Hablamos anteriormente de algunas causas tras la invasión híbrida de Ceuta.
La Marcha Verde de 1975 estuvo jalonada por la bandera de EE.UU., que enarbolaban en primera fila los civiles que se arrojaron sobre las posiciones españolas en la provincia del Sáhara. Y, como en otras ocasiones, no se trató de un simple guiño simbólico por parte de Marruecos.
En estos años se han añadido confirmaciones a lo que se sabía desde hace tiempo: la CIA operó, por medio del anterior jefe de Estado, la rendición incomprensible del Sáhara. Del mismo modo que la diplomacia yanqui, una vez más, enjuagó y blanqueó las impresiones marroquíes.
No es una estrategia lejana ni abandonada. Este abril, una comisión de la Cámara de Representantes estadounidense, con la totalidad del voto de los republicanos de Trump (salvo Thomas Massie), designó en un informe a Ceuta y Melilla como «administradas por España» y «situadas en territorio marroquí». Y encomendó al Secretario de Estado la diplomacia con Marruecos para determinar su «futuro estatus».
Comprendemos mejor la amenazante afirmación de Trump la pasada semana: «España será un país arruinado». Igual que la consolidación estadounidense de Marruecos como socio militar estratégico en el Mediterráneo (Hora de Ruta mutua 2026-2036); o el apoyo a sus pretensiones sobre el Sáhara ocupado con la falaz autonomía marroquí (2020). Tampoco es una postura que pertenezca a una u otra administración norteamericana: es frecuente que EE.UU. al sultanato alauita, antes del Marruecos moderno, como el primero en reconocer su independencia, aunque esto no sea cierto.
Israel profundizó su apoyo a Marruecos, que se originó de décadas atrás, desde la incorporación alauita a los Acuerdos de Abraham en 2020. Como en el caso yanqui, no son casualidades que Netanyahu amenazase con que España «pagará un precio inmediato» (también el pasado abril); o que su mismo hijo, Yaír, desde hace años, ubique los territorios españoles en África como marroquíes; o que Marruecos fuera provisto con Pegasus, malware de inteligencia israelí, para ‘hackear’ dispositivos de más de 200 responsables del gobierno español y de altos funcionarios.
Israel, junto con EE.UU., ha armado concienzudamente a Marruecos, no sólo con su célebre cúpula de hierro (hoy, superada en Tel Aviv por la misilística iraní), sino buscando superar la ventaja aérea y marítima que aun mantiene España a nivel militar frente a la satrapía magrebí, a través de cazas y drones de última generación.
Además del odio especial de Israel contra España, es posible que su motivación resida en la posibilidad de que España pueda llegar a constituirse en un vector energético capital en el Mediterráneo, lo que interfiere con una orientación estratégica del Estado hebreo.
Los hipotéticos aliados de España son más amigos de nuestros enemigos. Hasta el partido parlamentario que más se las da de español, paradójicamente, está fundado por un interés yanqui e israelí.
A la luz de esta circunstancia, ¿qué es lo que pasó en Ceuta el 30 de julio?
Roberto Moreno, Círculo Antonio Molle Lazo de Madrid
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