El anhelo de oscurecer el sol

En los últimos meses ha vuelto a saltar a los medios una noticia un tanto perturbadora. Parece ser que el empresario multimillonario Bill Gates lleva tiempo respaldando financieramente a científicos de la Universidad de Harvard en la investigación y desarrollo de una tecnología de oscurecimiento del sol: Experimento de Perturbación Controlada Estratosférica (SCoPEx), que potencialmente reflejaría la luz solar fuera de la atmósfera de la Tierra, provocando un efecto de enfriamiento global. Este proyecto de geoingeniería solar estaría justificado dentro del marco del calentamiento global que según algunos expertos se estaría produciendo y amenazaría con la vida en el planeta.

Ante estos hechos cabe observar en primer lugar cómo el mundo de la ciencia se ha desvinculado de la moral. En este experimento no hay planteamientos, ni dudas sobre si algo está bien o está mal, sobre si se trata de una manera lícita de obedecer el mandato divino de someter y dominar la tierra. La ciencia se exalta como mero instrumento útil al servicio de una idea fundamentada en una mentira (por ejemplo, el calentamiento global).

No es nada nuevo porque la ciencia se ha prestado a cosas peores y lo seguirá haciendo mientras haya dinero para subvencionarlo. Crear vida (siguen haciéndose experimento con embriones) y ahora controlar el sol. El hombre suplanta a Dios y decide dónde se pone el sol y dónde amanece, dónde crece la hierba y dónde muere. Quién cultivará y quién sembrará. En definitiva, dónde habrá vida y dónde muerte, dónde luz y dónde oscuridad.

Si el transhumanismo presupone la evolución autodirigida del hombre y favorecida por las nuevas tecnologías con pretensiones de cambiar el mundo para mejorar la condición humana, este otro experimento de geoingeniería solar se presenta como resultado de la evolución del mundo autodirigida por el mismo hombre que juega a ser dios sin medir consecuencias, ni efectos colaterales. Como tantas veces, las implicaciones negativas de estas acciones complejas no siempre están en la mente de aquellos que las ponen en práctica.

Belén Perfecto, Margaritas Hispánicas