¿Impuestos para el bien común?

Edificio Berlaymont. EFE

En lo que respecta a los impuestos, la gran mayoría de los teóricos coinciden en su necesidad a fin de procurar el bien común. Sin embargo, es fácil comprobar, que el pago de los mismos no siempre se destina al bien común de la sociedad, sino más bien a los fines de cada individuo. Y es que por más que se quiera negar, en la actualidad se destinan los impuestos para intereses exclusivamente individuales, sin llegar a importar la sociedad como tal. Cierto es que hay quienes trabajan más, y otros lo hacen en menor medida, mas no por ello podemos olvidar que muchas personas siguen en estados deplorables sin recibir subvención alguna si no es de una entidad caritativa.

Hace bien poco podíamos leer en un diario a nivel nacional la noticia: «Autonomía a golpe de clic para las mujeres rurales». En esta noticia se proclama la bondad de una mujer que había tomado la iniciativa de enseñar a personas del entorno rural a usar las nuevas tecnologías.

Hasta aquí todo correcto salvo cuando uno lee la información y se percata de que esta buena mujer había ayudado exclusivamente a las mujeres. En principio no hay inconveniente en ello, pues se trata de una fundación de carácter privado que puede ayudar a quien guste. Sin embargo, aquí nos alcanza la problemática planteada en el primer párrafo de este escrito: esa fundación ha recibido ayudas de la «ONU mujeres, la organización de las Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres». Entre las organizaciones que aportan dinero para esa noble causa está la Unión Europea, a la cual están aportando dinero con sus impuestos todos los nacionales de los estados que a ella pertenecen. Es decir, esta campaña se está financiando con dinero público.

Desafortunadamente somos testigos, día a día, de las maldades a que se somete a la sociedad, en virtud de la democracia y la libertad. Tanto liberales como comunistas están abocados al mal, unos por carencia y otros por exceso. Hay personas muriendo de hambre, gente sin trabajo, hospitales colapsados, cuerpos médicos pobres en recursos, bebés y ancianos siendo asesinados a sangre fría; pero no se alarmen señores, la autonomía y empoderamiento de las mujeres se da a través de la enseñanza tecnológica y de empresas que se jactan de despreocupadas.

Las instituciones de gobierno tienen un desempeño deplorable, más qué se puede pedir de una comunidad de imberbes crecidos por la ambición de poder y su mediatización. ¿Por qué hacer las cosas bien y gratis, pudiendo hacerlas mal y lucrarse de ello? ¿Por qué enseñar a todas las personas de entornos rurales que se hallan alejadas de Internet, pudiendo enseñar únicamente a un colectivo minoritario a hacerlo y quedar bien ante el ojo público? Gracias a la democracia y a sus representantes hemos sido llevados de la mano, y enseñados que la opinión pública implica la verdad. Queda mucho mejor hablar de mujeres de entorno rural en general.

Es decepcionante encontrarse con que es la mera apariencia la que interesa proteger, incluso pareciera que el fin del gobierno fuera quedar bien y no ser muy criticado. Triste es el sordo llanto de quienes buscan el Bien por encima de las demás cosas.

José Nicolás Caballero, Navarra