Los apoyos sociales del candidato Pedro Castillo

El candidato Pedro Castillo Terrones. AFP, Gian Masco

En un artículo anterior hablamos de la trayectoria vital y política de Pedro Castillo. Hoy corresponde escribir sobre los sectores que lo apoyan.

De entrada, el primero que se puede mencionar es el sector popular, rural y golpeado, que se sentía parcialmente olvidado por candidatos populistas. 

El mensaje de Castillo es radical y ortodoxo en lo social, pero no es tradicional. Sólo recurre a lo conservador del marxismo primigenio, y a pesar de los descubrimientos acerca de sus posiciones ideológicas, ha logrado depurar su mensaje para las masas.

En una suerte de cuasi comedia absurda, los grupos que se enfrentaron al terrorismo marxista en los noventa, son ahora los mismos, que, en definitiva, están apoyando a Castillo por un descontento mal dirigido hacia Lima. Los ronderos del VRAEM (ubicados en la zona en la cual siguen militarmente activas las ruinas de «Sendero Luminoso») desmienten algún rol de Castillo durante la época del terrorismo en aquellos grupos. Otros ronderos han pedido a Castillo que deslinde sus conexiones con cualquier grupo terrorista. Éstos últimos serían los más traicionados si el movimiento «Perú Libre» llega al poder, porque viendo la conexión del candidato con Cerrón es muy difícil que ese deslindamiento suceda.

Otro gran sector que apoya a Castillo es el sindical, que muy controlado por los tentáculos marxistas, es el más obsecuente con el candidato, y por lo tanto el más leal a él, o mejor dicho, a lo que creen que es él; ya que, y volvemos a repetir por su importancia: el verdadero ideólogo de Castillo es Cerrón, quien siempre habló con total y paternal confianza con el Che Guevara y con Hugo Chávez.

Los dos últimos sectores son insólitos y salidos del pragmatismo.

Uno de ellos es el partido de izquierda progresista, llamado «Juntos por el Perú», liderado por una socialista «soft» más cercana al socialismo democrático primermundista. Los miembros de este partido creen que Castillo y su movimiento será pronto apaciguado por ellos.

El último grupo es el de los resentidos con Fujimori. Esta corriente, a pesar de minimizarse más y más viendo los antecedentes de «Perú Libre», sigue con su mantra contra los fujimoristas por rencores personales.

En conclusión, la lección que quiere transmitir este artículo junto con el anterior publicado ayer, es demostrar cómo el electoralismo falla y lentamente destruye instituciones, y usa a gente del pueblo como títeres en una lucha eterna de ambiciones, porque las luchas partidistas sólo responden a visiones  utilitarias de la población.

Maximiliano Jacobo de la Cruz, Círculo Blas de Ostolaza