Compartimos con los lectores de La Esperanza las notas de un discurso del Mayor Douglas dado el 26 de Julio de 1936 en el curso de estudio de Crédito Social para Conservadores, en el Bonar Law College, Ashridge, Inglaterra («The Fig Tree», nº 2, Septiembre de 1936, págs. 23-27).
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Hay al menos dos razones para este especial placer que se me brinda por la oportunidad de dirigirme a ustedes.
Quizás la menor de éstas sea el que yo soy –en la extremadamente pequeña medida en que se pueda decir que yo tenga algún partido político– un Conservador. En mi opinión es éste un país conservador, aunque ha estado gobernado durante muchos años –y lo está– por políticas Whig. Si pudiese hacer siquiera un poco por despertarles a ustedes una consciencia de lo que quiero decir con esto, estaría especialmente satisfecho.
Y la segunda razón es que esta institución constituye un memorial al probablemente único Primer Ministro que hemos tenido en este país en muchos años que diera alguna prueba pública de competencia o entendimiento de los problemas con los que Gran Bretaña y el mundo se enfrentan. Fue una desgracia –cuya medida es difícil de estimar– que se le impidiera servirnos por más tiempo. Podríamos estar en una muy diferente situación hoy si el Sr. Bonar Law hubiese sido Primer Ministro durante los últimos 15 años.
Se darán cuenta ustedes por lo que acabo de decir que, lejos de venir a ustedes como un propagandista de doctrinas subversivas (idea que los financieros son los más ansiosos en transmitir), yo les estoy pidiendo –al menos en mi opinión– que consideren si la opinión conservadora en este país no ha sido, con todo, traicionada en el apoyo de políticas que son tradicionalmente extrañas a ella y a la inmensa mayoría de nosotros, y que la genuina opinión conservadora las repudiaría si fuese consciente de sus verdaderas implicaciones.
Hace un minuto o así dije que la política de este país era, y es, una política Whig. Ahora bien, me gustaría que ustedes colocaran esta declaración al lado de la acusación, que es universal en el Continente, en relación a la política tanto de Gran Bretaña como de los Estados Unidos, de que ésta es hipócrita. Porque la nota clave de la política Whig –que es predominantemente una política basada sobre la finanza ortodoxa– es la hipocresía: la justificación, sobre un cierto fundamento pretendidamente moral, de políticas que, no sólo son de hecho estrechamente egoístas, sino pragmáticamente desastrosas.
Me gustaría enfatizar en seguida que el Crédito Social no es un plan artificialmente confeccionado, ya sea por mí mismo o por cualquier otro. Esto es exactamente sobre lo que sus oponentes desean discutir. Si bien estoy satisfecho de que las propuestas técnicas que han sido asociadas con él son razonablemente sanas (y debo añadir que esta convicción solamente se ha venido fortaleciendo dado el completo fracaso de sus oponentes –tanto aquí como en cualquiera otra parte– en establecer sus críticas), su idea fundamental constituye simplemente la antítesis del Whiggismo, a saber, que lo primero esencial para una sociedad estable, pacífica y exitosa, es alcanzar la verdad y presentar –no desfigurar– la verdad a todos los interesados. «El crédito es la substancia de cosas que se esperan, la prueba de cosas que no se ven», y ninguna sociedad estable puede aguantar sobre pruebas falsas.
(Continuará)
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