Victoria absoluta

EFE

ETA ha sido vencida. Y con esta afirmación todos tranquilos. En democracia,  los votos blanquean hasta el alma más negra.

Los muertos no caminan por nuestras calles y el tiempo los sepulta en el olvido institucional. No dejan más que arbolitos plantados, conciertos de música acústica, o asociaciones de víctimas nutridas por el erario público.

Estimados señores: los concejales de ETA, sus diputados, sus alcaldes y varios presidentes, ocupan sus cargos gracias a sus asesinatos políticos, no a los votos. Gracias a la doblez de todos los presidentes de Gobierno en esta democracia cainita.

Es una victoria absoluta sobrevivir a las víctimas, que llenan 857 fosas. Victoria es pasear orgullosos entre camaradas, a cara descubierta. A mandíbula batiente, por las mismas calles que las viudas y los huérfanos. Es una victoria absoluta del separatismo liderar partidos y vivir del erario público, negociando los destinos de esta España moribunda.

¡Ya no asesinan! Han asesinado lo suficiente para asegurar su botín. Todos aquellos que participan en este macabro juego de la soberanía popular son colaboradores directos de los asesinatos políticos de ETA. Porque esa soberanía enaltece al asesino y al ladrón, al violador y al usurero: también son pueblo, son soberanos. ¿Por qué la corrupción en España es sistémica? Porque los corruptos son los soberanos.

La sangre de nuestros muertos no ha recibido ningún tipo de justicia. Algunos parientes de víctimas se han aprovechado de cargos en partidos de renombre nacional. Pero ni la primera gota de sangre ha sido resarcida por la justicia. Ni las fanfarrias de camposanto ni las lágrimas del hemiciclo hacen justicia.

Roberto Gómez Bastida, Círculo Tradicionalista de Baeza

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