En 2023 se difundió la noticia, recogida en La Esperanza, de que el FBI había estado controlando los lugares de culto de la Misa Tradicional con la excusa de que «el interés cada vez mayor de los extremistas violentos por motivos raciales o étnicos (RMVE) en la ideología católica tradicionalista radical (RTC) presenta casi con certeza nuevas oportunidades para la mitigación de amenazas …». En el contexto europeo, con una Unión Europea entregada a la tarea de extinguir la fe católica con la excusa de la tolerancia hacia otras minorías y la eliminación de delitos de odio, podemos suponer que algo no muy diferente ocurre. Además, en Europa ya se han desplegado operaciones bajo el paraguas atlantista, como la red Gladio, para justificar el espionaje con la excusa de amenazas creadas por el mismo poder sinárquico.
Por otra parte, la misa tradicional ha sido instrumentalizada desde la propia Iglesia conciliar con el único objeto de volver a atraer a fieles que se habían desviado hacia la HSSPX e inocular la falsa doctrina modernista con la parafernalia tradicional. Además, ante el agotamiento de los caladeros de votantes, el Régimen del 78 ha desplegado una operación para intentar atrapar con embelecos a católicos que todavía piensan que fuera de la democracia no hay salvación, pero que atraviesan una pequeña crisis de fe constitucional y por eso se han acercado a la Misa tradicional.

En este periódico se ha tratado ampliamente la cuestión del posibilismo y la forma de distinguir a un verdadero carlista y, es por eso que, llama la atención el descaro con el que personajes sistémicos y escarnecedores de la fe católica como el ultraliberal Jiménez Losantos se entregan ahora a la prestidigitación y ponen en escena una entrevista soliloquio con la presencia cohonestadora de curas que fungen de tradicionalistas pero que callan cuando el gran maestre liberal proclama que «…la Constitución de Cádiz comienza con un “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
El momento político actual recuerda al de la época de los sucesos de Montejurra, dado que se trata de un régimen, entonces el franquista y hoy su continuidad en el del 78, al que se da por expirado y que genera expectativas de cambio, pero cuyo decurso no es precisamente conducir a un cambio sino perpetuar el mismo estado de cosas por otros medios. Los cambios del postfranquismo eran preconizados desde posturas izquierdistas mientras que los profetas de la nueva era democrática lo hacen desde planteamientos derechistas «patrióticos», «antiglobalistas», muchas veces inspirados en un renacimiento de las ideas conservadoras al abrigo del MAGA y otros movimientos patrocinados por el sionismo. Los que usurpan hoy en día los símbolos carlistas no son apóstatas marxistizantes sino movimientos surgidos de ese entorno neocón y tutelados espiritualmente por quienes ven en la misa tradicional indultada un medio de llevar al redil conciliar a católicos perplejos que buscan refugio en la Tradición. Políticamente, esa tentación del demonio posibilista no busca sino reintegrar a desengañados del actual régimen al redil democrático, pero por un camino no directo a Vox, lo cual sería demasiado descarado, sino circunvalando momentáneamente esa opción.
Desde Montejurra 76 se ha propalado que el carlismo es un movimiento ultraderechista, franquista y violento que usó mercenarios y sicarios del hampa internacional, simulando un enfrentamiento entre verdaderos carlistas y otros que simplemente se disfrazaban de carlistas. Ahora, se ponen en marcha operaciones contra la Comunión Tradicionalista y su secretaría política usando a «carlistas descontrolados», como antes surgían disparos de entre el neblinoso paisaje por parte de elementos emboscados «descontrolados» o demasiado «controlados». La coyuntura del anuncio de nuevas consagraciones por parte de la HSSPX seguramente será utilizada para intimidar a ese grupo de católicos que se alejan demasiado de la iglesia conciliar y de la democracia, alarmándolos con el fantasma del «extremismo», como antes se usaron fotografías y relatos distorsionados para motejar de peligrosos terroristas y matones homicidas a los seguidores de Don Sixto.
El atrevimiento del demonio fue tal que llegó a tentar a Dios mismo aprovechándose de su naturaleza encarnada. Y el descaro de estos demonios liberales no desmerece al de su jefe, puesto que hasta son capaces de calarse una boina roja y enarbolar un estandarte con la cruz de Borgoña con tal de arrastrar tras de sí a la perdición política y al infierno a cuantas más almas.
José María Morcillo, Círculo Tradicionalista Enrique Gil Robles
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