Nabucodonosor, la hoz del Señor

el bando anglosionista lanzó el ataque sin declaración de guerra de ningún tipo

Detalle de la estación de metro «Sagrada Virgen María» inaugurada recientemente en Teherán, capital de Irán

La guerra que estalló esta semana entre «Israel», EE.UU. e Irán tiene poderosas reminiscencias esjatológicas. Las cuales, aunque no nos privamos de abordar, es mejor reservar a los teólogos. Y, si acaso, retomar en otra ocasión. Pero los contendientes están preñados, a un nivel ideológico, de esas referencias. En especial abundan en el bando anglosionista.

Para escapar lo mejor posible de esa ideología, que los medios y redes sociales nos colocan hoy hasta en la sopa, conviene poner en solfa algunos hechos.

Irán (Persia), régimen de más de 90 mill. de personas, por lo demás bastante moderno y homologable al Occidente revolucionario, es un país chií orientado por una autoridad religiosa de esta facción del Islam (el Consejo de Ayatolás). Los chiíes observan interpretaciones de este credo distintas, por ejemplo, al islam suní o wahabí; de estos últimos proceden ideológicamente célebres organizaciones terroristas, auspiciadas a la sombra de la CIA y del MOSSAD.

Por su divergencia interpretativa, Irán ampara de modo activo a diversas minorías sociológicas en el país que pertenecen credos distintos. Por ejemplo, varias confesiones cristianas tienen representantes por ley en su Parlamento, al margen de la representación electoral que obtengan.

Pese a la contención regional que sufre, posterior a 1948, es sin duda el único régimen en Oriente Próximo que, en su política exterior, aunque sea por accidente, brinda algún aliento y apoyo a los cristianos de la Tierra Santa. Y el único que ha tenido la admirable postura de plantar cara a la entidad sionista. Así, su alianza con las milicias del Líbano, donde los cristianos son populosos, o con la Palestina, donde antes lo eran más, en especial sus autoridades.

Como también debemos escapar de la propaganda de guerra, recordemos que el ataque de la entidad sionista contra Irán en junio (guerra de los Doce Días) se saldó con una victoria iraní. Las defensas antiaéreas de «Israel», apoyado por EE.UU., quedaron totalmente consumidas, frente al arsenal balístico de Irán, muy bien nutrido. También fueron cercenadas en gran medida sus vías económicas, y sufrió una desbandada de población destacable.

No está de más recordar que B. Netanyahu lanzó el ataque sorpresa la víspera al cierre de las negociaciones de aquel entonces entre EE.UU e Irán. Como, en esta ocasión, cuando el acuerdo final ya estaba sobre la mesa con la anuencia iraní, el bando anglosionista lanzó el ataque sin declaración de guerra de ningún tipo. Ésta es la palabra y el modo de negociación de viejos conocidos.

Recordaremos también cómo, hace apenas un par de meses, la parte anglosionista promovió revueltas en Irán, con elementos extraños y agentes de inteligencia sobre el terreno, para tratar de derrocar a su gobierno.

En definitiva, es clara la intención y la iniciativa al promover esta guerra potencialmente catastrófica también para el resto del mundo («Israel» es una potencia nuclear). Y vemos cómo no se ha dejado camino sano hasta llegar aquí.

No sabemos cómo acabará la guerra, hay mucha más carne en el asador que hace ocho meses. Pero es importante conocer cómo empieza.

Roberto Moreno, Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid

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