la cadena de suministro –sin levantar en esa organización una sospecha que llevase a «Israel»– creando una red de empresas fantasmas: «Creamos un mundo ficticio. Somos una productora global: escribimos el guion, somos los directores, los productores y los actores principales. Y el mundo es nuestro escenario». Asimismo, confesaron el verdadero y macabro propósito de tan artero plan: «El objetivo del plan de los walkie-talkies y los buscapersonas no era matar gente. Si está muerto, pues muerto, pero si está herido, hay que llevarlo al hospital y atenderlo. Hay que invertir dinero y esfuerzo. Y esas personas sin manos ni ojos son la prueba viviente, caminando por el Líbano, de que «con nosotros no se juega»».

Hace unos meses, un siniestro circo promocionado como «Circo encantado»,  recorría los pueblos de España con el lema «un espectáculo terroríficamente divertido». Y a fe que nuestra patria es ahora un espectáculo de esa naturaleza: terrorífico para nosotros y divertido para nuestros enemigos.

José María Morcillo, Círculo Tradicionalista Enrique Gil Robles

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